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La investigación científica y la bioética para el bien del ser humano

Es importante resaltar que la gran mayoría de las investigaciones clínicas se realizan siguiendo altos estándares éticos.

26 de marzo de 2017 a las 12:01 a. m.
Corina Busso *
La investigación científica y la bioética para el bien del ser humano
Experimentos. Debe cumplir requisitos estrictos.

Cuando concurrimos al médico, esperamos que esté capacitado para realizarnos un correcto diagnóstico y ofrecernos el mejor tratamiento disponible. Pero ¿cómo hace el médico para saber qué es lo mejor para su paciente?

La herramienta más útil en las ciencias biomédicas para obtener la evidencia más sólida de que el tratamiento X es mejor y más seguro que el tratamiento Y es la investigación científica, que busca obtener resultados confiables y precisos a través de un estudio sistematizado. ¿Para qué generar conocimiento? ¿Para qué avanzar en la ciencia y en la tecnología? Para el bien del ser humano, como individuo y como especie.

Hoy contamos con medicamentos y procedimientos médicos que ayudan a mejorar la salud y el bienestar de las personas gracias a la participación de millones de seres humanos, tanto sanos como enfermos, en estudios de investigación.

El conocimiento que la investigación científica genera se asocia con aspectos positivos como la cura de ciertas enfermedades, por ejemplo mediante los antibióticos o la quimioterapia; el adecuado control de otras, como con la insulina para la diabetes, y la mejora de la calidad de vida en general, con los tratamientos del dolor y los psicofármacos, entre otros.

Sin embargo, la historia nos demuestra que, pese a que la mayoría de las investigaciones son conducidas por investigadores con altos estándares éticos, existe la posibilidad de que se avasallen derechos humanos básicos de las personas involucradas y las comunidades en donde se desarrollan.

Son conocidos los experimentos médicos realizados en los campos de concentración nazis. Con el fin de la eugenesia, y para mejorar la performance de los soldados alemanes, estos produjeron miles de muertos y heridos con secuelas permanentes.

Existen muchos otros ejemplos: estudios con placebo en embarazadas infectadas con VIH en países pobres, o el estudio de Tuskeege, Alabama, en el que médicos prestigiosos de los servicios públicos de salud de los Estados Unidos siguieron durante 40 años la evolución natural de la sífilis en afroamericanos analfabetos y pobres, diciéndoles que tenían “mala sangre”, sin ofrecerles un tratamiento que ya estaba disponible. Estos casos impulsaron a la ética de la investigación científica como una rama de la bioética.

No obstante, hechos como los mencionados pueden afectar de modo negativo la predisposición de las personas a participar en los estudios, tan necesarios para el avance de la ciencia.

En ese sentido, es importante resaltar que la gran mayoría de las investigaciones clínicas se realizan siguiendo altos estándares éticos. La ética de la investigación adquiere relevancia al aportar pautas, guías y controles adecuados.

Por su parte, los comités de ética en investigación se han creado para asegurar la protección de los seres humanos, es decir, los participantes de estudios y aquellos a los que sus resultados están dirigidos, así como la calidad científica de los proyectos.

Estos comités están conformados por un grupo de personas científicas y no científicas que no tienen relación con el grupo investigador ni con el laboratorio que patrocina el estudio, que evalúa el proyecto de investigación desde el punto de vista ético y metodológico, y aprueba sólo aquellos que cumplen con los estándares requeridos. Estos estándares son el producto de un arduo trabajo de diferentes grupos de todo el mundo.

Cuando una persona es invitada a participar en un estudio de investigación, debe haberse cumplido, entre otras, con las siguientes premisas: que la investigación sea relevante y responda a las necesidades de las personas y comunidades en las que se desarrolla; que la metodología utilizada sea científicamente válida; que el estudio tenga una relación favorable entre los riesgos posibles y los beneficios potenciales y que se hayan minimizado los riesgos; que se respete a las personas, tratándolas como agentes autónomos, capaces de dar su consentimiento informado luego de haberles explicado las características del estudio; que se dé protección especial a las poblaciones consideradas vulnerables, debido a que perdieron parcial o totalmente su autonomía y, por lo tanto, su capacidad de decidir correctamente: pobres, analfabetos, sin acceso a prestaciones adecuadas de salud, enfermos muy graves, personas con retrasos madurativos, entre otros. Además, que sea justa la selección de las personas por incorporar en el estudio y que esta no sea guiada por su vulnerabilidad; que se garantice la confidencialidad de los datos personales de los participantes y, por último, que esté garantizada la correcta atención médica de cualquier evento adverso que se derive del estudio, sin costos para el participante.

En conclusión, el cuidado de la salud física y mental de la población debe estar guiado por una metodología que garantice que se utilizan las mejores opciones. Para ello es necesaria la investigación científica, cuyo fin es justamente el de dilucidarlas. Pero esta debe ser conducida por investigadores capacitados, que sigan parámetros éticos y metodológicos correctos.

* Presidente del Comité Institucional de Evaluación de la Facultad de Ciencias Biomédicas (Universidad Austral)