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La orgía perpetua

Mario Vargas Llosa aún no había cumplido 40 años cuando escribió un ensayo sobre Madame Bovary de Gustave Flaubert, verdadero manual de cómo analizar (o escribir) una novela. Ángel Stival.

13 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
La orgía perpetua

Mario Vargas Llosa aún no había cumplido 40 años cuando escribió un ensayo sobre Madame Bovary de Gustave Flaubert, verdadero manual de cómo analizar (o escribir) una novela. Lo firmó en Málaga, España, en abril de 1974, cuando pisaba en forma casi definitiva suelo europeo como una celebridad del movimiento literario conocido como " boom latinoamericano", al que había contribuido en forma decisiva con obras como La ciudad y los perros , La Casa Verde y Conversación en La Catedral . Hay tres maneras de analizar una novela, dice Vargas Llosa: la primera es individual y subjetiva, la impresión que la obra causa en el lector; la segunda, con pretensiones científicas, analizando lo que la historia es, las fuentes que aprovecha, la manera como se hace tiempo y lenguaje; y la tercera es la ubicación histórica. Critica la hipocresía de quienes defienden un libro afirmando que "la invención de situaciones eróticas se haría con un propósito científico, para instruir al lector o con ánimo moralizante (pintar el pecado para combatirlo) o la belleza de la forma ha sublimado de tal manera la materia sexual que ésta ya sólo puede provocar elevados goces espirituales... ¡Cuántas patrañas! En mi caso, ninguna novela me produce gran entusiasmo, hechizo, plenitud, si no hace las veces, siquiera en una dosis mínima, de estimulante erótico". Quien haya leído El sueño del celta , su último libro, reconocerá esa intencionalidad en los secretos placeres homosexuales de Roger Casement. "Al cabo del tiempo –agrega– sectores cada vez más amplios han llegado a admitir que el hombre tenía derecho a comer, a pensar y a expresar sus ideas libremente, a la salud, a la vejez segura. Pero todavía como en los tiempos de Emma Bovary, se mantienen los mismos tabúes –y en esto la derecha y la izquierda se dan la mano– que universalmente niegan al hombre el derecho al placer, a la realización de sus deseos".Con audacia, extiende su penetración a la psicología de Flaubert: "Su inapetencia no significa que prescinda del sexo, sino que llega a sustituir provisionalmente a la mujer por la literatura como foco de deseo y fuente de placer. Escribir –entrega, en su caso, tan vehemente y total como la del coito– era para Flaubert una orgía" (perpetua).Así que este hombre que ahora se divierte afirmando que iba a hablar de literatura al inaugurar la Feria del Libro, pero que el intento de veto lo obliga a hablar de política, tiene un pensamiento crudo y no vendrá a recitar convencionalismos.