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El tiempo apremia a nuestro planeta

Tenemos que ver el desafío de este siglo no como un debate de mañana, sino como la misión de hoy. Y espero que la ONU pueda estar a la altura de las circunstancias. David Smith.

30 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
David Smith*
El tiempo apremia a nuestro planeta

Al final de un año tan tumultuoso en nuestro mundo –desde la Primavera Árabe hasta la crisis económica en Europa–, un día de finales de octubre sigue grabado en mi memoria. Ese día, la organización que represento en la Argentina, las Naciones Unidas (ONU), dio a conocer una cifra que enloqueció a los noticieros alrededor del mundo.Informamos el nacimiento en nuestro planeta de la persona número siete mil millones. Una pequeña niña en las Filipinas, Danica Camacho, designada como candidata por Asia. Rusia vio nacer a Pyotr, su nominado, en Kaliningrado. Y en América latina, Perú presentó el nacimiento del pequeño Yazuri, nacido de María Vega, en la principal maternidad de la ciudad de Lima.Entre comentarios acerca de si era correcto que la ONU hiciera esto y si alguien alguna vez podría determinar con precisión en qué instante había nacido el miembro número siete mil millones de la humanidad, no pude dejar de pensar que este es, sin dudas, un momento de celebración. En una era en la que el mundo parece tambalear de crisis en crisis, esta era una buena noticia. ¿O no? Para celebrar. Por supuesto, detrás de los números se esconde el principal desafío de nuestro siglo. El desafío que genera tantas preguntas en todos nosotros, ya sea que vivamos en la nueva Asia, en la vieja Europa o en la América latina de rápido crecimiento. El desafío que trasciende fronteras, en un mundo en el que tendremos que compartir si hemos de sobrevivir. Siete mil millones de nosotros vivimos en nuestro mundo hoy. Ocho mil millones en 2025, según los cálculos. Nueve mil millones para cuando lleguemos a la mitad del siglo. Y, sin dudas, lo culminaremos con una cifra de dos dígitos de mil millones.Ese mismo día me encontré en una escuela secundaria, en Lomas de Zamora, hablando con estudiantes que pronto ingresarán a la universidad o al mercado laboral. Mencioné el hito de los siete mil millones y prácticamente todos sonrieron cuando sugerí que era una causa para celebrar. Los conflictos. Luego me referí a la otra cara de la historia. "¿Pueden imaginar lo que serán los conflictos cuando tengamos mil millones más de personas, dos mil millones para la mitad de siglo, nueve mil millones en total para cuando la generación de ustedes esté en pleno desarrollo?" Mi audiencia se puso seria, las sonrisas fueron reemplazadas por algunos ceños fruncidos. "Imaginen los conflictos cuando seamos nueve mil millones", me escuché decir. "Conflictos motivados por agua, energía, alimentos, espacio. Por no mencionar empleo, educación, salud y viviendas".Una de las fortalezas de la ONU reside en su capacidad de producir estadísticas globales en las que, en líneas generales, todos confían; sin embargo, cuando se trata de recursos, lo que la ONU diagnostica resulta una lectura desalentadora.Tomemos el agua. Puede que hayamos concluido que podemos vivir con la sequía, en una época en la que amenaza a tantas partes de nuestro planeta, desde Nairobi a Neuquén. Pero la cruda realidad es que la demanda de agua esta rápidamente superando a la oferta. Para 2025, la ONU predice que cerca de dos mil millones de personas –un cuarto de la población mundial para ese entonces– estarán viviendo en países o regiones con total escasez de agua.O tomemos el empleo, un tema que se expresa por sí mismo en una era en que las cifras de desempleados, más de 81 millones de jóvenes sin trabajo en nuestro mundo, resultan increíbles. Los indignados de España levantaron su voz en nombre del 47 por ciento de aquellos entre 16 y 24 años que no tienen nada que hacer. Más de un millón enfrenta la misma crisis en Inglaterra. En la Argentina, hay más de 700 mil sin trabajo o estudio.Y luego pensemos en cuán abarrotado está ya nuestro mundo. Tomemos como ejemplo la Franja de Gaza, un lugar en el que viví durante mis años de periodista. Un pedazo de tierra tan pequeño que es difícil de imaginar: 47 kilómetros de largo, ocho kilómetros de ancho, hogar de un millón y medio de personas, el lugar más densamente poblado del planeta. Así es hoy. ¿Cómo será mañana?O consideremos las guerras generadas por la lucha por recursos. Reflexionemos sobre la República Democrática de Congo. Cinco millones de muertos. Siete millones de desplazados. Y tantas mujeres violadas que es probable que nunca sepamos cuántas fueron en total. El origen del conflicto de Congo, el más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial, ha sido su riqueza. Cobre, manganeso, bauxita, coltan, el mineral que se emplea en la fabricación de nuestros teléfonos celulares. Congo es el emblema de la guerra por recursos. Ahora o nunca. Tenemos que aprovechar el momento, tenemos que ver el desafío de este siglo no como un debate de mañana sino como la misión de hoy. Y espero que la ONU pueda estar a la altura de ese desafío, adaptándose y cambiando para satisfacer las demandas de esta era. Siempre pido a las nuevas generaciones que reconozcan que la ONU les pertenece, aun para cambiarla si es necesario. Y hay días en los que me alegra saber que todos podemos entender esto si lo pensamos.A fines de la semana que se inició con aquélla noticia –la de los siete mil millones–, participé junto con el jefe del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, en la apertura de un encuentro nacional de jóvenes integrantes de Modelos ONU para estudiantes secundarios. Bromeé con él acerca de que si su hija hubiese nacido apenas unas semanas después, hubiera sido noticia en todo el mundo. En respuesta, nos mostró a algunos de los presentes fotos de su feliz beba y la sensación de celebración fue inconfundible.En sus palabras, el jefe del Gobierno de Buenos Aires habló de los desafíos de nuestro tiempo. Diagnosticó un mundo convulsionado e hizo hincapié en los retos que esperan en el futuro a medida que nuestro planeta crece y destacó la necesidad de un nuevo multilateralismo encarnado en organizaciones como las Naciones Unidas. Sus palabras fueron recibidas con un cálido aplauso. Le di la mano y le agradecí también.

*Director del Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay