Temas del día:

Pasiones superficiales

El “antagonismo” de Laclau es un concepto que indica que en las sociedades contemporáneas, complejas y plurales, es imposible postular un principio absoluto y natural de orden social. Alejandro J. Groppo.

21 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Alejandro J. Groppo (Investigador del Conicet; docente universitario)
Pasiones superficiales

Claudio Fantini publicó el 9 de octubre último una columna titulada La teoría que disfraza un instinto , en la que enuncia una serie de conceptos equivocados, producto seguramente de sus instintos y pasiones políticas, en relación con la teoría política de Ernesto Laclau. Sostiene que, según Laclau, "el poder se construirá sobre la porción mayoritaria, excluyendo a las minorías y efectuando transformaciones mediante plebiscitos y compulsas". Agrega que "la consideración de 'enemigo' para todos los que expresen a las minorías revela el influjo inspirador de Carl Schmitt", "ideólogo nazi" y fundador del "relato nacional socialista". Superficialidad. La tradición teórica desde la que Laclau piensa la política es el marxismo gramsciano y no el schmittianismo, al menos no el schmittianismo que Fantini presenta. La idea clave del pensamiento de Laclau es la del "antagonismo". Este concepto no se refiere a que haya "amigos" de un lado, que buscan matar o eliminar a "enemigos" de otro lado, sino que es un concepto que indica que en las sociedades contemporáneas, complejas y plurales, es imposible postular un principio absoluto y natural de orden social. El pluralismo es inerradicable, porque la sociedad no puede ser pasible de una determinación en última instancia. "La sociedad no existe", afirma. En la perspectiva de Laclau y Mouffe, son justamente las ideologías totalitarias (como el nazismo o el stalinismo) las que proveen un único principio interpretativo de "existencia" del orden social, las que, por imponerse como "verdaderas", suponen la ilegimitidad y la eliminabilidad de todo principio opuesto.Como no hay una "última objetividad social", afirma Laclau, la disputa conflictiva y vivaz por parte de visiones políticas competitivas y diferentes se da de manera "hegemónica"; es decir, articulando de manera trabajosa y precaria a grupos particulares (partidos, sindicatos, movimientos de la sociedad civil, organizaciones diversas, ¡todos ellos pueden ser minoritarios!) a través de "cadenas de equivalencias", a fin de postular un orden que transforme el statu quo. Sólo una lectura superficial y errada puede entrever una demonización de las minorías. La opción política de Carl Schmitt, despreciable por nazi, se funda en que lo político es consustancial a la distinción en sí y que implica que si uno de los polos elimina al otro (los amigos eliminan a los enemigos) se termina la política y empieza la guerra. Allí, el enemigo deja de ser relativo y parcial y pasa a ser algo absoluto. La posición de los publicistas antischmittianos parece estar ya cruzada por la misma dualidad que dicen criticar. La posición política que ellos construyen (república, consenso, seguridad jurídica, libertad para acumular ganancias) sólo adquiere significado a partir de una polarización del espacio discursivo, en el cual el otro es visto como negativo recíproco: populismo, conflicto, redistribución del ingreso, igualdad de oportunidades. Es en este sentido que son el equivalente estructural invertido de lo que dicen enfrentar y la pasión con la que atacan parece fundarse, de modo sintomático, en la "crispación" que reciben desde el otro lado. Pero no todo es lo mismo: hay una excepción al síntoma y es la responsabilidad –histórica, personal, absoluta, indelegable, decidida– por haber sido funcionarios jerárquicos de olvidables gobiernos pasados.