Sobre roca o sobre arena
El pudor y la honestidad, las dos “virtudes” integrales que destacan los pensadores.
El sermón de la montaña que pronunció Jesús, el que comienza con las bienaventuranzas y que ha inspirado el sueño de la fraternidad y la civilización del amor, culmina en Mateo con una llamada de atención para ver sobre qué construimos, si sobre roca o sobre arena, según cumplamos la palabra o no, porque sólo así podremos mantenernos en tiempos de tormenta.
San Pablo se hizo eco de esta enseñanza e invitó a reconocer como buenos arquitectos dónde hemos puesto los cimientos de la vida. Nosotros también podemos hacernos eco y ante este cambio de época, exacerbado por el drama de la pandemia, ante una gran crisis ética que condiciona la paz y la sustentabilidad de la casa común. Ver cómo edificamos.
Ya en tiempos de Platón y Aristóteles se invitaba a construir la amistad social desde las virtudes y entre ellas, vinculadas a las que llamaron cardinales, reconocieron algunas que llamaron integrales. Estas son como las condiciones o cimientos que permiten las grandes virtudes.
Los pensadores de la ética enseñan que hay diversas virtudes integrales en el edificio moral, pero en lo más profundo reconocieron dos muy vinculadas a la humildad, sin la cual no puede haber caridad.
Las virtudes referidas y tan necesarias se denominaron el pudor y la honestidad. No el pudor como lo entendemos en su referencia a la sexualidad, ni la honestidad en su referencia a lo económico. Son algo más hondo, más del núcleo de la conciencia. Son el temor a lo torpe y el amor a lo bello.
Es la vergüenza por toda torpeza en pensamiento, palabra y obra, esa que parecemos haber perdido en la naturalización de las mentiras, agravios, descalificaciones y atentados a la vida o el bien presente y futuro de los demás. Cuando la torpeza se hace poder y gobierno, genera heridas muy profundas.
Amor a lo bello que no es sólo gusto estético sino aprecio por la verdad, la belleza, el bien, la justicia y la paz; capacidad de respeto y cortesía que llega incluso al aprecio de cada creatura y del creador para aprender cada día la libertad y el amor.
La laboriosa fraternidad y paz, presente y futura, requiere refundar una ética integral, construir sobre roca, redescubriendo la humildad, el pudor y la honestidad. ¿Nos animaremos?

