Año nuevo. Naw-Rúz: el amanecer del año 183 y la última oportunidad para la paz universal
La comunidad global bahá'í celebró el 21 de marzo el Naw-Rúz (Año Nuevo), el inicio del año 183 de la Era Bahá'í.
Con el equinoccio, la comunidad global bahá'í no solo celebra el Naw-Rúz (Año Nuevo), sino que marca el inicio del año 183 de la Era Bahá'í.
Este tiempo no es un simple cambio en el almanaque; es el recordatorio de una misión histórica: la construcción de una civilización en continuo progreso basada en la unidad.
Un calendario para el servicio humano
La Fe Bahá'í propone un ritmo de vida distinto. Su calendario consta de 19 meses de 19 días, donde el día comienza con la puesta del sol, simbolizando que en la introspección de la noche se gesta la luz del mañana.
Un aspecto vital son los Días Intercalares (Ayyám-i-Há). Estos días previos al ayuno son un espacio sagrado para la hospitalidad y la caridad. Resuenan con el espíritu de las grandes tradiciones (como la Navidad o las festividades islámicas y judías), invitándonos a recordar que el verdadero sentido de la fe se manifiesta en actos de servicio al prójimo.
De Oriente a Occidente: una profecía cumplida
La historia de la Fe Bahá'í está marcada por un movimiento profético. Desde 1844, el mensaje que nació en Oriente comenzó su marcha hacia el Occidente. Bahá'u'lláh, la "Bendita Belleza", cumplió las antiguas promesas al pisar territorio europeo en su exilio.
Desde allí, lanzó una proclama sin precedentes a los reyes y gobernantes del mundo, instándoles a abandonar sus armas y unirse en la construcción de la "Más Grande Paz".
Al ser rechazada esta propuesta por la mayoría de los soberanos de la época, Bahá'u'lláh legó ese privilegio y responsabilidad al pueblo bahá'í: la tarea de establecer el Reino de Dios en la tierra a través de la unidad del género humano, uniendo en su propia sangre el linaje de las tres esposas de Abraham.
La locomotora al final: un liderazgo de servicio
Este "Nuevo Orden" se basa en tres principios de unicidad: un solo Dios, una sola religión progresiva y una sola familia humana. Para los bahá'ís, el ser humano es esencialmente espiritual y el mejoramiento del mundo se logra mediante comunidades donde la verdad es la base de toda virtud.
Quizás lo más revolucionario es su Orden Administrativo. No existen clérigos; la administración recae en cuerpos colegiados de 9 personas, elegidos democráticamente. Estos representantes ejercen un liderazgo de servicio: son "la locomotora al final del convoy", cuyo motor impulsa a todos hacia adelante sin buscar el protagonismo. Son creyentes individuales que solo ejercen autoridad cuando consultan en asamblea, eliminando cualquier culto a la personalidad.
Conclusión: Una nueva chance ante el caos
Hoy, al entrar en este año 183, el panorama mundial nos devuelve el reflejo amargo de aquel rechazo histórico de los gobernantes. El desorden y el sufrimiento actual están a la vista; son la consecuencia de haber dado la espalda a la unidad propuesta hace más de un siglo.
Sin embargo, Dios, en Su infinito título de El Misericordioso y El Perdonador, no ha abandonado a Su creación. Nos ha otorgado una "nueva chance". Los eventos que sacuden al mundo hoy no son el fin, sino el preludio que ameritará, inevitablemente, una gran reunión de la humanidad. Es el momento de reconocer que somos hojas de un mismo árbol y que solo mediante las herramientas de unidad y consulta legadas por Bahá'u'lláh, podremos finalmente invocar el Reino de Dios en la tierra.
*Representante de la fe Bahá’í ante el Comipaz

