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Fecha patria

Desde hace mucho tiempo ­sólo escucho hablar de lo que nos separa. De dos bandos, irreconciliables y enfrentados, que se fueron creando y que no aceptan matices.

13 de julio de 2014 a las 12:02 a. m.
Enrique Orschanski (Médico)
Fecha patria

Soy una apasionada por la Historia. Creo que debo esta vocación a mi profesora de cuarto año que me encendió las ganas de estudiar y entender cómo influye el pasado en nuestras vidas. Y, por supuesto, a mi abuelo, que desde chiquita me cuenta historias de Argentina, de sus próceres y de las fechas patrias. Él es quien ahora protesta porque en mayo "ya nadie festeja el Día del Himno Nacional ni el de la escarapela". Es que, si agregamos el 25, hay muchos festejos en un solo mes. En junio pocos hablaron del "gran Manuel Belgrano", como le gusta decir a mi mamá. Porque la obra de ese hombre fue mucho más que crear una bandera. Por eso ellos tienen razón: estas fechas no pueden ser sólo días feriados para no trabajar o para no ir al cole. Julio comenzó con otras dos fechas fundamentales: el aniversario de la Fundación de Córdoba y el Día de la In­dependencia Nacional. En una misma semana, recordamos a Jerónimo Luis y al Congreso de Tucumán, que nos liberó de los 'realistas', como le dicen a los españoles colonialistas en los libros.Ya lo dije: me apasiona la Historia. Y me gusta recordar (para entender) aniversarios de momentos importantes para el país. Pero hoy quiero pedir permiso; una licencia especial. No quiero parecer desubicada ni ofender a nadie, pero tengo 17 años, este es mi primer Mundial de Fútbol como fanática y quiero contar cómo celebramos el pasado 9 de julio. Desde temprano preparamos la casa para recibir a la familia y amigos. Todos querían ver el partido con nosotros, en el tele gigante que mi viejo está pa­gando en cuotas. Colgamos una enorme bandera argentina en la ventana y hasta mi her­mano más chico se emocionó cuando la vimos ondear por ­primera vez.Nos pusimos camisetas y gorros y cada uno ocupó el lugar que debía, según las cábalas que acumulamos hasta ahora. Hasta el perro estaba (incómodo) de celeste y blanco.Faltaba una hora para el inicio del partido y, para aliviar nervios, salimos a recorrer el barrio. Muchos vecinos habían hecho lo mismo. Nosotros mirábamos y nos miraban. Sin hablar, sonreíamos, sabiendo que estábamos en lo mismo. Como un ejército uniformado con los mismos colores, que se preparaba para algo que, tal vez, nos podría unir. Porque desde hace mucho tiempo sólo escucho hablar de lo que nos separa. De dos bandos, irreconciliables y enfrentados, que se fueron creando y que no aceptan matices. Si no sos de uno, sos del otro. Y eso, para mí, es repetir una historia de divisiones y pocos acuerdos. Por un momento, pensé con ingenuidad que durante el Mundial esa división desaparecería. ¿Será por lo que dice el abuelo, porque durante este mes todos usamos los mismos símbolos patrios? La bandera, el equipo, los cantos...Vivimos el partido como una verdadera batalla libertadora. Sufrimos, alentamos, protestamos y aplaudimos. Al final, llegaron los abrazos y las lágrimas de libertad, como un auténtico e histórico 9 de julio.Salimos a festejar algo más que un triunfo por penales. Los grandes y los chicos no ­celebrábamos la historia antigua, sino la que estamos viviendo con otros. En un momento, mi papá ­quiso contar sobre el '78, y el '86, pero decidió dejarlo para otro momento. "Disfruten el suyo", dijo.Por eso, pido permiso a la Historia para celebrar nuestro Día de la Independencia a través del fútbol. Intentando alejarnos de opresiones, de buitres externos y de caranchos locales. Llenando las calles y agitando la única bandera. Con próceres que son, al menos por unos días, jugadores de pantalones cortos que lograron, con el fútbol, hacernos sentir parte de algo más grande.¿Qué puede pasar este domingo? Esa es otra historia.