Querida profesora
¿Pero sabe qué pensé que podemos hacer? Si usted me sube el 3 a un 5, no me la llevo a marzo sino a diciembre. Y capaz que en el coloquio puedo demostrarle cuánto me gusta su materia.
Querida profesora de Matemáticas: Soy Luciano. Seguro que se acuerda de mí.Le escribo con el deseo de que cuando reciba esta carta se encuentre bien y disfrutando de buena salud. (Esta frase me la dictó mi abuelo así, completa. A mí me parece un poco cursi, pero él dice que hay que empezar con "estilo").Al principio pensé en hablarle, pero tengo demasiadas cosas para contar.No se imagina todo lo que nos pasó la semana pasada. El viernes usted tomó la prueba en la que me saqué un 3, ¿se acuerda?Bueno, le cuento: yo amo las Matemáticas; es mi materia preferida. Por eso me pongo mal cuando saco notas tan bajas. Y con este 3, profe, a esta altura del año, me la llevo directo a marzo.Pero mejor sigo contando "sin dispersarme", como dice la "particular".¿Se acuerda del calor que hizo hace dos semanas? Un infierno. Yo justo había elegido esos días para estudiar su materia, que me gusta tanto.La primera tarde (el martes) me fui al comedor (que es fresquito) con un vaso con agua y la carpeta con los ejercicios. Al ratito nomás, la transpiración me caía sobre los ojos. El aire no se movía y yo empezaba a sofocarme. Entonces llegó mi hermano mayor y me obligó a ir al patio, a mojarnos con la manguera. Pasó el tiempo y cuando quisimos acordarnos mi mamá nos llamaba para cenar. Día perdido. El miércoles jugaba Boca. El partido era de noche, pero ya sabe cómo somos los hinchas de fútbol. ¡Y más cuando juega Boca! Estuve todo el día nervioso, sin pensar en otra cosa. Yo quería estudiar, pero ni pude acercarme a la carpeta. ¿A usted le gusta el fútbol? Seguro que sí. No sé si sabe que en casa a todos nos gustan las Matemáticas. Mi mamá es una genia haciendo cuentas. A mi papá, de chico, le costaba entenderla, pero, como se la llevó siempre a rendir, al final le fue agarrando el gustito. Él dice que es importante aprender todas las materias, pero especialmente Matemáticas. Y además dijo que todas las profesoras tienen su corazoncito, y que si le explico bien y con mucha educación me va a entender.Vuelvo a la semana pasada: el calor no aflojaba. Entonces esa noche mi mamá nos puso el ventilador en la pieza. Yo duermo con otro hermano, el menor. A él también le encantan las Matemáticas, aunque recién tiene 5. Es que es muy adelantado para su edad.Parece que fue el ventilador, porque a la mañana del jueves me desperté enfermo. Estaba tan lleno de mocos que no podía respirar. Disculpe las palabras, pero así dijo la médica: lleno de mocos. Desde entonces estoy tomando un jarabe espeso y asqueroso, cada ocho horas.¿Qué le faltaba a esa noche? Corte de luz. Total.¿Cómo le explico? Entre el calor, los mocos que me ahogaban, el jarabe que me daba sueño y la oscuridad, no pude ni encontrar la carpeta. Y entonces llegó el viernes, día de la prueba. Mi viejo decía que faltara; mi vieja, que no. Por supuesto, fui a rendir. Me sentía muy mal, profe, triste y desanimado. Por eso me saqué un 3.¿Pero sabe qué pensé que podemos hacer? Si usted me sube el 3 a un 5, no me la llevo a marzo sino a diciembre. Y capaz que en el coloquio puedo demostrarle cuánto me gusta su materia. Y si llego a aprobar, capaz que pasamos unas lindas Fiestas en familia. Usted me entiende. Le dejo la idea; no hay apuro, piense tranquila y me avisa.Ahora le mando un beso. O mejor un abrazo, que es más respetuoso.Su alumno, Luciano.

