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La realidad de nuestro sistema de salud

Desde hace muchos años, existe un marcado deterioro del poder adquisitivo de los médicos que atienden en los tres subsectores del sistema de salud (público, privado y de la seguridad social). Jorge Coronel.

17 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Jorge Coronel (Secretario gremial de la Confederación Médica de la República Argentina)
La realidad de nuestro sistema de salud

Las condiciones laborales en el sector salud resultan fundamentales para poder brindar un servicio de calidad. El tiempo de formación, previa y continua, y la responsabilidad que implica una función tan delicada como cuidar la vida de los seres humanos requieren necesariamente que tanto los profesionales como el personal cuenten con una fuente de ingresos estable y digna, así como condiciones de seguridad laboral y los insumos correspondientes; es decir, tener un "trabajo decente", según lo establece la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La realidad en la Argentina es que desde hace muchos años existe un marcado deterioro del poder adquisitivo de los médicos que atienden en los tres subsectores, público, privado y de la seguridad social. En ellos, gran parte de la deuda de la Administración de Programas Especiales (APE) del Ministerio de Salud de la Nac ión es para cancelar, a su vez, deuda con los profesionales prestadores, que financiaron con su trabajo la salud de los afiliados. Los reclamos salariales en distintos hospitales de nuestro país no hacen más que manifestar la pauperización de las condiciones y la desigualdad en que ejercen la profesión. Aquellos que buscan condiciones de ingresos más dignas deben apelar al multiempleo, a guardias agotadoras y mal pagadas, que los llevan a sentirse desmotivados, desvalorizados. Los profesionales médicos están frente a una carrera que requiere una formación de siete años, más la residencia o concurrencia, los años de especialización y, luego, la formación continua, la certificación y la recertificación… tanto esfuerzo, tanta responsabilidad para ganar una remuneración similar a la que puede estar percibiendo un empleado, sin formación previa, en una oficina. No suben los ingresos El médico es parte de su comunidad, de una sociedad empobrecida y con la salud deteriorada, que no recibió del Estado políticas sociales y sanitarias que contribuyeran a salir de esta situación en forma sustentable, incluso en épocas de mayores ingresos y de bonanza del país. Entonces, debemos preguntarnos qué nos espera en un contexto de crisis global, con pronósticos alarmantes para todas las sociedades. Se advierte que, a pesar de la recuperación del trabajo, puede desplomarse el empleo, por lo que muchos ciudadanos pueden perder su cobertura de salud y, entonces, se incrementará la demanda en el subsector público, a la vez que aumentan los indicadores de pobreza y vulnerabilidad, junto a los deteriorados indicadores sanitarios. Es decir, los recursos no están donde están los problemas. Ante la crisis, aumentan los medicamentos, la tecnología, pero los ingresos médicos no lo hacen. Se incrementan otros factores a costa del honorario médico; existe una transferencia de una fracción de capital a otro y pierde la fracción del capital humano. El sistema de salud está muy fragmentado, lo que se traduce en brechas de acceso y calidad en la atención, obteniendo un bajo rendimiento con los recursos asignados al sector, debido a una indefinición crónica del modelo sanitario, sin que nadie levante la voz ante el agotamiento de este sistema de salud. Al Estado le compete velar por el bien tutelado de la salud como un bien público, en un marco de transparencia y fundamentalmente libre de corrupción en la gestión. Es por eso que, ante este contexto, las políticas de salud deberán, con claridad, establecer prioridades, ser firmes y por primera vez transformarse en verdaderas políticas de Estado, si es que nuestras autoridades tienen como objetivo el progreso y crecimiento. Sólo con una población sana se puede lograr un desarrollo sustentable en el futuro.