Temas del día:

A propósito del insólito Nobel de la Paz

Es de esperar que, después de este duro traspié, el comité del Nobel vuelva a la buena senda sin caer más en tan enorme error como el que nos ocupa. Salvador Treber.

16 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Salvador Treber (Profesor de posgrado de Ciencias Económicas de la UNC)
A propósito del insólito Nobel de la Paz

El 12 de octubre pasado, las autoridades que tienen a su cargo elegir y adjudicar anualmente los diversos premios Nobel dictaminaron que este año correspondía tal distinción a la Unión Europea (UE), por su "contribución a la paz mundial". Junto a tan inesperada como sorprendente decisión, también se divulgó un detalle bastante más prosaico. Debido a las dificultades económicas que están afrontando en la gestión específica del premio, esta vez la asignación pecuniaria respectiva será de unos 930 mil dólares. Es decir, disminuida en un 20 por ciento respecto de la cifra que se venía acordando en años precedentes.Para los laureados, esta última faceta constituye un detalle de poca importancia relativa, ya que lo verdaderamente significativo es la designación en sí misma.El premio a la UE era impensable para la gran mayoría y no logró acallar las justas e indignadas críticas que provocó. Cuando se trata de "la paz mundial", se debiera ser mucho más cuidadoso, pues los yerros en esta materia, en vez de coadyuvar a ella, lo único que consiguen es, además del repudio colectivo, quitarle su valor intrínseco.Sin embargo, la elección de este año tampoco es una "novedad", pues ya hay un antecedente bastante similar y cercano. Casi al inicio de su gestión presidencial, y cuando no había elementos para evaluarlo, Barack Obama fue distinguido con otro inexplicable Nobel de la Paz, pese a que el país que preside, Estados Unidos, concentra el 54,7 por ciento del total de presupuestos militares de que disponen los 207 países del planeta (alrededor de 656 mil millones de dólares). Europa, hoy. En esta oportunidad, el galardón no llega a ninguna persona, sino a la UE. ¿Qué segunda intención encerrará semejante dictamen? No es nada fácil encontrar motivaciones valederas. Al margen de la gravísima crisis que se ha desatado tanto dentro de la eurozona, que agrupa a 17 países, como en los otros 10 componentes que no la integran, hubo una larga serie de irregularidades desde comienzos de este siglo que los colocaron al borde del abismo.Por lo visto, no se tuvo en cuenta todo lo ocurrido en el siglo 20, ya que ese continente fue teatro principal de las dos grandes guerras mundiales, con niveles terroríficos de destrucción.Quizá se pretendió mejorar esta imagen, pero las multitudinarias manifestaciones y los insistentes reclamos que brotan a diario claman para que no se "recorten" los presupuestos de salud, educación y los servicios sociales.Así sólo se logra descalificar el Premio Nobel de la Paz, pues sus singulares otorgantes, implícitamente, han restado toda importancia a la caótica realidad y a los casi 25 millones de desocupados.Esto no es algo pasajero. Los analistas admiten que tan precaria situación y las angustias que derivan de ella se extenderán, por lo menos, hasta fines de esta segunda década.Semejante ceguera no fue consecuencia de emergencias fortuitas o apresuramientos; debe de haber objetivos no revelados que desdicen totalmente el espíritu y la propia razón de ser de dicha distinción. ¿Qué son los Nobel? El creador de los premios en cuestión fue el químico sueco Alfred Bernhard Nobel y, según su propio testimonio, los diseñó con el objeto de expiar una conciencia torturada por el remordimiento, al evaluar que haber inventado la dinamita se tradujo en una multiplicación de la capacidad de destrucción y en motor para sembrar la muerte por doquier. Por ello buscó alguna forma de que, por vía testamentaria –murió en 1896, a los 66 años–, se diera destino específico a la enorme fortuna que acumuló mediante el jugoso negocio de su comercialización.A la par de las encomiables acciones de reconocimiento, en Suecia sigue funcionando el Instituto Nobel, fundado para dar continuidad a su hallazgo, la dinamita, y allí se han ocupado de definirla como un componente radiactivo que se logra bombardeando el denominado "elemento 96" (curio) mediante iones de carbono.Es obvio que, con posterioridad, los especialistas de todo el mundo fueron introduciendo variantes que aumentaron su peligrosidad potencial de sembrar desastres y caos, lo que culminó medio siglo después con la aparición de armas atómicas y con el mortífero lanzamiento, en 1945, de estas bombas sobre las indefensas ciudades de Hiroshima y Nagasaki, con un saldo de dos millones de víctimas.Nobel no podía imaginar siquiera tan siniestra evolución, pero en esa especialidad todo puede pasar. Tiempos actuales. En los 66 años posteriores (1946-2012), los dispositivos atómicos se han diversificado y sofisticado cada vez más. Todo ello a despecho de las muy reiteradas declaraciones de los protagonistas estelares sobre la necesidad de destruirlos definitivamente, quienes admitieron que cualquier desequilibrado y/o irresponsable, e incluso hasta por error, podría llegar a pulsar el botón fatídico. Una contingencia semejante, con sus réplicas y contrarréplicas, estaría en condiciones de hacer desaparecer nuestro planeta y todo vestigio de vida en cuestión de muy pocos minutos. Estados Unidos es, por lejos, el más poderoso titular de armamentos de esa naturaleza y se suman a él por lo menos tres países de Europa (Francia, Reino Unido y Rusia) que poseen su propio arsenal, como así también otros tantos en Asia (China, India, Corea del Sur y Pakistán). Se sospecha que a ellos podría agregarse, aunque no está confirmado, Israel y es muy conocida la forma en que pugna Irán para lograr ese objetivo. Son demasiados operadores y la catástrofe puede ocurrir en cualquier momento. Originalmente, Nobel concibió que las autoridades de su país fueran quienes eligieran a los que, en su momento, realizaran nuevas contribuciones al saber humano en cada uno de cinco campos que señaló específicamente: fisiología y medicina, química, física, literatura y los que sumaran aportes positivos al logro de la paz mundial. En 1969, con régimen semejante pero financiado por el Banco Central de Suecia, se agregó economía. Es de esperar que, después de este duro traspié, el comité del Nobel vuelva a la buena senda sin caer más en tan enorme error como el que nos ocupa.