¿Y la paz, dónde está la paz?
Vivimos tiempos difíciles en nuestra sociedad del siglo 21, tiempos en los que muchas circunstancias hacen que las cosas nos parezcan confusas y no resulte fácil interpretar lo que está pasando a nuestro alrededor. Norberto Ruffa.
El gran escritor argentino José Ingenieros dijo que “el hombre es arquitecto de su propio destino”. Está a la vista que muchos han construido mal: la plomada no estaba ubicada en forma correcta y, entonces, la pared se levantó torcida. Como todos sabemos, los errores cometidos se pagan y hay que atenerse a las consecuencias.
Entendemos, también, que la historia se repite y que nada nuevo hay bajo el sol. En las Sagradas Escrituras, se dice: “Por lo cual la ley es debilitada y el juicio no sale según la verdad, por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia” (Habacuc, capítulo uno, versículo cuatro).
Estas palabras, dichas por el profeta en nombre de Dios, fueron pronunciadas hace muchísimo tiempo y, sin embargo, son de una gran actualidad. Son palabras que podríamos haberlas leído recientemente en un periódico o escuchado en un noticiero de radio o televisión.
Los hombres siempre han tenido conductas equivocadas, que terminaron perjudicando a la sociedad en su conjunto.
Ante esta situación constante, de una manera u otra, también trataron de buscar la paz tan ansiada por la mayoría de ellos. Pero no lo han logrado aún.
Desde que tengo uso de razón, escucho hablar, por ejemplo, de “la paz en Medio Oriente”. Y pasa el tiempo y la paz no viene, por más que humanamente hagan lo imposible por conseguirla.
Los cristianos creemos que la paz está en Dios, por la sencilla y simple razón de que Dios es paz y todo aquel que se acerque a Él indefectiblemente la va a encontrar.
Dios no es hombre: es Dios; piensa y actúa no como hombre sino como Dios. Por eso, el único que puede otorgar al ser humano una paz verdadera y permanente es Él.
Entonces, no tengo una visión negativa sobre las cosas que veo y escucho, sino todo lo contrario: tengo una visión esperanzada, porque sé que Dios hace milagros (de hecho es el único que los puede hacer) y que los hombres tenemos la posibilidad de acercarnos a Él, tener fe en Él, entregarle nuestras vidas.
Seguramente, como siempre lo ha hecho, Él va a cambiar las cosas, porque se especializa en arreglar aquello que para el hombre resulta imposible de solucionar.
Entonces vamos a poder contestar la pregunta inicial que da título a esta columna: ¿En donde esta la paz? La paz está en Dios.
*Pastor evangélico, miembro del Comipaz.

