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Un gasto desequilibrado

22 de julio de 2017 a las 12:20 a. m.
Un gasto desequilibrado

Las cuentas de la Municipalidad de Córdoba durante 2016 volvieron a mostrar un desequilibrio en cuanto a su resultado final y también respecto del destino de los fondos ejecutados por sus autoridades.

El portal Gobierno Abierto muestra que a la ciudad le faltaron 624 millones de pesos para cubrir, el año pasado, su nivel de gastos, lo que equivale a más del cinco por ciento de sus ingresos.

Las partidas comprometidas para pagar alcanzaron los 12.749 millones de pesos, con­tra los 12.125 millones que el municipio obtuvo en concepto de ingresos corrientes, incluido el endeudamiento por 150 millones de dólares.

Para el secretario de Economía, Hugo Romero, la ejecución arrojó un déficit real de sólo 248 millones de pesos, ya que varias de las partidas comprometidas para pagar no se ejecutaron en función de que no con­cluyeron los trabajos previstos, o bien porque no se presentó la documentación respectiva al 31 de diciembre.

Las cuentas municipales volvieron a mos­trar el año pasado su endeblez debido al déficit corriente, al endeudamiento contraído para subsanar en parte la falta de recursos genuinos, y al destino del gasto.

Seis de cada 10 pesos que erogó la Municipalidad de Córdoba se concentraron en el rubro sueldos, por el pago de salarios y por las contribuciones patronales a las que está obligada la autoridad municipal. Esa carga se alivió en dos puntos porcentuales durante este año.

De los 12.749 millones de pesos de gasto total en 2016, 7.658 millones fueron insumi­dos por las partidas de “personal” y de “per­sonal afectado a trabajos públicos”.

Más allá de los discursos de barricada que pronuncia el secretario del gremio 
municipal, Rubén Daniele, lo cierto es que los empleados del Palacio 6 de Julio gozan de una de las mejores remuneraciones en 
el ámbito público.

Por contrapartida, como se ha insistido en numerosas ocasiones, la productividad, el compromiso con la tarea y la disponibilidad para solucionar las necesidades del vecino no son los rasgos sobresalientes de esa particular “ciudad” que componen –por su número– los empleados municipales.

En más de cinco años de gestión, el in­tendente Ramón Mestre no ha podido encontrar un punto de equilibrio entre una remuneración justa y el trabajo que deben desempeñar los servidores de la ciudad. En numerosas áreas, es aún común escuchar la denuncia de la exigencia del pago de coimas para la agilización de un expediente, la elusión de los controles o la realización de una tarea, como la simple renovación de los focos de luz quemados.

El saneamiento de las cuentas y el trabajo de los agentes siguen siendo dos asignaturas pendientes por parte de uno de los municipios más importantes del país.