No saben dónde están parados
El argumento de la pesada herencia está agotado. Walter Nostrala.
Primer acto: el intendente Daniel Giacomino dice que le dejaron una herencia de cinco mil empleados de más y le echa la culpa al intendente anterior (Luis Juez).
Segundo acto: el secretario de Gobierno, Walter Arriola, dice que en la Municipalidad sobran tres mil empleados y le echa la culpa al intendente anterior (Luis Juez).
Tercer acto: Giacomino dice que van a tener que tercerizar servicios porque los empleados no alcanzan.
¿Cómo se llama la obra? No saben dónde están parados.
En 2008 y 2009, Giacomino, junto a los ex secretarios Francisco Delich y Guillermo Luque, anunció la realización de un censo de empleados que nunca se concretó. Ahora, cuando apenas falta un poco más de un año de gestión, nos informan que están por realizar una "reingeniería" de personal para tratar de mejorar la acción municipal. Pero, ¿dónde sobran empleados? ¿En qué áreas faltan? ¿Cuál es el número óptimo de personas en la planta municipal? No lo saben.
Tampoco reconocen que la propia incapacidad de Giacomino para administrar y la falta de contracción al trabajo de sus funcionarios parecen ser las causas principales de lo que tanto los desvela.
Vayan, para aclarar el tema, algunas precisiones.
1. Al 31 de octubre de 2003, la Municipalidad contaba con 7.985 trabajadores, en tanto que a marzo de 2010 había 9.537 empleados, incluyendo en ambas cifras a los contratados por los artículos 8 y 9 y al personal en planta permanente. La diferencia está muy lejos de los cinco mil de más que manifiesta Giacomino.
2. Del total del personal incorporado a la planta permanente durante el período 2003-2007, 1.119 empleados se venían desempeñando como contratados por gestiones anteriores a 2003, en algunos casos con antigüedades de entre 3 y 11 años en esa condición.
3. Del total de los trabajadores incorporados, más de 50 por ciento corresponde a las áreas de salud, educación e infraestructura.
4. En relación a los agrupamientos de destino del total de los agentes incorporados, 30 por ciento corresponde a profesionales, otro 20 por ciento son técnicos y docentes de escuelas y jardines maternales, sólo el 20 por ciento son administrativos y el resto pasó a las áreas operativas, servicios generales y maestranza. En ese último estamento, ahora se dice que falta personal.
5. Durante la gestión de Luis Juez, el encargado de los ingresos del personal fue Marcelo Cáceres, quien actualmente es mano derecha del intendente y gestor de fondos nacionales que nunca llegan a Córdoba.
Está claro que cuando los directivos, en este caso funcionarios públicos como Giacomino y Arriola, no saben hacia dónde conducir sus responsabilidades, es muy difícil que los subordinados puedan ser conducidos con eficiencia. Cuando no hay respeto mutuo, mucho menos aún.
Conflicto fabricado. El actual intendente se esforzó el año pasado en "fabricar" un conflicto con los empleados, simplemente porque su socio político -Ricardo Jaime- se lo propuso para perjudicar las chances electorales de Juez, que de todas maneras se alzó con el triunfo. En ese momento, se recortaron horas extras, prolongaciones de jornadas y otros beneficios, restituidos después de las elecciones con un costo económico que superó ampliamente el ahorro pretendido y con un costo social incalculable.
Hoy, en medio de esa maraña de contradicciones, se siguen pagando esas horas extras y contratando personal bajo la figura de monotributista, pese a que aseguran que el municipio está superpoblado. Otra mentira más y otro desconcepto que confunde la afectación del presupuesto por la masa salarial, con la cantidad necesaria de empleados para cumplir con sus funciones.
Sirva como comparación el número de empleados de Rosario: 11 mil; mayor que en Córdoba y con un ejido sustancialmente más chico y con menos servicios (sin planta de tratamientos cloacales y sin escuelas y jardines municipales).
Claro que los rosarinos tienen destinado a sueldos un monto notablemente inferior al nuestro, pero también es bueno recordar que quien otorgó salarios que hicieron que los municipales cordobeses fueran los mejores pagos del país se llamó Ramón Bautista Mestre, un intendente al que la ciudadanía calificó de "exitoso".
Giacomino parece seguir pensando que los cordobeses somos estúpidos y caeremos nuevamente en la trampa, a casi tres años de gestión, de pensar que en la ciudad no se hacen obras y todo está peor que cuando asumió, por culpa de la herencia. El argumento de la pesada herencia está agotado, por más que el kirchnerismo se lo exija a Giacomino, quien no podrá volver a utilizarlo.
Pero la cuestión es que los baches abundan, la iluminación falta, los servicios de salud son mínimos y la realidad indica que ni el intendente ni sus secretarios saben dónde están parados.

