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Los genios y el estrellato

Unamuno proclamaba la existencia del individuo real con hambre de supervivencia y afán de inmortalidad. Su mérito fue ignorado.

01 de febrero de 2016 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat | Periodista
Los genios y el estrellato

El neuropsiquiatra Sigmund Freud sentó las bases de una nueva psicología llamada psicoanálisis y recibió severas críticas y hostilidad por sus conceptos revolucionarios. En Viena, su ciudad natal, llegaron a tildarlo de inmoral. Para la época, tal repulsa parecía lógica: un sujeto que en el siglo XIX decía que la masturbación es normal, que somos lo que soñamos y que las neurosis son enfermedades psíquicas, se pasó de innovador en las ciencias de la mente. Pero terminada la Primera Guerra Mundial, al ver casi cara a cara tantos cadáveres en los campos, pues los encuentros fueron en su mayoría en trincheras, la gente se acordó de aquel loco que hablaba de un instinto tanático y lo rehabilitaron con la ayuda de Estados Unidos, que nunca lo perdió de vista.Dicho instinto de Freud (del griego thánatos = muerte) consiste en un principio destructor paralelamente opuesto a todos los instintos de conservación del individuo.Por otra parte, el bilbaíno Miguel de Unamuno (1864-1936) fue existencialista en el sentido que se le dio posteriormente al término, pues concibió al hombre no como un ser pensante sino como un ser "de carne y hueso", como una realidad existente.Este punto de vista, que puede rastrearse en San Agustín, Rousseau y Kierkegaard, es en el fondo de una realidad mucho mayor que la expresada en cualquier filosofía existencial. Proclamaba la existencia del individuo real con hambre de supervivencia y afán de inmortalidad. Su mérito fue ignorado. Pero, claro, ya no estamos en la España de seis o siete siglos atrás, que era la luz y el centro intelectual de una Europa con mentalidad medieval.Así las cosas, la gloria de haber creado el existencialismo cayó en su mayor parte sobre Jean Paul Sartre, máxime aun después de la Segunda Guerra Mundial.Ahí, ya con el auge de los medios de comunicación, este filósofo y escritor de obras de teatro (al igual que Unamuno) se favorece con la farándula. Los medios hablan de su romance con Simone de Beauvoir. Realiza sentadas y marchas con estudiantes y se da el lujo de rechazar el Premio Nobel de Literatura en 1964. Ese año, si todos los favorecidos lo aceptaron menos uno, lógicamente este último les roba cámara.Grandes pensadores fueron considerados en parte existencialistas: Abagnano, Jaspers, Marcel y Heidegger. Sobre este último, otro filósofo español, José Ortega y Gasset (1883-1955), se queja de que publicó antes que él conceptos metafísicos esenciales. En Pidiendo un Goethe desde adentro , dice: "Apenas hay uno o dos conceptos importantes de Heidegger que no preexistan a veces con anterioridad en mis libros", y ejemplifica: "La idea de la vida como inquietud, preocupación, inseguridad... se halla literalmente en mi primera obra, Meditaciones del Quijote , publicada en ¡1914! Pág. 116". Y menciona textualmente otros ejemplos.Pero, claro, en España, las mujeres, como hasta hoy, lavaban la ropa en las orillas de ríos y arroyos. Heidegger, en cambio, leía sus lecciones en la universidad sin levantar la vista. Y nunca contestaba las cartas (la mayoría de los filósofos sí lo hacían), y el ser un transgresor también roba cámara.