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Tras las huellas de la resurrección

Un fruto exquisito de la resurrección de Jesús es la promoción de la dignidad del hombre.

06 de mayo de 2014 a las 12:02 a. m.
Federico Palacios*
Tras las huellas de la resurrección

Hace algunas semanas, los cristianos celebrábamos la Pascua: esto es, que al acontecimiento traumático de la cruz le correspondió un acontecimiento superior en todo sentido. En la mañana de aquel día de la resurrección de Jesús, los cristianos creemos y anunciamos que comenzó algo nuevo... ¡La historia cobró un nuevo rumbo!Jamás se ha podido ni se podrá comprobar científicamente cómo sucedió aquel acontecimiento. Sin embargo, el sepulcro vacío es el primer elemento que se encuentra. Si bien no es una prueba directa, constituye un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la resurrección.Las apariciones son el segundo elemento. Extrañamente, por lo que se podría esperar de narraciones de la época, ¡son mujeres las testigos de semejante acontecimiento! Y así se transmitió hasta hoy, como bien refleja el salmo 19: "Un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia".En nuestra columna anterior, enumerábamos las situaciones en las que Dios ha muerto en pleno siglo 21. Sin embargo, es justo también reconocer que aquella fuerza de la resurrección, a lo largo de la historia, ha generado en quienes creen un deseo de cambio y el impulso interior para realizarlo.Un fruto exquisito de la resurrección de Jesús es la promoción de la dignidad del hombre. Así, en esta oportunidad, quisiera enumerar algunos ejemplos significativos de los dos siglos que nos tocó vivir.Madre Teresa de Calcuta (1910-1997), declarada santa, fue una monja católica albanesa naturalizada india. En 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, recibió su "inspiración". Durante meses, Jesús le reveló su dolor por el olvido de los pobres y el deseo de ser amado por ellos. Este hecho de fe la impulsó a fundar una congregación religiosa dedicada al servicio de los más pobres. Recibió numerosos premios; el más notorio es el Nobel de la Paz, en 1979.Entre los cristianos no católicos, también brilló la luz del Resucitado. Entre ellos, el pastor bautista Martin Luther King (1929-1968), quien desarrolló una significativa labor en Estados Unidos por la reivindicación de los derechos civiles para los afroamericanos, activista en numerosas protestas contra la guerra de Vietnam y la pobreza en general. Le concedieron el Nobel de la Paz en 1964 y murió asesinado en Memphis.Nelson Mandela (1918-2013), metodista, fue un político sudafricano que lideró el movimiento contra el apartheid , que discriminaba a los negros. Tras una larga lucha y 27 años de cárcel, como presidente de su país puso fin al régimen racista. Llamó la atención su capacidad de perdón y su deseo de reconciliación nacional. Recibió el Nobel de la Paz en 1993.Testigos de la resurrección fueron también los siete monjes trapenses martirizados en Tibhirine (Argelia) en 1996 por un grupo de terroristas. El monasterio, en el curso de las décadas, se había despojado de sus riquezas, donó casi toda su tierra al Estado y ofreció a la comunidad, mayoritariamente musulmana, un servicio generoso de atención médica y farmacéutica.Termino esta reflexión con algunas palabras del "testamento espiritual" del superior de ese monasterio, Christian de Chergé, que manifiesta la disposición interior de quien "vive para la resurrección". Refiriéndose a quien lo martirizaría, escribió: "Y a ti también, amigo del último instante, que no sabrás lo que estés haciendo, sí, porque también por ti quiero decir este 'gracias' y este a-Dios en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea dado volver a encontrarnos, ladrones colmados de gozo, en el paraíso, si así le place a Dios, Padre nuestro, Padre de ambos. Amén".

*Laico católico, miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).