Un gabinete con poco vuelo
Si ahora la gestión está menos centralizada que con Néstor Kirchner, se impone un trabajo en equipo. Es evidente que el elenco tiene flaquezas. Fernando Micca.
La soledad del poder envuelve a la presidenta Cristina Fernández; no sólo por la ausencia de su esposo, un obrero de la gestión y un constructor de políticas, sino por el vuelo corto de un gabinete sin relieves. Las limitaciones del equipo de trabajo presidencial se disimulaban en vida de Néstor Kirchner. El líder patagónico adoptaba decisiones económicas, definía la política exterior y decidía en las relaciones con gobernadores, intendentes y factores de poder. Hoy, los errores de varios ministros son más visibles. Palabras huecas. Es cierto que la decisión de no admitir la inflación real excede la voluntad del ministro de Economía, pero los dichos de Amado Boudou son sorprendentes. Primero dijo que el aumento de precios preocupaba sólo a las franjas medias y altas y no a los sectores populares; luego añadió que no hay inflación sino "dispersión de precios", y que el costo de vida aumentará este año sólo un dígito. Lejos de cualquier rigurosidad, cerca del voluntarismo, Boudou recita las verdades del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), a contramano de todas las mediciones privadas y de las de media docena de provincias. No le va en zaga el canciller Héctor Timerman. El mes pasado quedó mal parado cuando se lanzó a propiciar la reelección de la Presidenta y fue frenado por la propia interesada, quien planteó que no era tiempo de candidaturas. Con un tono menos diplomático del que sugiere su cargo, la última semana criticó la participación de oficiales de la Policía Metropolitana en un curso de seguridad –al que descalificó– propiciado por Estados Unidos. Olvidó que en ese curso participaron miembros de la Policía Federal y la Prefectura, enviados por el Gobierno nacional.Aunque habitualmente medido, también el ministro del Interior, Florencio Randazzo, tuvo derrapes verbales. El más evidente fue cuando procuró deslindar responsabilidades por el cargamento de casi una tonelada de drogas descubierto en España en un avión que había partido desde Buenos Aires. "No caben dudas de que la droga fue cargada en (la escala de) Cabo Verde", afirmó, forzando una interpretación que la realidad hizo hilachas días después. Semanas antes, ni Randazzo ni el ministro de Justicia, Julio Alak, ni el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, pudieron explicar la inacción oficial en la toma del Parque Indoamericano por grupos que reclamaban viviendas. Allí hubo muertos y heridos. También enfrenta dificultades Nilda Garré, al frente de la nueva cartera de Seguridad. En su paso por Defensa, no le tembló la mano para seleccionar ascensos y retiros en las Fuerzas Armadas. Fortalecida y con buena imagen, asumió el desafío en Seguridad. Pero aún no pudo exhibir medidas concretas ni un diseño de políticas para un área que reclama acciones urgentes; sólo apuró, instruida desde la Casa Rosada, el envío de gendarmes al conflictivo distrito bonaerense.Un tanto diferente es la actuación del ahora disminuido Aníbal Fernández. Es cierto que polemizaba en todos los temas (ya no tanto) y que a veces quedaba mal parado. También tienen sus particularidades las cuestionables medidas del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; en su caso, el problema no es falta de acción sino todo lo contrario, con una dosis exuberante de prepotencia y discrecionalidad. Hace más de tres meses la Presidenta asumió el desafío que le deparaba el nuevo mapa político, sin la figura fuerte de su esposo. Si ahora la gestión está menos centralizada y se impone un trabajo en equipo, es evidente que el elenco tiene flaquezas que poco la ayudan.

