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El Islam y el bien social

El Islam proclama una sociedad justa, con equitativa distribución de la riqueza y con el objetivo de implantar la paz, la justicia y la felicidad. Ali Alejandro Badrán.

23 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Ali Alejandro Badrán (Imán, miembro del Comipaz)
El Islam y el bien social

La estructura o forma política de la sociedad islámica es poco conocida, pero ha tenido un gran papel en la historia de la humanidad. Y va a seguir teniéndolo. Las bases de la teoría política no nacen del humanismo, del racionalismo, del individualismo ni del materialismo, sino que la sociedad islámica depende de un poder superior, trascendente y sobrenatural: el poder divino de Dios. La sociedad humana es una organización para la vida en comunidad; no es exclusiva del género humano, sino que abarca a todo lo que existe sobre la Tierra. Es decir, la sociedad es un medio para la vida y no un fin en sí mismo. Los cambios sociales también cambian a las personas en sus ideas, actos, sentimientos y, en general, en su vida personal.La sociedad puede ser comparada en el Islam con el cuerpo de una persona, que está constituido por órganos fijos como el corazón, el hígado, el estómago, y éstos, a pesar de no cambiar en su estructura, están en movimiento o en funcionamiento continuo. Además, la sociedad, como el cuerpo humano, cumple ciertas funciones para la vida, que pueden ser normales o enfermas, como cuando un órgano no funciona de manera correcta. El fin de la sociedad, como el fin de un cuerpo, es el de permitir la vida en comunidad, en forma armónica y pacífica. Y en tanto no se descomponga o corrompa, la sociedad logrará naturalmente su fin. Como órganos de un cuerpo. En el sagrado Corán, se nombra a ciertas actividades de la vida social que funcionan como verdaderos órganos de un cuerpo, ya que en cada organismo social existe un grupo de personas que ejerce el poder y que se puede clasificar en los que son los verdaderos conductores sociales y los opresores. El Corán nos da como modelo opresor el sistema de los faraones, que estaba conformado de tres poderes de opresión: una ideología religiosa desviada y adulterada (creían que el faraón era Dios); un monopolio del poder armado que estaba en manos de los gobernantes opresores, y un tercer poder, que era el poder económico manejado por aristócratas y explotadores. A eso se llamaba el "trípode de la injusticia". Dios, en una de las aleyas del Corán, nos dice: "Coman de todos los bienes y alimentos que les hemos proveído en la Tierra, pero no opriman jamás a nadie, porque si no serán objeto de mi enojo, y el que sea objeto de mi enojo, se encontrará entre los perdidos". La ventaja del Islam es que ofrece un modo de vida revelado para todas las épocas y lugares hasta el final de los siglos. Es un sistema al que no lo afecta el paso del tiempo ni los cambios, porque tiene dos partes principales: una, que es variable, y otra, invariable.La invariable es muy amplia y se refiere a cosas que no cambian en la vida de las personas, como su necesidad de comer, vestirse, asearse, respirar, descansar, salud o muerte. Por el contrario, varían o cambian los idiomas, climas, épocas, vestimentas, situaciones económicas, estados civiles. Cambia la raza, la cultura de un lugar a otro, pero no cambia la esencia humana, la justicia, la verdad de los conocimientos, la armonía en el conjunto social, ni la ética que da la seguridad contra la corrupción, ni el trabajo que nos evita caer en la miseria, ni la eficiencia de los medios de vida que produce el bienestar general. A esto le llamamos bien social, que está fundado en la fe, en la creencia de que la vida y el universo tienen un sentido y una finalidad útil. Por todo ello, el Islam proclama una sociedad justa, con equitativa distribución de la riqueza y con el gran objetivo de implantar la paz, la justicia y la felicidad para toda la humanidad.