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Quiénes y cuándo

Nuestra señora de la divina poesía. 15 líneas en recuerdo de Corbatta. Daniel Salzano.

08 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Quiénes y cuándo

Nuestra señora de la divina poesía

Por esos días, (yo) vivía en una pensión de la calle Independencia / una pieza tan diminuta que cabía en una lata de Nescafé / una lata de Nescafé tan gigantesca / que no cabía en la calle Independencia. Tenía un jarro de aluminio / una estampita de John Ford / una linterna / una gorra negra de lana / un reloj al que le faltaban el III y el XI / y muchos libros de poesía.El primero / se llamaba Hojas de hierba / by Walt Whitman / un idealista que comenzó a escribir cuando ya había superado el idealismo / tenía prólogo de Borges / un ciego de tinta oscura / y anteojos sin cristales / que cursó la primaria en un colegio regenteado por malevos y vikingos.Whitman escribía como el pianista Count Basie: "¿quién es mi padre? ¿quién es mi madre? ¿quién es mi hermano? ¿quién es mi hermana? / yo digo que todos ustedes son mi padre / todos mi madre / todos mi hermano / todos mi hermana" / era imposible que leyeras Hojas de hierba / y no te convirtieras en un ser valiente y generoso / WW fue alternativamente analfabeto, croto, maestro de jardín de infantes, ferrocarrilero, andarín, corrector de pruebas y coleccionista de parches / Whitman tenía nariz, boca, brazos, sombrero, piernas / si me hubieran dado a elegir, yo me hubiera quedado con la barba.Cada vez que el viejo te pegaba un grito / se te caían los pantalones.–¡Eh, Salzano, so cagón! ¡Ven a mí que te pasaré por la máquina de picar palabras y saldrás convertido en un zorzal!Si Hojas de hierba se te caía de las manos y golpeaba contra el piso de madera / aparecía la portera preocupada porque había escuchado el ruido de una bomba / lo más grosso que yo hacía en la calle Independencia / era batir el Nescafé / leer con los ojos cerrados / y decir "guau" cada vez que un verso me iluminaba la cara. El segundo era un libro usado / y lo había escrito Mallarmé / tardé mucho tiempo en advertir que Mallarmé hablaba bastante mal el castellano / pero eso no era nada comparado con la impresión que les causaba a las mujeres / cada vez que una chica subía a visitarme al bulín de la calle Independencia / y encontraba el libro de Mallarmé sobre la mesa de luz / lo levantaba como si fuera un murciélago / y gritaba horrorizada mientras subía a la cama / y yo le miraba las enaguas / ese era el tipo de amorcito que me frecuentaba / en la calle Independencia / a la vuelta del cine Real / a 150 metros del bar Sorocabana. Rilke, campeón mundial de peso mosca. El tercer libro / no me acuerdo cómo se llamaba / lo había escrito Rilke / René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke / nacido en Praga / bajo el signo Sagitario / en 1875 / me acuerdo de un verso suyo: "Cuando el aire se convierta en roca allí estaré". Macanas.Rilke era un bon vivant que desayunaba al mediodía y / francamente / más que convertido en roca lo veo huyendo a toda mecha ante la menor corriente de aire / escribía en alemán / y / como Mallarmé / tampoco dominaba bien el castellano / lo que sí dominaba era el chamuyo sentimental / Rilke René se apilaba al oído de una condesa y le bastaban 15 minutos para conseguir alojamiento / alojamiento y devoción / alojamiento y devoción y mayordomo / a mí lo que me impresionaba es que él mismo escogió su propio y amanerado epitafio: "Rosa, oh contradicción pura en el deleite / de ser el sueño de nadie bajo tantos párpados". Murió de leucemia a los 51 años.En 1911, aconsejó: "Convierte tu muro en un peldaño".Y no digo que se parecía bastante al actor William Powell porque a estas alturas nadie sabe quién fue Powell. Ni Rilke.A Rilke se lo podía leer sin inconvenientes porque si se te caía el libro de las manos / y rebotaba contra el piso de madera / producía el estallido de una mosca.Una vez / mientras besaba a su querida / Lou Andreas-Salomé / le susurró al oído "estoy silenciando nuestros anhelos" / en serio / si yo hubiera sido Lou Andreas-Salomé le hubiera dado un rodillazo en las pelotas. Un hilo de agua azul por la calle Independencia. Apilados como los gnomos de Tolkien / entre el zócalo y la pared / tenía todos los libros de Vallejo / éramos como chanchos / en realidad ni siquiera los leía / me bastaba con pasarles la yema del pulgar por el lomo / para que la calle Independencia se cubriera de agua azul. Vallejo podía fabricar el agua azul cuando se le daba la gana / pero no la podía beber porque fue el escritor más desgraciado de América latina / de día lo corría el fascismo y de noche lo acorralaba el hambre / cuando nació le pusieron un sobretodo en el que cabían dos Vallejos / y con él permaneció puesto / hasta el final de sus días / al morir / pesaba 49 kilos / lo mismo que al nacer / voló al cielo en clase preferencial / y como se aburría / comenzó a escribir sobre el polvo de la ventanilla.Y tenía un poema de Oliverio Girondo que guardaba en un libro de Lorca / y otro de Lorca que guardaba en un libro de Zitarrosa / y otro de Zitarrosa que guardaba en un libro de Carver / y otro de Carver en uno de Sandburgh / y todos / a su vez / como pollitos / a la sombra clueca de Antonio Machado / un andaluz de ojos diminutos, ladinos y brillantes / gran sufridor republicano / uno de esos muñecos que llevan un peso en la base y que / desviados de su posición vertical / vuelve a levantarse / como el pueblo.Ustedes deberían leer a Machado.

Fumaba tabaco negro / tenía la cuenta del banco en menos 10 / hablaba francés, inglés y filosofía / citaba a Dostoievski / y su lujo mayor era / una vez al mes / acodarse en la barra del bar para descular un carajillo / daba clases a particulares / a universitarios / desemburraba a domicilio / a veces le pagaban con cupones / se casó con una niña de 15 años / esa parte de Machado se me escapa / ojo que estoy hablando de un escritor que nació siendo un hombre grande / los hurones franquistas le mordían a menudo los talones / justamente a él que no tenía calcetines / un día de gloria prosódica escribió la orden más irrefutable de la literatura castellana: "Hay que hablar siempre con el hombre que llevamos dentro".Murió en 1939. El 39, los santos

Los libros crecían / mientras la piecita se encogía / armé una estantería de emergencia y se llenó / guardé libros en el botiquín del baño y se llenó / el horno de la cocina también se llenó / para ocupar menos lugar yo dormía de pie / lo curioso es que cuanto más libros leía menos me interesaban / a mí me volvía loco el hombre al que se refirió Machado. Remate divino. Una de las atracciones suplementarias que ofrece la Feria del Libro que se está llevando a cabo en la plaza principal de la ciudad / es que se le puede hacer el aguante desde el Sorocabana / el único bar de Córdoba / donde / cada tanto / aparece y desaparece / Nuestra Señora de la Divina Poesía / una virgencita de aureola luminosa / y manos de bebé / que antes de diluirse en la noche de terciopelo de la plaza / te bate la justa: –Si no te emociona no lo escribas / si no te emociona no lo leas / por favor no escribas para perfumar el baño los días que hay visita / escribí para el hombre que va a tu lado / el que llevamos dentro.

15 líneas en recuerdo de Corbatta

Vamos a dedicarle un sprint de 15 líneas a un ilustre finado de la Academia: Omar Oreste Corbatta, wing tumbado y explosivo que en una época en la que Brasil jugaba como Brasil hizo que Argentina jugara como Racing, o sea, como él, como el "Loco Maro Reste" Corbatta.Como los grandes wines de la Edad Media, Corbatta era bajito, se ataba los botines como Atila y si alguna vez nos encontramos por ahí, pídanme que les enseñe la foto que llevo en la billetera.

Aquí está. Es el que usa el calzoncillo asomado cinco dedos por encima del nivel del vertedero.

“Omaro Reste”, señores, no sólo se negaba a jugar con canilleras sino que muchas veces, cuando andaba de novio con la hinchada y le pedían que hiciera “el pajarito”, se metía al área con pelota dominada y movía los brazos hacia adelante y hacía atrás sin separar las manos de la cadera. Escuchemos el rugir del venerable: “¡Corbatta, Corbatta / la barra te idolatra!”.

Nunca aprendió a leer y escribir y firmó su primer contrato a las risotadas dibujando una corbata al pie del texto. También se reía cuando llegaba dos o tres días tarde a la concentración y al final nadie sabía si el crack se reía porque tenía buen humor o porque estaba borracho.

Después se le cayó un diente y después todos los demás y a los 30 años parecía un wing de 60. Cuando murió, convertido en un bollo de papel, tenía 54 y a su velorio sólo acudieron los poetas de la nada. Parecía un pibe de 90.

Si el día en que nos encontremos no llevo la foto encima, entonces pídanme que camine como él. Lo puedo imitar bastante bien. Me cuelgo un pucho detrás de cada oreja y muevo los codos como si fuera un pajarito.

Esta nota iba a llamarse “Una ilusión en tránsito”. Corbatta hubiera vomitado.