También en el frente militar
El espionaje militar chino es imparcial. No se limita a Rusia, sino que sus incursiones informáticas se dirigen a todas las productoras de armamentos. Juan F. Marguch.
Los chinos registraron con una prolijidad admirable, en vastos registros imperiales, su milenaria historia. Esa obra cumbre de la historiografía sobrevivió a la destrucción de libros ordenada por el emperador Shi Huan Ti, 259-210 antes de Cristo (aC), quien decidió que la historia de China comenzara por su reinado. El historiador Tseuma Kuang, por ejemplo, escribió, en el siglo XI, su Espejo Histórico en 294 volúmenes. El lector de hoy puede informarse que en un día determinado del año 571 aC fue decapitado por ser desleal al emperador un alto funcionario de la corte y durante su ejecución caía la más copiosa nevada desde un día perfectamente precisado del año 819 aC. Esa prolijidad es una de las principales señas de identidad de un pueblo que despierta luego de un dilatado sopor.Otra seña indeleble es su adicción por la discreción, a veces elevada al rango de misterio. Cuando trasciende algo de su vida política, por lo general es una filtración que realiza el propio gobierno con el fin de estudiar la reacción que produce en su pueblo, en sus relaciones con países vecinos o (ahora transformada China en potencia global) en el mundo entero. Una sorpresa mayúscula. En la reciente visita que realizó a Beijing el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, los chinos le ofrecieron como especial homenaje una exhibición de aparatos de su fuerza aérea (que terminó preocupando no sólo a estadounidenses sino también a rusos, taiwaneses, vietnamitas e hindúes). Porque, de pronto, apareció sorpresivamente el nuevo cazabombardero J-20, llamado "Águila Negra", que, al igual que el Stealth estadounidense, es indetectable por los actuales sistemas de radar. El J-20 tiene 21 metros de largo, una apertura alar de 15 metros, pesa 35 toneladas y sus primeros escuadrones estarán listos en 2020, destinados a tareas de intercepción de naves en alta mar y a escuadrillas de aviones enemigos.Unos días antes del peculiar homenaje a Gates, y también como por sorpresa, "dejaron" publicar fotografías del misil balístico DF 21D, modificado para atacar a los portaaviones estadounidenses (China anunció la construcción de tres naves similares, que entrarían en servicio dentro de 10 años) y del cazabombardero ruso J-11.Moscú puso el grito en el cielo porque el J-11 es copia fiel de su cazabombardero Sujoi 27. Con absoluta ecuanimidad, los chinos copiaron buena parte del cazabombardero estadounidense F-22 Raptor, que tiene a su cargo la misión de patrullar los cielos de la superpotencia occidental, y la completaron con buena parte de otro ultramoderno avión de combate ruso, el Sujoi T-50. Los servicios de espionaje militar e industrial de la República Popular China están funcionando a pleno y con alta eficiencia; tanto que lograron penetrar en la blindada base de datos de la fábrica Sujoi. El presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, protestó en forma enérgica, olvidando que el KGB soviético (ahora FSB ruso) tiene una dilatada historia de espionajes, sobre todo el atómico. Célebre fue el caso del Tupolev TU-144, copia fiel del Concorde franco-británico (llamado, por la prensa occidental, "Concordosky"), que se desintegró en la muestra aérea de París, en 1973. Al parecer, el servicio secreto británico había descubierto el espionaje del KGB y puso a disposición de los espías soviéticos algunos detalles técnicos apócrifos de partes esenciales del avión, en lo que habría sido una de las maniobras de intoxicación más notables de la segunda posguerra, porque llevó al TU-144 a una inevitable catástrofe. También, negocios. Los reclamos de Medvedev iban más allá del espionaje militar y asumían también un sesgo comercial, porque los chinos ofrecen ahora el J-11 a un precio muy inferior al Sujoi 27. A fin de cuentas, pueden hacerlo, porque ahorraron miles de millones de yuanes en investigación y desarrollo del producto... Para aumentar la ira de Medvedev y de Vladimir Putin –neozar ruso y, vaya casualidad, ex espía del KGB estacionado en la entonces República Democrática Alemana–, los chinos anunciaron la producción de otro caza bombardero, que es copia fiel del Sujoi 33.En este caso, perpetraron una brillante operación de triangulación: compraron un aparato ruso de la Fuerza Aérea de Ucrania, lo desmontaron pieza por pieza, lo embutieron de balística e informática chinas y obtuvieron su J-15. ¿Fueron sorprendidos en su buena fe los ucranianos? Para nada. Tienen una larguísima lista de barbaries que les infirieron los rusos durante los imperios zarista y soviético. La peor de todas ellas fue, por cierto, la matanza de cinco millones de campesinos, muertos por hambre o fusilados por resistir la colectivización forzosa del agro impuesta por Joseph Stalin. El espionaje militar chino es imparcial. No se limita únicamente a Rusia, sino que sus incursiones informáticas se dirigen a todas las grandes potencias productoras de armamentos. Por caso, contra Alemania, que fabrica el tanque Leopard, el mejor blindado del mundo.Y, en estos días, los responsables de seguridad de Lockheed Martin, que produce el F-22 Raptor y el F-35 Lightning, reconocieron que ocho empresas subcontratistas en la producción del Raptor son sometidas desde hace dos años a un permanente ataque informático a sus bancos de datos.

