No hay blindaje para el pecado de soberbia
Hay sobradas evidencias, recogidas en la cúpula del poder, de que a la presidenta Cristina Fernández la atraviesa en soledad una cruel disyuntiva: ¿qué hacer con Amado Boudou? Carlos Sacchetto.
Hay sobradas evidencias, recogidas en la cúpula del poder, de que a la presidenta Cristina Fernández la atraviesa en soledad una cruel disyuntiva: ¿qué hacer con Amado Boudou? El vicepresidente ocupa el foco de la tormenta en las sospechas de corrupción y eso, por dos razones, está afectando la imagen de Cristina. La primera, porque es una pieza central de su Gobierno. La segunda, porque fue ella la que, también en soledad y ante el estupor de varios de sus allegados, eligió al economista rockero para que la acompañara en la fórmula.Lo que en realidad divide la molestia de la jefa del Estado es que sean las publicaciones periodísticas las que hayan provocado la investigación de la Justicia, con fuerte repercusión mediática.La disyuntiva presidencial es, entonces, entre dos caminos: soportar los costos políticos y el consiguiente desgaste de imagen o admitir la veracidad de lo publicado y entregar a la demonizada "prensa hegemónica" la cabeza de Boudou. Una dolorosa opción para el relato oficial. Lo hecho. Cuando se conocieron las primeras denuncias, Cristina habló con su vice y este le aseguró que era una mentira para desprestigiarlo. La estrategia fue, entonces, guardar silencio. El escándalo creció y hasta los funcionarios de mayor intimidad con la Presidenta se mostraron cautelosos. Cuentan en la Casa Rosada que hasta Máximo y Florencia, sus hijos, discutieron con ella sobre el tema y hubo disgustos. A los pocos días, la actitud de Cristina cambió.Cuando el juez Norberto Oyarbide recordó que en sus archivos tenía una vieja denuncia sobre el caso Ciccone y se ofreció a tomar la causa, uno de los operadores del Gobierno le hizo saber que no era necesaria su intervención.Nadie transmite semejante sugerencia si no es con la aprobación de la Presidenta. Al día siguiente, Cristina llamó a Boudou y, luego de una escena en la que no faltaron los gritos de ella, le dijo: "Vos asegurás que todo es mentira. Bueno, andá a los medios y demostralo". Desde hace 10 días, el vice intenta dar explicaciones en los programas amigos del Gobierno, pero no logra despejar las dudas.En tanto, la causa judicial sigue su curso y el fiscal federal Carlos Rívolo incorpora cada día más antecedentes que incriminan al ex ministro de Economía, cuando menos, en el tráfico de influencias.Son pocos los miembros del Gobierno que defienden a Boudou. Es más, hay altos funcionarios que no hablan con los periodistas críticos, pero hacen una excepción cuando el tema involucra al vicepresidente. Esas fuentes cuentan que aquella discusión de Cristina con sus hijos no se habría limitado al caso Boudou. Al parecer, la inestabilidad emocional que muestra la Presidenta en público la hace muy irritable en la intimidad.Si a eso se agrega su carácter fuerte y su empeño en confrontar con los problemas en lugar de buscar arreglarlos, el cóctel es explosivo. Máximo y Florencia le habrían recordado que por las mismas razones perdieron a su padre.La muerte de 51 personas en la tragedia ferroviaria de Once aún sigue erosionando al Gobierno, pese a los esfuerzos para evitarlo. Las encuestas oficiales señalan que la imagen presidencial cayó un 10 por ciento y eso decidió a la Presidenta a pedirle la renuncia al hoy ex secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi, en un gesto que se considera nuevo en el manual del kirchnerismo. Hasta ahora, nunca se había entregado a un funcionario en medio de los cuestionamientos públicos. Todo igual. El alejamiento de Schiavi no parece haber cambiado nada, salvo que se fue con el homenaje que le hicieron los aplaudidores de los actos oficiales. Los trenes siguen funcionando con graves problemas de seguridad y, según las palabras que el jueves se le escucharon al ministro Julio De Vido, el Gobierno sigue sin asumir su responsabilidad en la tragedia. A los ferrocarriles los desmanteló el menemismo cuando los Kirchner gobernaban Santa Cruz. Ahora llevan casi nueve años administrando el Estado nacional y nada se ha hecho para modificar aquella política ferroviaria.Lo cierto es que el siniestro y la pérdida de vidas humanas tuvieron varios efectos. Entre otros, hicieron postergar el retiro de subsidios a los trenes y apresurar la decisión de transferir a la Ciudad de Buenos Aires el manejo de subterráneos y colectivos. Hay allí una fuerte disputa política con Mauricio Macri, pero hay también una necesidad de achicar gastos de la caja nacional, que ha comenzado a adelgazar de manera notable.A un calificado observador político se lo escuchó reflexionar sobre el blindaje de la popularidad de Cristina: "Bueno, la novedad es que le entran balas".

