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Lugares fantásticos

Escribe Juliana Rodríguez. Más información en Días Contados.

26 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Lugares fantásticos
DÍAS CONTADOS. Lugares fantásticos (Ilustración Juan Delfini).

Entre mis 7 y 12 años, en cada fiesta de cumpleaños obligué a mis invitados a ver en continuado las películas Laberinto , Leyenda y Willow , una y otra vez, sin atender a sus reproches. Leí La historia sin fin a los 8; El señor de los anillos a los 13; todo Úrsula K. Le Guin a los 16, y cuando creí que había madurado devoré los ladrillos de George R. Martin y La saga de los confines , de Liliana Bodoc, como si fueran bocaditos Marroc. A esta altura de mi vida, la cosa es irreversible. Es decir, el daño está hecho. No creo que la fantasía sirva para escapar de la realidad. También puede trastrocarla, desnaturalizarla y ayudarnos a comprenderla. El "te lo explico con manzanas" para varios de nosotros fun­ciona mejor con "te lo explico con Game of Thrones ".Por ejemplo, el reciente triunfo del señor rico y rubio del norte de América puede encontrar un paralelismo si alguna fanfiction reescribiera la historia contando cómo, en Desembarco del Rey, Joffrey Baratheon llegó al trono de espadas por voto popular. El Brexit explicado con Tolkien plantearía cómo los elfos decidieron romper con la Comunidad del Anillo y cortarse solos, lejos de enanos, hobbits y hombres.Nada que no haya dicho antes Junot Díaz en La maravillosa vida breve de Oscar Wao , novela en la que un adolescente dominicano que vive en un gueto de Nueva Jersey mira el mundo y cuenta su historia atravesado por su fanatismo por las novelas de fantasy.En Córdoba, ya es un lugar común comparar el Faro del Bicentenario con el ojo de Sauron.La fantasía es útil también para alterar espacio y tiempo. Pócimas y huevos de dragón Es sábado, en la ciudad hace tanto calor como en Mordor y con mi hermana decidimos pasar la tarde en el festival medieval fantástico Elen Galad. Ya fui a tantos eventos parecidos que he perdido la capacidad de sorpresa. Pero como esta vez voy de Virgilio de mi hermana, es como un debut.En el ingreso al predio de la Asociación Cultural Israelita de Córdoba (Acic), en barrio Jardín (un galpón enorme con canchas, pileta y cantina), un chico suda debajo de una capa verde que le llega hasta los pies. Se encarga de cobrar la entrada con movimientos lentos y parsimoniosos, que se alteran cuando hurga en su bolsillo para buscar cambio de 100 pesos y saca un ramo de billetes arrugados."Sírvase, adelante", dice después, y hace un gesto afectado para dar la bienvenida y traspasar el umbral. Le cobra a todos los que hacen fila menos a uno, que llega con una camisa blanca que usaría Legolas y dice en voz baja "Arwen", o algo así.Nota mental: para la próxima, ya sabemos que la contraseña es en lengua sindarin.Adentro, debajo de los aros de básquet y sobre los dibujos borroneados de la cancha, hay stands de objetos maravillosos: huevos de dragón, espadas y mandobles, libros de historias fantásticas cordobesas ( Los reinos de Hérion y las hermosas ilustraciones de Lepka), amuletos, frasquitos de colores con pociones.Dos hermanos de unos 8 y 10 años, respectivamente, que en la entrada nos amenazaron con "hechizarnos" con unas ramas jurando que eran varitas mágicas, ahora lloriquean al lado de un puesto que vende copias de las varitas de Harry Potter, para pedirle a su madre que les compre una. Ojalá no les dé con el gusto, pienso.Nos cruzamos con un hombre alto de lentes, remera y jogging . Le veo cara conocida, pero no me acuerdo de dónde. 10 minutos más tarde lo vemos pasar con una cota de malla, vestido como caballero, y sólo lo reconozco porque tiene los mismos lentes.Lo vi en todos los encuentros medievales, pero esta es la primera vez que lo veo vestido de civil, en su versión Clark Kent.Entonces aparece su compañera, una chica de rulos colorados que siempre está en estos eventos con un vestido vaporoso, tiara y orejas puntiagudas. Me pregunto si así cenan un lomito y ven tele en la cama.Pasamos por la zona de arquería, de soft combat ; por el castillo inflable para los niños (nunca mejor ambientado que acá); nos abanicamos; comentamos que en este clima tropical un dragón se moriría deshidratado, y escuchamos el concierto de música celta, que nos embruja mientras un señor toca la gaita vestido como si William Wallace combinara kilt escocesa con zapatillas Nike.Hay un ensueño que nos envuelve como una nube formada por el calor, la música, la estela de un bufón que pasa corriendo, una chica que tiene arco y flechas como Katniss Everdeen y los vapores de la cerveza artesanal caliente.Por unos minutos, nos olvidamos de que estamos en Córdoba, barrio Jardín, sábado por la tarde. Pero volvemos a la tierra durante el combate medieval, cuando uno de los luchadores se lastima, empieza a hacer señas con movimientos torpes de su armadura y al quitarse el casco le sangra un ojo. No hay médicos ni ambulancias en las fantasías medievales, así que hay que volver a Córdoba, barrio Jardín, sábado por la tarde y buscar uno. Love y dance El día no termina. Nos vamos a la Marcha del Orgullo y la Diversidad. Llegamos a plaza Vélez Sársfield, la calle se abre extensa, sin autos, con el escenario lleno de globos de colores, un DJ y dos grandes carteles que dicen " Love " y " Dance ".Canto en mi cabeza " I love to love (but my baby loves to dance) ", de Tina Charles. Nos sentamos en el cordón de la vereda un buen rato, a esperar a que llegue la gente.Desde lejos, empezamos a escuchar música, filas de personas que llegan bailando, cantando, chicos de tacos altos y plumas, chicas desnudas con la piel pintada en colores.La irrupción del "Ángel de la diversidad" es la estampa de un retablo pintado por El Bosco: un chico esbelto, con coturnos altísimos, vestido de blanco inmaculado, extiende a lo ancho de la Vélez Sársfield sus alas con los colores de la bandera LGTBQ.Enormes camiones con bailarines de música disco y tecno frenan justo al frente de la insólita fuente del Patio Olmos y nos zambullimos en la multitud. Bailamos con desconocidos, dejamos que las gotas de la fuente nos mojen el pelo, rodeadas de gente que se besa, celebramos como si estuviéramos en un mundo de arcoiris, sincronizadas con todos a nuestro alrededor.Dan ganas de cantar "Pero el amor es más fuerte" y esperar a que desde atrás de la Casa Radical emerja un séquito de ponies multicolores, unicornios y que de la fuente broten confites Sugus.Claro que recordamos que es Córdoba y 2016 cuando leemos los cartelitos de la marcha: "Justicia por Laura Moyano", "Pepa Gaitán, presente", "Inserción laboral trans", "Basta de crímenes de odio". Eso es lo bueno de la fantasía: podés cruzar el portal las veces que quieras y mirar desde ahí la realidad.Ya es de noche, las chicas de la banda Pequeño Bambi cantan en el escenario versiones punks de temas de Rafaella Carrá, vestidas como ositos cariñosos.Decido volver a casa. Cuando camino por el Paseo del Buen Pastor, me quedo mirando a una pareja de novios que posa para un fotógrafo. Ella tiene un vestido blanco pesado de lentejuelas y él un traje negro impecable. Miran a la cámara y el flash encuentra destellos que brillan como en un dibujito animado en sus sonrisas, en sus miradas y en su ropa centelleante.La familia de los recién casados también está vestida con trajes suntuosos. Pregunto a una señora que tiene todo el aspecto de ser una tía qué tipo de ceremonia es, y me dice que es un casamiento cuzqueño.Me quedo un rato más mirando cómo los peatones caminan apurados, mientras para la cámara el tiempo se detiene en esa postal de boda de otro mundo.Cuando pasan los minutos y algunos familiares empiezan a observarme extrañados, como si fuera la colada de la fiesta, emprendo la retirada. A veces, Córdoba puede ser un lugar fantástico.