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La Constitución, tiempo e historia

Había en la primera constitución peronista respeto por los ancianos y los niños, y beneficios para los trabajadores.

28 de abril de 2014 a las 12:02 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
La Constitución, tiempo e historia

En 1948, Juan Domingo Perón sintió “la irrevocable decisión de constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Entonces, el 24 de enero de 1949, se reunió una convención constituyente con mayoría peronista y se sancionó la “Constitución Justicialista”, que en gran parte mantenía términos de la que fue aprobada en 1853, el 1º de mayo (hoy, Día del Trabajo y Día de la Constitución).

Con algunos "cepos", fortificó la autoridad del gobierno federal sobre las provincias, a la vez que pasó a tener predominio sobre los poderes Legislativo y Judicial. El Congreso perdió gran parte de su autonomía y la facultad de vetar decisiones del Poder Ejecutivo, el que ahora podía ser reelegido. Robert Alexander, en Perón Era , conceptuó esta constitución como un monumento que Perón se erigió a sí mismo.

No obstante, había en la primera constitución peronista respeto por los ancianos y los niños, además de innovaciones que beneficiaban al trabajador, tales como jornada limitada, condiciones dignas y equitativas, descanso y “vacaciones pagas”.

Las vacaciones con goce de sueldo ya existían en reparticiones oficiales y en algunas grandes empresas o en ciertos comercios particulares, pero se disponía que en el futuro tendrían que ser para todos los que trabajaban.

En 1955, un golpe de Estado derrocó al gobierno y abolió tal constitución, y en 1957 reimplantó la de 1853, con alguna modificación. Y 66 años después de la constitución justicialista del ‘49, es decir, hoy, el gobierno “peronista” tiene en mente un proyecto, cada vez más lejano, de reformar la Carta Magna con vista a una “re re” del Poder Ejecutivo.

En 1853, los congresales llegaron como pudieron al Congreso de Santa Fe. Medio siglo después, la mitad acudía a las cámaras a pie, y en los cuartos intermedios, según Ramón Columba en El Congreso que yo vi , un negrito llamado Narciso cebaba mate a los diputados y senadores.

Medio siglo más tarde, en 1953, bellas señoritas lujosamente ataviadas ofrecían a los legisladores cigarrillos y whisky importados. Esto es raro, pues ya existía el cepo del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (Iapi) para los “puchos” y el licor de afuera.

En 1955, después de que derrocaron a Perón, si un peronista le decía a uno de los “contreras” que Juan Domingo ya era historia, aquel se mataba de risa. Algo similar podría ocurrir hoy si alguien de La Cámpora le dice a alguno de la oposición que Cristina ya está en la historia.

En 1955, Perón figuraba en todos los manuales de Historia y de Instrucción o Educación Cívica actualizados que los chicos llevaban al colegio. Pero dada la obsecuencia que existía, el hecho de que apareciese ese nombre no implicaba que hubiese pasado a la Historia.

Ahora bien, si Perón, ese año, figuraba en manuales extranjeros que alumnos de Europa, Colombia, Puerto Rico, etcétera, utilizaban en sus escuelas, hay que reconocer que es histórico. Y eso fue lo que ocurrió.

Es que, como Selecciones del Reader's Digest en esa época, el diccionario Larou­sse hasta el día de hoy se publica en muchos países con la misma información, diagramación e ilustraciones. Así que en la página que está la foto de Perón y en la que está Cristina, tienen el mismo número en todas las impresiones extranjeras. La Presidenta figura en los Larousse 2013 y 2014.

Sólo queda aclarar que en diccionarios y enciclopedias aparecen casi todas las celebridades, como Platón, Dante o Pasteur, pero también revistan allí célebres como, por ejemplo, Calígula, Rasputín o Jack el Destripador, que están en la Enciclopedia Británica .