Un avance liberal demócrata
Este avance en materia de derechos de minorías es ajeno a los dogmas religiosos e ideológicos; su verdadera y única matriz es el pensamiento liberal. Claudio Fantini.
La Argentina de estos días volvió a desnudar el denso conservadurismo de algunos que se presentan como liberales, la intolerancia agresiva de ciertas cúpulas religiosas y el desconcertante salto a posiciones liberales de sectores ideológicos que apoyaron y apoyan a totalitarismos homofóbicos, además de despreciar la democracia liberal. Y convengamos que este avance que ha dado el país en materia de derechos de minorías es ajeno a los dogmas religiosos e ideológicos, de izquierda y derecha, porque su verdadera y única matriz es el pensamiento liberal.
La definición que da Aristóteles de democracia como sistema puro implica el gobierno de la mayoría que incluye a las minorías, mientras que su degeneración es el régimen de la mayoría que las excluye o somete. Sobre esa visión aristotélica se para John Locke, el padre del pensamiento liberal, al proponer la división de poderes que Montesquieu perfeccionó en El espíritu de las leyes y que está destinada, precisamente, a incluir a las minorías en la elaboración parlamentaria de las leyes.
Todo dogmatismo, religioso o ideológico, descree de ese régimen. Y ha sido el sistema liberal demócrata el espacio donde los homosexuales empezaron a librarse de los anatemas, estigmas, castigos y persecuciones que sufrieron en los estados religiosos y en los totalitarismos fascistas y marxista-leninistas.
Religión. En las sociedades más abiertas de la antigüedad, como la polis ateniense, la homosexualidad era totalmente aceptada. Sin embargo, el cristianismo ortodoxo nacido en Grecia le impuso en la Rusia del siglo XVII la muerte en la hoguera, mientras en el resto de Europa la Inquisición la perseguía y el protestantismo la denigraba.
Al crear la teocracia iraní, el ayatolá Jomeini estableció que los homosexuales eran "un error de Dios", lo que implicó considerarlos "anormales" y penar con latigazos y cárcel el sexo entre personas del mismo género, aunque legalizó las operaciones transexuales para quienes desearan salir del "cuerpo equivocado". El régimen islamista sostiene de manera absurda que en Irán "no hay homosexuales", mientras grupos de derechos humanos denuncian permanentemente ejecuciones de gays en la horca.
El dogma ideológico también aborreció a esa minoría. En la efímera y liberal República de Weimar, a pesar del homofóbico artículo 175, la comunidad gay pudo crear asociaciones y se filmó Anders als die Anderen (Diferentes a los demás, en castellano), la primera película en defensa de la homosexualidad. Pero cuando el nazismo tomó el poder en Alemania, fue aborrecida porque "falta al deber alemán de perpetuar la raza aria".
Con otros argumentos pero similar ferocidad, persiguieron la homosexualidad los fascismos en Italia y España. A García Lorca, los falangistas lo asesinaron más por homosexual que por republicano.
Ideología. Los totalitarismos marxista-leninistas fueron aun más criminalmente homofóbicos. Por eso, en la Argentina de estos días fue desconcertante ver el salto acrobático que dio la izquierda defensora de tales regímenes.
Mao Tse-tung estableció en el Libro rojo que los gays eran "enfermos mentales" y contrarrevolucionarios. Por eso, en China se los recluía en "campos de reeducación" y, si reincidían, iban a prisión o al patíbulo. El debate recién se abrió con la reforma de Deng Xiaoping, gracias al liberal Zhao Ziyang, aunque el Código Penal se reformó en 1997, bajo el liderazgo de Jiang Zemin.
En el Código Penal soviético, el artículo 121 establecía cinco años de prisión y, desde que el comisario del Pueblo (ministro de Justicia) Nikolai Kirienko definió la homosexualidad como una "degeneración" producida por "la decadencia de las clases explotadoras", el KGB chantajeaba a disidentes notables, amenazándolos con señalarlos como "pervertidos sexuales".
En la Cuba castrista, la segregación largamente practicada comienza en el pensamiento del propio Fidel, quien en 1961 expresó que "la sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones". En otra de sus largas peroratas de especialista en todo, afirmó que los "feminoides libertinos" son "hijos de burgueses" y que en el campesinado "no se produce ese subproducto". Por eso, el Congreso de Educación y Cultura de 1971 llegó al delirio de señalar, como científicamente reconocido, "el carácter sociopatológico de las desviaciones homosexuales".
De tal modo, al apoyar el matrimonio gay ha hecho un tardío avance la izquierda que defendió y defiende los regímenes marxista-leninistas. Lo mismo esos religiosos que desafiaron los castigos oscurantistas de ciertas cúpulas.
Varios de los senadores opositores que votaron a favor fueron coherentes con la matriz liberal de la que provienen. En cuanto a los kirchneristas que votaron de ese modo, el oportunismo de su líder los colocó en defensa de una minoría, a pesar de profesar una concepción "mayoritarista" basada en el desprecio y la exclusión de las minorías que piensan distinto en lo político y en lo económico.
Argentina dio un paso hacia la igualdad de derechos. Sin embargo, tanto el "mayoritarismo" hipócritamente disfrazado de algunos como el agresivo oscurantismo militante de otros seguirán aborreciendo y linchando al verdadero impulsor del progreso de la tolerancia: el pensamiento liberal demócrata.

