Mis recuerdos y nuestro presente
Estos esfuerzos conjuntos reditúan que el trabajo infantil no haya crecido en aquellos espacios de índole penosa y se haya incrementado la reinserción educativa.
En 2002, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) declaró el 12 de junio como Día Internacional contra el Trabajo Infantil. El propósito era dar a conocer el alcance del problema y promover iniciativas para resolverlo.
En la actualidad, cerca de 197 millones de niños trabajan en el mundo, muchos a tiempo completo. Ellos no van a la escuela y no tienen tiempo para jugar. Muchos no reciben alimentación ni cuidados apropiados; se les niega la oportunidad de ser niños.
Hoy se entiende por trabajo infantil a toda actividad productiva o de servicio en la que participen niños menores de 16 años –cualquiera sea su condición laboral (reciban pago por su trabajo o no, sea este para un familiar o para terceros)– que dificulte su escolarización o que, por su ambiente y condiciones, implique perjuicios actuales o futuros para su salud y desarrollo psicofísico.
No soy amigo de las expresiones autorreferenciales, pero no olvido que por necesidades propias de mi origen familiar debí comenzar a trabajar desde los 9 años en el reparto de diarios.
Esto significaba afrontar los fríos de la madrugada y el riesgo de las calles, y me privó de la posibilidad de acceder a la escuela en iguales condiciones que mis compañeros.
Esa situación me impulsa a redoblar esfuerzos para evitar que un niño viva esa desigualdad.
En 2014, llegué al Ministerio de Trabajo luego de mi militancia social y gremial. Las primeras consignas que me dio el gobernador José Manuel de la Sota fueron muy claras: contribuir a la paz social y combatir el trabajo infantil.
Desde el primer día, he puesto el acento en esa misión, que también es parte de mi historia. Sin tregua, hemos dotado de elementos legislativos y materiales a los equipos y organismos para que profundicen su accionar.
Llevamos adelante esa lucha todos los días y en todo el territorio. En estos años, incrementamos inspecciones y controles, con importantes logros en la detección y sanción de irregularidades.
Trabajamos mucho con la Comisión Provincial de Erradicación del Trabajo Infantil (Copreti), con la que potenciamos nuestra labor.
Esta consiste en el servicio de inspecciones, la detección de los casos y el abordaje a todo nivel, en especial en el núcleo familiar, donde muchas veces los esfuerzos chocan con cuestiones culturales que consideran positivo que el niño trabaje, incluso en ámbitos desfavorables, como forma de prepararlos para el futuro.
¿Qué hace el niño cuando se le cercena el derecho a educarse? Cumplidas las horas laborales que se le imponen, y libres de la obligación de estudiar, es muy fácil caer en las tentaciones de la calle, la esquina, la barrita y sus conocidas posibles desviaciones.
Nuestro gobierno procura facilitar la reinserción escolar mediante planes estudiantiles e, incluso –en un esfuerzo único en el país–, brindando el boleto educativo gratuito para facilitar el acceso a la escuela, como manera de generar igualdad de oportunidades.
Es una forma de no bajar los brazos en un medio laboral que cuenta con el 40 por ciento de los trabajadores adultos no registrados y donde la precariedad laboral es una norma.
Estos esfuerzos conjuntos reditúan que el trabajo infantil no haya crecido en aquellos espacios de índole penosa y se haya incrementado la reinserción educativa.
Desde las Naciones Unidas, se destacan como medidas preventivas el papel central que tienen los programas que reducen la pobreza y la vulnerabilidad.
En nuestra provincia, por ejemplo, el Confiamos en Vos promueve, mediante un sistema integrado, la inclusión social de jóvenes en situación de vulnerabilidad laboral y educativa.
Creo que el esfuerzo que hacemos es valioso, pero mientras siga habiendo niños privados de escuela y arrojados a la pelea del jornal, no bajaremos los brazos. Hace casi 60 años, Juan Domingo Perón ya nos decía: “Los únicos privilegiados son los niños”.
*Ministro de Trabajo de la Provincia de Córdoba.

