Me duele el Carbó
El Carbó sí es un Faro del Bicentenario. Se cae delante de nuestros ojos asombrados, poniendo en evidencia la vacuidad del discurso de campaña. Susana Parés.
De nuevo, el Carbó es noticia. Ya habíamos leído en La Voz del Interior acerca del deterioro de este querido edificio que no es sólo parte imprescindible de la historia de Córdoba por su cuidada arquitectura y por lo que significó en su tiempo como obra pública, sino por albergar desde hace más de 100 años a generaciones de cordobeses. En sus aulas se formaron como ciudadanos útiles y fue el Carbó pionero en la formación de maestras nacionales. Génesis, a su vez, de esta Córdoba progresista, batalladora e irreverente. Los que hemos vivido sus aulas y sentido "la pertenencia" a la institución, seguimos asistiendo a esta información continua de roturas, alimañas, impiedad. Se va desplomando, ahora por "arreglos", como una historia mal armada de promesas incumplidas. Docentes y edificios. Ante estos siniestros, con serenidad y como sociedad comprometida con la educación, debemos reflexionar sobre lo que está ocurriendo con dos aspectos fundamentales de la enseñanza pública: el estado de los edificios y la situación de los docentes. Cuando fueron elegidas las autoridades provinciales, desde el oficialismo se prometió un plan de reparación de edificios escolares, habida cuenta de que la situación no admitía disimulos. Elementales razones de sentido común hacen suponer que, para emprender un cometido de tal envergadura, debió existir al menos un relevamiento o catastro general que detectara la situación de los inmuebles. Tal inventario de daños o estado edilicio permitiría categorizarlos y asignarles prioridades, para de este modo establecer los mecanismos de reparación, sea por medios estatales o contratando a empresas o cooperativas a través de los mecanismos de licitación pública, para asegurar la máxima participación y los mejores precios. En definitiva, para que las reparaciones las realizaran quienes son idóneos. ¿Qué ocurrió? No lo sabemos. Este diario informó que un porcentaje alarmante de las contrataciones es de modo directo. Desde hace años, cuando empezó el "desplome", se dijo: "Es difícil reparar porque se trata de un inmueble histórico". Todos los inmuebles catalogados como "de valor histórico" pueden ser reparados, observando las normas sobre la conservación o preservación de lo que la ley en cada caso "protege" y arbitrando los recaudos pertinentes. Universidades europeas funcionan en edificios de precioso valor, sin ningún inconveniente.Pero no se trata sólo del lamentable estado edilicio de los establecimientos, sino también de la "carga" que se pretende agregar a los docentes. Y no falta alguien que ponga en cabeza del docente la "obligación" de estar atento a los desperfectos, como si su propia tarea no fuera ya suficiente. Así se ha pretendido que éste sea experto en plomería, estructura edilicia, psicólogo, médico, enfermero, vigía de casos de violencia doméstica o agravios a la integridad sexual, mediador permanente, consuelo de aflicciones y estremecedor objeto de violencia de algunos padres y alumnos.Es hora de delimitar las responsabilidades de cada uno dentro de la organización del Estado. Cuando una escuela deja de funcionar, aunque sea por breve tiempo, se diluyen oportunidades futuras y se cercena el derecho a la educación. ¿Cuántos Carbó hay esperando, cuánta grieta oculta se agazapa sobre la vida de los estudiantes?El Carbó se deteriora. El Carbó sí es un Faro del Bicentenario. Se cae delante de nuestros ojos asombrados y pone en evidencia la vacuidad del discurso circunspecto de campaña y los resabios de festejos. Se presenta, en definitiva, como un artilugio arrogante.
*Abogada; docente universitaria; egresada de la promoción 1968 de la Escuela Alejandro Carbó.

