Martes 13 al desnudo
En ese marco, cobra real dimensión la advertencia popular: “Martes, no te cases ni te embarques”, porque era muy probable ser tomado por judío.
“Martes, no te cases ni te embarques”. El refrán es conocido, pero no necesariamente su origen. Y, aunque no lo crean, tiene muchísimo que ver –todo que ver– con un tema judaico.
Al ser los refranes creaciones populares y anónimas, es difícil demostrar dónde, cuándo y por qué surgen, salvo en algunos casos excepcionales donde hay evidencias suficientes. Estamos frente a uno de ellos.
Pero antes de develar semejantes misterios, precisamos releer el primer capítulo del texto bíblico, esos maravillosos párrafos que comienzan con un lacónico "En el principio creó Dios los cielos y la tierra", lo que dio lugar a un sistema creativo único, desgranado en seis días consecutivos coronados por el shabat , el consagrado séptimo día, cuando el Creador cesó su obra maestra.
A excepción del sexto día, que es calificado como “muy bueno” por Dios (quizá porque incluyó en él la creación del ser humano), los días restantes tienen como corolario una observación divina que se repite: “Y vio Dios que era bueno”. Así sucede al crearse cada elemento constitutivo de aquellas primigenias jornadas cósmicas. Sin embargo, el tercer día tiene una particularidad: es el único en que esa valoración divina se registra dos veces, lo que originó un ancestral dicho hebreo que sostiene: “El tercer día, dos veces bueno”.
He aquí que el tercer día bíblico es el martes. Y así empezamos a acercarnos a nuestro refrán, del que podemos fechar su nacimiento en el siglo XIV en tierras hispánicas, dominadas por la feroz vara de la Inquisición.
En esa oscura época española, ser reconocido como judío acarreaba serios riesgos, que podían incluso llegar a costarles la vida a muchos paisanos. Demostrar entonces algún signo de identidad judaica era poco menos que peligroso.
Pero mis antepasados eran un tanto porfiados y a veces no soportaban con demasiado estoicismo la opresión y trataban igual de salirse con la suya, siguiendo con sus tradiciones y costumbres milenarias, aunque más no fuera puertas adentro, para no levantar la más mínima sospecha.
Y ya hacía varios siglos que, por una cuestión de “cábala” (otra palabra hebrea para profundizar), si algún judío quería poner una fecha de casamiento o un día para zarpar desde el puerto, era obvio que elegiría un martes, porque no de casualidad el texto bíblico le adscribía al tercer día doble bondad, y por ende doble ración de suerte...
En ese marco, cobra real dimensión la advertencia popular: “Martes, no te cases ni te embarques”, porque era muy probable ser tomado por judío y enviado de inmediato a los tribunales inquisitoriales, que no se caracterizaban por ser muy justos.
Si a eso le sumamos que el número 13, para la mística hebrea, es una de las cifras cardinales porque alude a la unicidad de Dios (escrito en hebreo " ejad ", cuyo valor lingüístico es precisamente 13, al sumar el valor numérico de cada letra), y que la palabra " ahavá ", que significa "amor", también da como resultado idéntico guarismo, se supone que un martes 13 era un día ideal para casarse, de múltiples suertes. Pero, en la península ibérica de entonces, era exactamente lo contrario...
Un dato más. El vínculo entre la boda y los barcos también se cruza en un vidrioso ritual que pone al descubierto más misterios, pues a nadie se le escapa el ritual de estrellar una botella contra el virgen casco de un barco antes de botarlo al mar, tanto como la harto conocida tradición hebrea de romper una copa para finalizar cada casamiento.
Pero eso prefiero no explicárselos hoy. Estamos en martes 13; me da un poco de “cosita”. Mejor lo dejamos para otro día...
*Rabino, integrante del Comipaz.

