De la Sota y Schiaretti son los responsables
Tanto el actual gobernador como su antecesor pretendieron que la Nación, cuya responsabilidad no desconocemos, se comportara como en un país federal. Olga Rista.
José Manuel de la Sota ganó las elecciones a gobernador de la provincia de Córdoba en el año 2011 con promesas de reducción de impuestos y festival para la Caja de Jubilaciones. Él sabía que tales promesas no eran viables en una provincia que pretendiera ser bien administrada y en la cual había que manejarse con recursos propios y de la manera más autosuficiente e independiente posible, en el contexto de un país que padece problemas serios de centralismo y muestra escaso respeto al sistema federal.Consciente de que el presidencialismo discrecional es la forma en que se maneja la Nación en su relación con las provincias, lo esperable hubiera sido una conducta tendiente a proteger los recursos propios y manejarlos con prudencia.Sin embargo, se prefirió la fiesta y el manejo político propagandístico de los recursos provinciales.Es imposible entender y resolver los problemas del déficit y la administración que afectan a la Caja sin un estudio profundo y serio al respecto, seguido de un acuerdo entre activos y pasivos, entre Estado y partidos políticos, representantes del sector público e integrantes del Poder Judicial, técnicos interdisciplinarios, etcétera. De la Sota y Juan Schiaretti –este durante el gobierno anterior– aniquilaron la Caja. Debieron haber aprovechado las circunstancias que les había dejado el ajuste realizado por la gestión radical en la década de 1990 y conseguir que el sistema fuera posible, viable y sustentable.De la Sota, en cambio, se dio el lujo de conceder jubilaciones anticipadas y bajar la edad mínima de jubilación. En vez de buscar un equilibrio, se dedicó a crear pasividad anticipada, haciéndola crecer y crecer, sin pensar nunca en la consolidación de un sistema de previsión que fuera contributivo y seguro. Lo que hizo fue sostener todo en una cobertura solventada por un régimen que se volvió deficitario.Tanto el actual gobernador como su antecesor pretendieron que la Nación, cuya responsabilidad no desconocemos, se comportara como en un país federal. Es decir, derrocharon los recursos propios, esperando que el Gobierno nacional se encargara de enviar los fondos para cubrir el déficit.El problema es que lo hicieron sabiendo que si se guiaban por la experiencia y miraban la realidad, la conclusión obvia era que las cosas no serían así, pues las prioridades en la Casa Rosada nunca suelen estar asociadas a la autonomía de las provincias ni a la justa distribución de los recursos.Entonces, realmente, ¿De la Sota esperaba que el Gobierno nacional cumpliera con mandar todo lo debido, aun cuando conocía y había vivido años y años de centralismo?Él y Schiaretti no hicieron una lectura de la Argentina real, sino del país que les convenía que fuese para sus aspiraciones político-electorales. Hoy, les estalla la realidad en las manos.

