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La medicina islámica

El médico musulmán se encuentra sujeto a los mismos criterios morales que cualquier otro creyente, actuando siempre de forma solidaria.

12 de noviembre de 2013 a las 06:28 a. m.
Ali Alejandro Badrán*
La medicina islámica

Para practicar la medicina, podemos apoyarnos en un concepto filosófico o ideológico de lo que entendemos por salud y enfermedad, o del papel que en ellas juegan tanto el médico como el paciente.

El mismo término “medicina islámica” se utiliza con frecuencia en alusión a prácticas o procedimientos terapéuticos bien diferentes. El médico musulmán es, en primer lugar, un creyente en Dios uno y único. Su papel como médico es una parte de su naturaleza como hombre, además de su creencia y práctica como musulmán.

Esto significa fundamentalmente que tiene un compromiso con su profesión de fe, de que “no hay más divinidad que Dios y que Mahoma es un enviado de Dios”.

Esta primera afirmación implica el reconocimiento de la absoluta unidad de todo lo existente y es lo que marca la diferencia fundamental entre creyentes e incrédulos.

Toda la creación y todo lo que existe, desde lo más alto, grande y lejano, hasta lo más bajo, pequeño y cercano nos indica la existencia cierta de un único Creador. Como nos dice el Corán: “Dios es la luz de los cielos y de la tierra. Donde quiera que dirijamos nuestra mirada, allí encontraremos la faz de Él”.

La medicina islámica, por lo tanto, se basa en el conocimiento contenido en los libros sagrados, como también en el ejemplo y en las enseñanzas de los profetas, para los que pedimos que Dios los bendiga y les dé la paz.

Aquí debemos señalar que, en el marco de referencia del Islam, no necesariamente debe ser entendido esto como una estructura legal rígida y dogmática, sino como un sistema de referencia, que permite tomar diferentes decisiones, según sea la naturaleza del momento, la situación y los distintos elementos involucrados en el proceso.

Los mecanicistas consideran que un cuerpo sano es semejante a una máquina bien hecha y en perfectas condiciones mecánicas; mientras que un cuerpo enfermo es como si sus partes no funcionaran correctamente y que, por lo tanto, es preciso ajustar o sustituir. Mientras que en el Corán leemos: “No hay enfermedad que Dios haya creado, sin que también haya creado su forma de curar”.

Concretando, y a modo de síntesis, podemos decir que la medicina islámica se basa en el reconocimiento de la absoluta unidad de Dios y único creador. El médico musulmán se encuentra sujeto a los mismos criterios morales que cualquier otro creyente, actuando siempre de forma solidaria y ayudando a los necesitados. Hay que tener en cuenta que la práctica de la medicina está basada en la compasión, es decir, servir con amor y con conocimiento a todos los seres de la creación, no únicamente para con los creyentes.

La medicina islámica tiene un carácter integral, ecológico, sistemático y universal, en su concepción de la enfermedad, de la salud y de la terapia, y es esencialmente preventiva; no está ligada a una determinada forma de terapia, ya que cada paciente es único, su situación y circunstancias son únicas, como también su enfermedad y remedio son únicos.

La salud, la enfermedad, los remedios y la muerte son parte del decreto de Dios, quien nos dice que debemos acudir a los médicos para consultarlos y que nos ayuden a recuperar la buena salud, sin olvidar los ruegos y las alabanzas a Dios.

Recordemos uno de los tantos dichos del profeta Mahoma ( Muhammad ): "El que busca la ciencia y la sabiduría solamente para eclipsar en gloria a otros científicos, o bien para atraer la atención de la gente, no pertenece a la comunidad de creyentes en Dios".  Uassalamu alaicum (la paz sea con todos).

*Imán, integrante del Comipaz.