A mis colegas
En un país en el que por décadas el Parlamento estuvo cerrado y las urnas archivadas, muchos argentinos se imaginan una sociedad sin legisladores. Norma Morandini.
Si en mi doble condición de periodista y legisladora he podido tener la situación privilegiada de observar a unos y a otros, recibo ahora las consecuencias de un comportamiento del que yo también, como periodista, abusé: la generalización. Pero la práctica y el privilegio de haber trabajado junto con los periodistas más prestigiosos de las democracias desarrolladas me permitieron aprender a distinguir que los buenos profesionales son los que saben contextualizar y procesar la información en beneficio de aquellos a quienes deben servir: los ciudadanos.En el tema de los pasajes de los legisladores, presentado como "escándalo", me temo que no cumplieron con ninguno de estos parámetros. La información de la ONG Directorio Legislativo acerca del reintegro de los pasajes como una práctica institucionalizada es veraz en parte, pero falsa en su conclusión.Ni siquiera se investigó desde cuándo se realiza ese pago "en negro", ya que no es un monto contributivo y al que se pueda rechazar, a no ser que uno salga a regalar los pasajes que no utiliza a los parientes y a los amigos.Yo, que no decidí esa modalidad y la critiqué públicamente desde que ocupé una banca, no fui consultada por ningún colega, como corresponde a la ecuanimidad que se debe pedir a un periodista que trabaja con responsabilidad. Acceso a la información. Estoy entre los legisladores que veníamos exigiendo transparencia; por eso nos involucramos en el trabajo de una ley de acceso a la información, sancionada en el Senado y que ahora duerme por causa de las mayorías parlamentarias. Es un instrumento fundamental para que sea la ciudadanía la que pueda acceder de manera clara y transparente a la información del Estado como derecho. Sea una organización no gubernamental, un periodista o un ciudadano de a pie.He dado pruebas del énfasis con el que defiendo el derecho de la prensa a decir, como inherente a la democracia, sin pensar en los periodistas que la desacreditan o los lobbistas que "operan" la información porque frecuentan los despachos y las redacciones. Ahora demando la responsabilidad que es inherente al privilegio de influir sobre la opinión pública. No por mí, sino para impedir que se ahonde ese puente roto entre la ciudadanía y sus representantes.A nadie se le ocurre imaginar una sociedad sin jueces, pero no hace falta la encuesta para descubrir que, en un país en el que por décadas el Parlamento estuvo cerrado y las urnas archivadas, muchos argentinos se imaginan una sociedad sin legisladores. Si se ignora o desconoce cuál es la función de un legislador, ¿cómo se podrán juzgar los perfiles de idoneidad acordes con esa función?Escuché a colegas de prestigio decir "sólo hacen pedidos de informes", ignorando que esa es una herramienta legislativa para cumplir con la función de control del Poder Legislativo. Otros nos miden por el número de palabras dichas en el recinto o la productividad con el número de proyectos presentados, que pone en el tope del ranking a los que son capaces de bajar el santoral con tal de presentar un proyecto de declaración. Responsabilidad. En todo periodista auténtico hay una vocación pública innegable, pero como el periodismo –como dijo el maestro Ryszard Kapuscinski– no es una actividad para cínicos, demandar responsabilidad no es otra cosa que pensar en aquellos a los que debemos servir: los ciudadanos. Porque la riqueza de la democracia es que todos somos competentes para la política, tenemos el derecho a elegir y a ser elegidos. Sólo que las generalizaciones del "todos son ladrones", la falta de rigor periodístico, pero sobre todo que no se quiera aprobar una ley de acceso a la información impiden que los ciudadanos participen en las cuestiones públicas y sean efectivamente quienes ejerzan el control.Nada mide mejor la calidad de una democracia que la calidad de la información y el debate público. Y me temo que parte del descrédito con el que carga también el periodismo es que olvidamos que, al igual que la representación, los ciudadanos son nuestro fundamento y razón de ser.Por eso, ya estamos en la hora de comenzar a hablar de la responsabilidad para honrar a los que nos delegan su confianza. Ya sea que nos lean todas las mañanas o confíen que cumplimos a conciencia la función de representarlos.

