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Síntomas de régimen

El ataque público y la persecución fiscal como castigo a la opinión de un ciudadano son aberrantes, aunque el castigado sea crítico del Gobierno o, lisa y llanamente, opositor. Claudio Fantini.

01 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Claudio Fantini (Politólogo y periodista)
Síntomas de régimen

La cuestión no es pensamiento, sino alineamiento. Eliseo Subiela se enteró de manera traumática, cuando escuchó que sus datos fiscales eran revelados en televisión por el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), Ricardo Echegaray, en represalia por una expresión del cineasta que el Gobierno había juzgado inconveniente. Fue triste oír al director de películas memorables, como Hombre mirando al sudeste , Últimas imágenes del naufragio y El lado oscuro del corazón , decir que el Gobierno "se equivoca" al escracharlo públicamente y perseguirlo con operativos de la Afip, porque él no es crítico ni opositor y porque de joven fue montonero. Sonó como el ridículo y poco digno "no me peguen, soy Giordano".En definitiva, el ataque público y la persecución fiscal como castigo a la opinión de un ciudadano es aberrante, aunque el castigado sea crítico del Gobierno o, lisa y llanamente, opositor.Además, se trata de un razonamiento inútil, porque en el esquema de poder vigente no importa la posición política ni la historia personal, sino lo que se dice y se hace en público.Si uno asume y proclama su alineamiento, hasta puede provenir del conservador neoliberalismo ucedeísta y armar turbios negociados. Lo imposible es desalinearse un milímetro, aunque se trate del único genuino camporista, Esteban Righi, el ex procurador General de la Nación obligado a renunciar por el escándalo de la ex Ciccone.Para no sufrir linchamientos mediáticos y persecuciones fiscales en la Argentina actual, no sólo hay que ser kirchnerista, sino parecerlo. Sobre todo, parecerlo. Lo saben el ex Bersuit Vergarabat Gustavo Cordera y otros artistas que, por no proclamar en público adhesión y admiración a Cristina, perdieron contratos con el Estado o quedaron fuera de festivales a los que habían sido convocados.A ese rasgo oscuro apunta, con lucidez, el último artículo de Alfredo Leuco en el diario Perfil . Con cauteloso optimismo, considera que cada vez hay más artistas y escritores que, incluso siendo kirchneristas, se niegan a alabar al Gobierno o a aborrecer a los opositores como requisito para acceder a tentadores escenarios.En todo caso, las tribulaciones de Subiela constituyen una señal de alarma. El tema no está en lo que se piensa sino en lo que se manifiesta. Si negarse a expresar adhesión y admiración puede cerrar puertas, actuar de alguna manera que el Gobierno juzgue inconveniente ya no sólo será castigado con ataques mediáticos, sino también con persecuciones y ajusticiamientos fiscales. Y estos no parecen rasgos gubernamentales, sino síntomas de régimen. Cambio de época. Desde hace varios años, en ámbitos académicos y empresariales, tanto públicos como privados, los ascensos se facilitan para quienes ostentan credenciales kirchneristas y se obstruyen para los marcados como críticos u opositores. La tendencia se extiende y acentúa. La militancia ya no es una vocación, sino una carta de recomendación. La "nueva época", de la que hablan Carlos Raimundi y otros abocados a instalar el tema de la re-reelección, reproduce en versión actualizada y extendida el carné de afiliación para acceder y ascender en las estructuras públicas que había impuesto el primer peronismo. Ergo, en la "nueva época", además de muchos indiscutibles avances, está lo peor del pasado peronista. También el viejo caudillismo mesiánico, personalista y vertical.La justificación teórica del nuevo orden es más elaborada y sociológica. Una suerte de comisión de sabios emite, a modo de vanguardia esclarecida, solemnes pronunciamientos que señalan el rumbo de la emancipación.Se ve que el liderazgo unipersonal y su reducida corte también están totalmente esclarecidos, porque esos dictámenes jamás cuestionan nada significativo y siempre coinciden con las decisiones ya tomadas y con las orientaciones ya establecidas en la cumbre del poder.En el vasto espacio del alineamiento, nadie dice nada que incomode al Gobierno en materia de corrupción, de arbitrariedad, ni de injustos castigos a quienes, como Subiela y tantos otros, expresaron una opinión inconveniente.Ni una voz se alzó en el ámbito kirchnerista para objetar la injusta sanción a la entidad Consumidores Libres por haber publicado una estimación del aumento de los precios de alimentos que contradice la versión oficial. No importa que el castigado sea un socialista intachable como Héctor Polino. Otra prueba de que la cuestión no es pensamiento, sino alineamiento. Edmundo Jarquin, dirigente nicaragüense que luchó contra el régimen somocista y fue diplomático de la Revolución Sandinista, dice que "el nuevo autoritarismo latinoamericano" tiene los siguientes rasgos de identidad: es "clientelar" con los pobres; "cooptador" con las representaciones sectoriales (sindicales, empresariales, artísticas, de derechos humanos) y "heterodoxo" en las formas de represión. En este punto, el dirigente del Movimiento de Renovación Sandinista explica que los exponentes del "nuevo autoritarismo" ya no usan ejércitos y policías, sino "turbas, coerción fiscal, acoso administrativo y chantaje judicial".La Argentina de estos días muestra ejemplos de cada uno de estos rasgos, pero lo que más quedó a la vista en los últimos meses es la "coerción fiscal". Igual que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), los instrumentos de recaudación impositiva pierden credibilidad si son utilizados para perseguir y castigar expresiones que molestan al poder político. Y se suman al costado inquietante del "cambio de época", donde se acumulan las acciones que no parecen rasgos gubernamentales sino síntomas de régimen.