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Lecciones de austeridad

Ahora ya se ve como normal que un docente, un enfermero o un médico no puedan pagarse los gastos que implica el perfeccionamiento en su profesión. Germán Magnani.

14 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
Germán Magnani *
Lecciones de austeridad

Los docentes de Córdoba no necesitamos que se nos pida "austeridad", como si se tratara de una materia nueva que debiéramos aprender. A esa materia, ya la tenemos aprobada hace rato. Desde hace años, el ejercicio diario de la austeridad es un hábito de cada docente y no se conocen registros de docentes que tiren manteca al techo. Por desgracia, esta sequía de los bolsillos tiene efectos sobre la calidad de la tarea de educar.Sólo alguien que no tiene una buena educación puede pensar que esta austeridad forzada no tiene efecto alguno sobre la calidad de la enseñanza.Tomemos, por ejemplo, la materia inglés, que se dicta en muchas escuelas de esta provincia. ¿Cuántos profesores de inglés han viajado, aunque sea una vez en su vida, a alguno de los países donde este idioma es lengua nativa? Pocos, muy pocos. No tienen, entonces, la experiencia viva del idioma. Por lo tanto, si tuviéramos que ser honestos, en estas condiciones, la materia en cuestión debería llamarse "interpretaciones latinoamericanas del idioma inglés" o, a lo sumo, "lecto-comprensión del inglés".Tomemos, por ejemplo, la materia lengua y literatura. ¿Cuántos profesores de esta materia pueden dedicar una parte de su salario a comprar tres o cuatro novelas por semana y además, tener tiempo para leerlas? Pocos, muy pocos.En una entrevista realizada el año pasado, el físico Alberto Maiztegui comentaba que, al comienzo de su carrera, ganó un concurso de docente en el Liceo Militar General Paz "y –dijo– con lo que me pagaban por 15 horas vivía decorosamente con mi mujer y mi hija en un departamento frente a la Plaza España" (en la ciudad de Córdoba).Vivir decorosamente con 15 horas cátedra en la docencia provincial, y más aún teniendo hijos, hoy es una misión imposible. ¿Café y cigarrillos? Como soy docente, no me queda otro remedio que escribir algunas líneas de este texto en primera persona, pues de otro modo, lo que estoy relatando sonaría forzado y falso. Hace muchos años, tuve la oportunidad de escuchar el discurso de un político que en ese momento era candidato a gobernador. Su anhelo, dijo, era el siguiente: "Que cada cordobés pueda, todos los días, comprar una etiqueta de cigarrillos, tomar un café y leer el diario".Vamos a lo esencial: ¿cuánto significa esto en dinero? Imposible que un docente gaste ese dinero en algo distinto a sus necesidades fundamentales. Lo demuestra ese subsidio a la pobreza que es el boleto educativo, recientemente implementado y que, la verdad sea dicha, no nos viene nada mal.Uno de mis profesores de matemáticas del secundario comentó una vez, entre la risa y la amargura, que con el sueldo que ganaba en una de las escuelas donde trabajaba le había alcanzado para comprarse... un pantalón. Seguramente, cualquier estudiante cordobés puede contar varias anécdotas tragicómicas de este tipo.¿Cómo pensar después en cigarrillos, en cafés...? ¿Cuántos profesores de artes pueden viajar dos o tres veces al año a la ciudad de Buenos Aires y darse el gusto de ver esas muestras que jamás llegan a Córdoba? Despilfarro. Ahora ya se ve como normal que un docente, un enfermero o un médico no puedan pagarse los gastos que implica el perfeccionamiento en la propia profesión. Todo el dinero sale de una misma caja: la caja del Estado provincial. Es por eso que ese pedido de "austeridad" (y que, lo sabemos, terminará siendo un hecho, una imposición, un ajuste) sólo se entiende con su contraparte: el despilfarro.Este pedido sólo se entiende si lo leemos junto con esa multitud de otros hechos que también se ven como normales (pero que rozan la inmoralidad), como son las obras públicas chapuceras, mal hechas, con una pésima relación calidad-precio, que generaron y generan gasto y un beneficio poco acorde con ese gasto.Como ejemplo paradigmático, vale la terminal de ómnibus que se inunda. O la nueva Casa de Gobierno, que parece que no es muy funcional que digamos.Pero tampoco nos olvidemos de la demolición de la antigua Casa de Gobierno, ese edificio construido por decisión de Eva Perón y que tenía la solidez de un búnker. Y el pago de alquileres inmobiliarios para alojar, en el mientras tanto, a las reparticiones que allí trabajaban. Y la extensión de la avenida Chacabuco, que no suma ni resta al mejoramiento del tráfico de autos por la ciudad. Y los puentes peatonales de uso incómodo, cuya función, además, podía sustituirse por un par de semáforos. (No vale la pena mencionar el Faro del Bicentenario, para no entrar en la discusión de si debía, o no, hacerse.)¿Cuántas otras cosas hay, que desconocemos porque no están a la vista, o porque no aparecen en los medios de comunicación?Hace varios años, el escritor español Arturo Pérez-Reverte fue entrevistado por un conocido periodista cordobés en el auditorio de una universidad privada. Pérez-Reverte fue corresponsal de guerra, y de eso trató buena parte de la conversación. Pero luego, la entrevista derivó a otros temas, como la política. En un momento, el escritor deslizó este comentario, esta exageración: "Si un político me habla de honestidad, yo me toco los bolsillos para ver si todavía tengo encima la billetera".Quienes salieron a pedir que los docentes, los trabajadores de la salud y los empleados públicos de la provincia aprueben la materia "austeridad" son esos mismos que viajan en helicóptero de acá para allá y que salen por televisión regalando relojes caros y botellas de champán de seis litros.Así no vale.

*Profesor de Estética y Crítica del Arte, Escuela Provincial de Bellas Artes Dr. José Figueroa Alcorta