La Constitución, tiempo e historia
Había en la primera constitución peronista respeto por los ancianos y los niños, y beneficios para los trabajadores.
En 1948, Juan Domingo Perón sintió “la irrevocable decisión de constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Entonces, el 24 de enero de 1949, se reunió una convención constituyente con mayoría peronista y se sancionó la “Constitución Justicialista”, que en gran parte mantenía términos de la que fue aprobada en 1853, el 1º de mayo (hoy, Día del Trabajo y Día de la Constitución).
Con algunos "cepos", fortificó la autoridad del gobierno federal sobre las provincias, a la vez que pasó a tener predominio sobre los poderes Legislativo y Judicial. El Congreso perdió gran parte de su autonomía y la facultad de vetar decisiones del Poder Ejecutivo, el que ahora podía ser reelegido. Robert Alexander, en Perón Era , conceptuó esta constitución como un monumento que Perón se erigió a sí mismo.
No obstante, había en la primera constitución peronista respeto por los ancianos y los niños, además de innovaciones que beneficiaban al trabajador, tales como jornada limitada, condiciones dignas y equitativas, descanso y “vacaciones pagas”.
Las vacaciones con goce de sueldo ya existían en reparticiones oficiales y en algunas grandes empresas o en ciertos comercios particulares, pero se disponía que en el futuro tendrían que ser para todos los que trabajaban.
En 1955, un golpe de Estado derrocó al gobierno y abolió tal constitución, y en 1957 reimplantó la de 1853, con alguna modificación. Y 66 años después de la constitución justicialista del ‘49, es decir, hoy, el gobierno “peronista” tiene en mente un proyecto, cada vez más lejano, de reformar la Carta Magna con vista a una “re re” del Poder Ejecutivo.
En 1853, los congresales llegaron como pudieron al Congreso de Santa Fe. Medio siglo después, la mitad acudía a las cámaras a pie, y en los cuartos intermedios, según Ramón Columba en El Congreso que yo vi , un negrito llamado Narciso cebaba mate a los diputados y senadores.
Medio siglo más tarde, en 1953, bellas señoritas lujosamente ataviadas ofrecían a los legisladores cigarrillos y whisky importados. Esto es raro, pues ya existía el cepo del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (Iapi) para los “puchos” y el licor de afuera.
En 1955, después de que derrocaron a Perón, si un peronista le decía a uno de los “contreras” que Juan Domingo ya era historia, aquel se mataba de risa. Algo similar podría ocurrir hoy si alguien de La Cámpora le dice a alguno de la oposición que Cristina ya está en la historia.
En 1955, Perón figuraba en todos los manuales de Historia y de Instrucción o Educación Cívica actualizados que los chicos llevaban al colegio. Pero dada la obsecuencia que existía, el hecho de que apareciese ese nombre no implicaba que hubiese pasado a la Historia.
Ahora bien, si Perón, ese año, figuraba en manuales extranjeros que alumnos de Europa, Colombia, Puerto Rico, etcétera, utilizaban en sus escuelas, hay que reconocer que es histórico. Y eso fue lo que ocurrió.
Es que, como Selecciones del Reader's Digest en esa época, el diccionario Larousse hasta el día de hoy se publica en muchos países con la misma información, diagramación e ilustraciones. Así que en la página que está la foto de Perón y en la que está Cristina, tienen el mismo número en todas las impresiones extranjeras. La Presidenta figura en los Larousse 2013 y 2014.
Sólo queda aclarar que en diccionarios y enciclopedias aparecen casi todas las celebridades, como Platón, Dante o Pasteur, pero también revistan allí célebres como, por ejemplo, Calígula, Rasputín o Jack el Destripador, que están en la Enciclopedia Británica .

