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La fiesta del Adha (sacrificio)

Hay un acontecimiento fundamental en la vida del profeta Abraham, que es el descubrimiento de Dios como un principio creador. Ali Badran Imán.

15 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Ali Badran Imán (Miembro del Comipaz)
La fiesta del Adha (sacrificio)

El pasado domingo 6 de noviembre de 2011, correspondiente en el calendario islámico al día del último mes de 1432, los musulmanes del mundo entero hemos celebrado la fiesta del sacrificio ( Id al Adha ) que también es conocida como la Peregrinación a la Meca. En este día bendito, cada familia musulmana y pudiente sacrifica un animal, en general un cordero, recordando cuando nuestro profeta Abraham (Ibrahim) sacrificó uno en sustitución de su hijo Ismael.Esta fiesta es la culminación de una experiencia espiritual, que el Corán representa a través de la historia de Abraham. Hay un acontecimiento fundamental en la vida de este profeta, que es el descubrimiento de Dios como un principio creador, situado más allá de lo visible, y que lo llevó a enfrentarse a la idolatría de su gente.En el Corán, leemos: "Y he ahí que Ibrahim habló a su padre diciéndole: ¿Tomas acaso a estos ídolos por dioses? En verdad, tú y tu gente están evidentemente extraviados. Así le dimos a Ibrahim una visión del magnífico dominio que tiene Dios sobre los cielos y la tierra, para tener entonces una total certeza sobre lo que decía".Cuando Abraham aún no había recibido las revelaciones divinas, en la oscuridad de una noche vio una estrella en el cielo y exclamó: "Éste es mi Dios", pero cuando durante el día desapareció, dijo: "No es una divinidad lo que se desvanece".Luego vio salir la Luna y dijo: "Éste es mi Creador". Pero cuando el astro se ocultó, dijo: "Éste no es mi creador, porque es algo que se ha extraviado". Cuando vio salir el Sol, dijo: "Éste sí es el que me creó; es el más grande", pero como también se ocultó, dijo a su gente: "Pueblo mío, ciertamente estoy lejos de atribuirle divinidad a algo; por eso me vuelvo entero a aquél que ha creado los cielos y la Tierra, me aparto de toda falsedad y creo en un solo Dios, uno y único, que no tiene semejanza y es el creador de todo lo que existe, no sólo de la Tierra y de los cielos, sino también de todo lo que desconocemos".Así es como se apartó de la idolatría, en esa experiencia que lo conduce más allá de lo visible, a una dimensión de la realidad que escapa a los sentidos. En cierto modo, es lógico que piense que su Señor es aquello que sobrevive a la oscuridad más absoluta. Pero sucesivamente comprueba que tanto la Luna como el Sol también desaparecen, por más grandes que sean.Ahí es donde se da cuenta de la existencia de Dios. Ve una nueva dimensión que antes había estado oculta para él. Rompe con los límites de la percepción y descubre una inmensidad ilimitada. Cuando Abraham estuvo frente a los ídolos que adoraban sus mayores, comprendió que no eran más que estatuas huecas.Todo esto recuerda cuando recibe en sueños la orden de Dios de sacrificar a su primogénito Ismael. Es una obligación para un profeta cumplir con lo que nuestro Creador ordena en sueños. Pero en el momento de cumplirlo, Dios detiene la mano de Abraham y, en lugar de su hijo, coloca un cordero, el que es degollado. Desde entonces, se celebra esta fiesta, que es una de las tantas formas de rendir culto a Dios. Ibrahim ama a su hijo con ese amor que es un vínculo sagrado, el mismo vínculo que nos debe unir a Dios.Nuestro creador no quiere que renunciemos a nuestros bienes ni a nuestro amor propio, sino que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo, deseándoles paz y felicidad para todos. Uassalamu alaicum (la paz sea con todos).