78° aniversario del Estado de Israel. "Startup Nation", innovación y resiliencia para el mundo

Israel nos demuestra que el tamaño de un país no determina su capacidad de impacto global. Lo que realmente importa es la audacia de soñar en grande, la disciplina para ejecutar con excelencia y la resiliencia para perseverar ante la adversidad.

26 de abril de 2026 a las 12:01 a. m.
Andrés Orchansky*
"Startup Nation", innovación y resiliencia para el mundo
Peres Center for Peace, un organismo no gubernamental en Tel Aviv que impulsa el desarrollo de Start Ups.

Desde mi rol como cónsul honorario de Israel en Argentina, pero también como empresario, emprendedor e inversor, tengo el privilegio de observar de cerca uno de los fenómenos más fascinantes de la economía global: el ecosistema emprendedor israelí. Esta experiencia me ha permitido comprender no sólo las claves de su éxito, sino también las lecciones universales que ofrece para cualquier nación que aspire a construir un futuro próspero y sostenible.

Israel, una nación de apenas 10 millones de habitantes, se ha consolidado como la "Start-Up Nation" por excelencia. Las cifras hablan por sí solas: con más de 10 mil startups activas y una tasa de creación de nuevas empresas tecnológicas que supera a la mayoría de los países desarrollados, Israel lidera el ranking mundial en inversión de capital de riesgo per cápita.

Este pequeño país del Medio Oriente alberga más empresas cotizadas en el Nasdaq que cualquier otra nación fuera de Estados Unidos y China, un logro que desafía cualquier explicación simplista.

¿Qué hace que el modelo israelí sea tan exitoso? La respuesta es multifacética, pero hay elementos distintivos que lo definen. En primer lugar, existe una cultura profundamente arraigada de cuestionamiento y pensamiento crítico. En Israel, desafiar el statu quo no sólo está permitido, sino que se fomenta activamente. Esta mentalidad, conocida como "chutzpah", impulsa a los emprendedores a pensar diferente, a atreverse a fallar y a levantarse con mayor fortaleza.

Un pilar fundamental

La resiliencia del pueblo israelí es otro pilar fundamental. Forjada en la adversidad histórica y los desafíos constantes, esta capacidad de adaptación y perseverancia se ha convertido en un activo invaluable para el emprendimiento. Los israelíes han aprendido a convertir limitaciones en oportunidades: la escasez de recursos naturales los llevó a innovar en tecnología agrícola y gestión del agua; las amenazas a la seguridad impulsaron desarrollos en ciberseguridad que hoy lideran el mercado mundial.

El servicio militar obligatorio también juega un rol crucial en este ecosistema. Unidades de elite tecnológica se han convertido en verdaderas incubadoras de talento, donde jóvenes de apenas 20 años asumen responsabilidades extraordinarias, trabajan en equipo bajo presión extrema y desarrollan habilidades técnicas de vanguardia. Al finalizar su servicio, muchos de estos jóvenes soldados se convierten en fundadores de startups, trayendo consigo una mentalidad de misión, disciplina y colaboración.

La inversión en educación e investigación es otra piedra angular. Israel destina aproximadamente el 5% de su PIB a investigación y desarrollo, la proporción más alta del mundo. Sus universidades no sólo forman profesionales de excelencia, sino que funcionan como catalizadores de innovación, con oficinas de transferencia tecnológica que transforman investigación académica en empresas comerciales viables.

Tener la posibilidad de vivir tan de cerca el modelo y ecosistema israelí me ha brindado herramientas invaluables para poder colaborar con las distintas regiones con las que trabajo. Actualmente, trabajamos activamente con incubadoras locales para conectarlas con sus pares israelíes, facilitando la transferencia de conocimiento y experiencias que han demostrado su efectividad en uno de los ecosistemas más dinámicos del mundo. He aprendido que el capital financiero, siendo importante, no es suficiente.

Lo que realmente marca la diferencia es invertir con una visión de impacto a largo plazo, apostando por empresas que no sólo sean rentables, sino también sustentables y que generen valor genuino para la sociedad.

Esta filosofía de inversión resuena profundamente con el modelo israelí, donde el emprendimiento no se trata únicamente de generar riqueza individual, sino de resolver problemas reales que afectan a millones de personas. Desde soluciones de movilidad hasta innovaciones en salud digital, las startups israelíes están redefiniendo industrias enteras con un enfoque en la sostenibilidad y el impacto social.

El ecosistema emprendedor israelí también se distingue por su espíritu colaborativo. A diferencia de culturas más individualistas, en Israel existe una red densa de mentores, inversores y emprendedores experimentados que comparten conocimiento y contactos generosamente. Esta cultura crea un círculo virtuoso donde el éxito individual alimenta el éxito colectivo.

Para Argentina y América latina, Israel representa un ejemplo inspirador de lo que es posible cuando se combinan talento, determinación y visión estratégica. No se trata de copiar un modelo, sino de adaptar sus principios más valiosos: fomentar el pensamiento crítico, celebrar el fracaso como aprendizaje, invertir en educación de calidad, crear redes de colaboración y, sobre todo, cultivar una mentalidad resiliente que vea en cada desafío una oportunidad de innovación.

Israel nos demuestra que el tamaño de un país no determina su capacidad de impacto global. Lo que realmente importa es la audacia de soñar en grande, la disciplina para ejecutar con excelencia y la resiliencia para perseverar ante la adversidad. Estas son lecciones que trascienden fronteras y que, desde mi compromiso con ambas naciones, me propongo seguir promoviendo.

*Cónsul honorario de Israel en Córdoba