Representatividad: así no va más
La participación está asociada a la influencia que ejerce la forma de votación en el vínculo entre el elector y el representante. Luis Brouwer de Koning.
Hace más de una década se instalaba una nueva Constitución provincial y, en lo que respecta al sistema electoral, se buscó mayor efectividad en el modo en que las preferencias de los electores se traducen en escaños. La participación está asociada a la influencia que ejerce la forma de votación en el vínculo entre el elector y el representante. Pero es difícil que ambas demandas se satisfagan al mismo tiempo, debido a que el esfuerzo por optimizar una empeora la otra. La clasificación básica establece tres tipos de sistemas: Mayoritario. Asigna los escaños en cada circunscripción al candidato o los candidatos con mayor número de votos. Tiende a favorecer a los partidos más consolidados. Representación proporcional. Los escaños se adjudican de acuerdo con el porcentaje de votos de cada partido. Tiende a favorecer una representación equitativa, pero a la vez puede entorpecer la toma de decisiones. Sistema mixto. Hay dos variantes: votar a un candidato por circunscripción o a una lista de partidos en una circunscripción plurinominal (que abarca territorialmente a la primera). El sistema electoral cordobés tuvo tres grandes reformas, en 1923, 1987 y 2001.En 1923, existía un sistema bicameral con 36 diputados elegidos por el pueblo, dos tercios para la mayoría y un tercio para las restantes minorías, por sistema proporcional. En tanto, el Senado era elegido directamente por los departamentos, en una cantidad que dependía del número de habitantes.En 1987, se aumentó el número de diputados de 36 a 66 elegidos por distrito único; 36 para la mayoría y, de los 30 restantes, 20 correspondían a la segunda fuerza, cinco a la tercera, tres a la cuarta y dos a la quinta, con una barrera legal del dos por ciento.El Senado mantuvo la elección directa por departamentos, pero con nuevos criterios poblacionales, por lo que se agregó un senador para el partido que salía tercero en los departamentos más poblados.La reforma de 2001 volvió a modificar la normativa del Poder Legislativo. Con buen criterio, se disminuyó la abundancia de legisladores que había alcanzado 133 –66 diputados y 67 senadores– al actual número de 70, correspondientes a una Legislatura Unicameral.En la Constitución actual, el artículo 78 establece un sistema mixto, en virtud del cual se integra con 26 legisladores elegidos directamente por el pueblo por mayoría de sufragios, a razón de uno por cada departamento, y con 44 legisladores elegidos por distrito único y proporcional por sistema D'Hont, sin la barrera del dos por ciento.La consecuencia de esta nueva modificación es una "distribución distorsionada". Como sucedió en 2007, el PJ obtuvo el 53 por ciento de las bancas pese a haber alcanzado el 37 por ciento de los votos, y en 2011 obtuvo el 62 por ciento de las bancas con el 42 por ciento de los votos.Así, este sistema electoral beneficia a la mayoría, provoca una subrepresentación de las minorías o, lo que es lo mismo, una desproporcionada recompensa en espacio de poder para la mayoría. Una nueva modificación es imperiosa, pues esta distorsión afecta la democracia y el control efectivo por parte de la oposición.Podríamos hacer una distribución más equitativa, mediante un sistema proporcional "personalizado" (modelo alemán) que combina la elección de candidatos individuales, por mayoría simple, y la elección de lista de partidos, por representación proporcional. Los escaños se asignan aplicando la fórmula electoral de votación por lista de partido. Los escaños ganados por mayoría relativa se restan de los asignados por proporcionalidad. Esto garantiza un resultado global más conforme a los votos obtenidos y ayudaría a la gobernabilidad y a la participación de las minorías en las decisiones. Es decir, más democracia participativa.

