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Lento crecimiento de la UE

La Unión Europea sigue enmarañada en una crisis interna que condiciona fuertemente las posibilidades de un crecimiento uniforme y de políticas comunes claramente definidas.

18 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Lento crecimiento de la UE

Pasaron los tiempos de la polémica; ya nadie discute que existe una Europa de por lo menos dos velocidades. El grupo de vanguardia está integrado por Alemania, Francia y Gran Bretaña. Detrás marcha el resto, resignado a serlo. Es verdad que en ese trío hay más coincidencias entre Alemania y Francia y que, fiel a su tradición, Gran Bretaña suele dejar en un desván sus pulsiones europeizantes para retomar el clásico principio de que Londres está más cerca de Washington que de París o Berlín. Y las distancias entre Berlín y París comienzan a ampliarse, sobre todo desde que declina el prestigio de Nicolas Sarkozy y desde que Angela Merkel hace prevalecer sus propios intereses políticos internos por sobre el restablecimiento de identidad de objetivos con sus dos grandes consocios. No debe olvidarse que la canciller alemana retrasó en dos meses la ayuda económica de la Unión Europea (UE) a Grecia, que se hundía irremisiblemente en una grave crisis económica y social, porque le interesaba más vencer en las elecciones del land de Renania-Westfalia, de mayo último, que finalmente perdió. Y ahora puede suceder lo mismo con las elecciones de Baden-Württemberg, convocadas para el 27 de marzo próximo. Hasta entonces, pues, la UE será un tema que desciende renglones en la agenda alemana.La eurozona ya no sabe qué hacer con el euro, al que se considera demasiado sobrevaluado. Un retoque a la baja en su cotización fortalecería su poder de competencia en el comercio mundial, pero tendría como desagradables contrapartidas insostenibles aumentos en las facturas energéticas y de materias primas. Su crecimiento en 2010 será del 1,7 por ciento, muy por debajo de Estados Unidos (2,6), Japón (2,8), Brasil (7,7), India (9,7) o China (10,4). La crisis de Grecia no fue un mal trago, sino que es una botella magnum de líquido indigerible, porque sus nocivos efectos se perciben en la caída de gobiernos de centroizquierda y su reemplazo por movimientos conservadores, que, ya se está descontando, es lo que sucederá próximamente también en España. Y los conservadores siempre significan ajustes duros.Mientras tanto, los sondeos de opinión entre la juventud europea revelan niveles tóxicos de euroescepticismo, regresión en la conciencia europeísta y hartazgo. Eso se debe a que desde Maastricht, hace ya dos décadas, no se logra elaborar políticas comunes en relaciones exteriores y en coordinación militar, mientras crece el inconformismo por la Política Agraria Común (PAC), sobre todo en los países que pertenecieron al derrumbado bloque socialista. El desempleo afecta a 23,1 millones de ciudadanos, en su inmensa mayoría personas jóvenes. Es evidente que la UE ya no es la que fue en Maastricht, pero lo preocupante es que nadie puede predecir qué será en los próximos años, porque el sueño de una Europa de una sola velocidad se está desintegrando en subgrupos que marchan como pueden, cuando marchan.