Un relanzamiento necesario
Esos vientos que traen fuertes rumores de cambios han vuelto a soplar en el Gobierno nacional. Carlos Sacchetto.
Esos vientos que traen fuertes rumores de cambios han vuelto a soplar en el Gobierno nacional. El ocupante de uno de los despachos de la Casa Rosada asegura que la Presidenta ya tiene definidos los nombres con los que renovará parte de su gabinete para iniciar el año electoral y dar un nuevo impulso a su gestión. Pero el informante se niega a dar detalles, tal vez porque no los conozca o sólo porque la orden es guardar celosamente el secreto. El silencio reconoce su lógica, porque en estos ocho años de gobierno, los Kirchner nunca quisieron ir detrás de los títulos de los diarios, sino imponerlos, con la sorpresa adjunta, la agenda de sus propias decisiones. "El secretario de Comercio Guillermo Moreno sigue en el cargo porque ustedes (los periodistas) se la pasan anunciando que lo van a echar", exagera con el ejemplo el funcionario. Queda, entonces, librado a alguna información reservada y al análisis de los datos que va arrojando la realidad determinar quiénes son los ministros que podrían ser relevados. Los candidatos. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro de Justicia, Julio Alak, parecen tener el boleto picado. Vienen de sufrir recortes en la estructura de poder que ostentaban y han reducido sensiblemente su gravitación. En la Secretaría de Inteligencia, que comanda Héctor Icazuriaga, están convencidos de que, en la mayoría de los últimos y graves hechos de inseguridad que se produjeron en la Capital Federal y el conurbano bonaerense, se advierten las consecuencias del descabezamiento de la Policía Federal que respondía a Fernández. Icazuriaga es, junto al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y al ministro de Planificación, Julio de Vido, uno de los tres integrantes de la mesa chica que más escucha la Presidenta.El ministro de Salud, el tucumano Juan Manzur, también parece haber cumplido su ciclo. Las denuncias por las muertes de niños desnutridos en el norte del país, las quejas por el estancamiento de los planes sanitarios y su deseo de ser candidato a vicegobernador en su provincia, se conjugan de modo excelente para facilitarle el recambio a la jefa del Ejecutivo. El cuarto ministro en "zona de riesgo" es el canciller Héctor Timerman. Las relaciones internacionales de la Argentina no atraviesan su mejor momento. Se mueven por impulsos ideológicos que no reconocen una estrategia definida y por reacciones que resultan extrañas a la cultura diplomática. "Se parece mucho a un barrabrava", dicen del ministro otros integrantes del mismo gobierno. Su estilo confrontativo y provocador hacia la política interna, sumado al escaso aporte que hace a la imagen internacional del país, estarían siendo seriamente evaluados por Cristina Fernández. El último episodio, en el que denunció que la Policía Metropolitana tomaba cursos de tortura en Estados Unidos, desconociendo que en esos mismos cursos –que no tienen esa finalidad– participan también efectivos de la Federal y la Bonaerense, fue a todas luces un nuevo papelón de Timerman. Cómo nos ven. Además del canciller, las recientes revelaciones que surgen de los cables difundidos por WikiLeaks explican a las claras cuál es el concepto que sobre la Argentina maneja el gobierno de Washington. Dirigentes como Alberto Balestrini, que era presidente del PJ bonaerense, el senador santafesino Carlos Reutemann y el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, sostuvieron en pleno gobierno kirchnerista fuertes críticas al matrimonio presidencial. No hacen falta más datos para entender cómo se fue gestando en la Casa Blanca la idea de que Argentina no es un país confiable. Y, en consecuencia, por qué el presidente Barack Obama no viene a Buenos Aires y sí visitará Brasil y Chile. Mirando hacia adentro, la Presidenta quiere dar ímpetu a la última etapa de su gobierno. Se decida o no por ser candidata a la reelección, necesita cerrar una gestión que la historia registre con signo positivo. Tiene, en ese plano, muchos puntos a favor, aunque estos meses que vienen hasta octubre, por el desgaste natural y la lucha preelectoral, serán muy complicados. Cristina sabe que muchos de quienes la acompañan están con el bolso listo para saltar a otros territorios si ella sólo elige cerrar con algún éxito su gobierno y no competir por un nuevo período. Desde lo estrictamente político, en el kirchnerismo se lamentan por no haber armado una estructura territorial propia que dé continuidad a lo que llaman "el proyecto" o "el modelo". Fue Néstor Kirchner el que prefirió otra construcción política, basada en las alianzas. Así, por poner algunos ejemplos, el kirchnerismo en San Juan depende de José Luis Gioja; en Salta, de Juan Manuel Urtubey; en otras provincias, de radicales K. En cada distrito se repite la fórmula y ese es otro de los dilemas de supervivencia que deberá enfrentar el kirchnerismo no peronista si Cristina no es candidata a la reelección.

