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Estos nuevos viejos tiempos

El Gobierno nacional vuelve al círculo vicioso. Reaviva la teoría destituyente, que le sirve para victimizarse, endurecer el discurso y alimentar la ilusión de muchos de sus seguidores. Carlos Sacchetto .

08 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Estos nuevos viejos tiempos

Por diferentes razones y con variadas intenciones, algunos de los habitantes del reducido mundo de la política sostienen que el kirchnerismo se ha convertido en una ideología que supera el ámbito político en el que se expresa. Es decir, se ha vuelto una doctrina que tiende a explicarlo todo y a regentarlo todo.

Así, muchos de sus adeptos encuentran similitudes entre aquel espíritu revolucionario que acompañaba las rebeldías juveniles de la década de 1970 y el sentido épico que dan ahora a cada una de las acciones que se generan desde el poder.

"Los cincuentones han vuelto a sentirse jóvenes, compran la ilusión de que ahora están haciendo lo que no pudimos antes; es un volver a vivir", sostiene un miembro de la vieja JP que acompañó desde la militancia la aventura montonera y que hoy observa desde fuera lo que sucede con algunos de sus amigos. "Pero han pasado 40 años; el mundo y el país son otros", agrega con realismo.

Bajo ese contexto de aparente "lucha revolucionaria" contra los otros factores de poder, el gobierno del matrimonio Kirchner y quienes le dan sustento teórico y comunicacional encontraron nuevos argumentos para alimentar los fuegos de la confrontación.

Uno fue el duro discurso del presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, en Palermo. Otro, el documento conjunto de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) en el que se advirtió que un desarrollo sostenido que incluya a todos los argentinos requiere "un marco institucional sólido, con seguridad jurídica, reglas de juego estables y previsibles y pleno respeto por la actividad privada".

El tercer hecho fue la declaración del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti (foto), quien dijo que "no hay previsibilidad de las reglas económicas" y que el país "necesita un fortalecimiento institucional". A los oídos del Gobierno, todos esos conceptos y opiniones sonaron como fuertes críticas inscriptas en una nefasta conspiración.

Todos juntos. Quizá lo que más disparó las iras kirchneristas fue la comida entre varias figuras presidenciables del peronismo disidente más Mauricio Macri en la casa de Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, a quien el oficialismo ha colocado como principal blanco de sus ataques.

Allí estuvieron Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann, Felipe Solá y Francisco De Narváez. "Nadie discutió de fútbol", dijo con humor uno de los comensales. El encuentro posibilitó que analizaran en conjunto los tiempos por venir.

Sin demasiadas sorpresas, se conversó sobre si hay que presentar candidaturas por dentro o por fuera del PJ y qué es conveniente que haga cada uno.

Se analizó mucho la ley de internas abiertas y simultáneas y se concluyó en que si no se llega a esa fecha -falta exactamente un año- con un candidato de consenso elegido antes, prácticamente no habrá tiempo para hacerlo.

Macri, quien debe remontar una realidad compleja en la Legislatura porteña y en la Justicia, insinuó que se inclina por un mecanismo que determine mucho antes quién debería ser el candidato presidencial. Como ya se sabe, Reutemann reiteró que no será postulante a nada y Solá insistió en que se debe vaciar la interna partidaria.

Otra de las cuestiones abordadas esa noche fue la situación de numerosos intendentes y otros funcionarios de los gobiernos de la Nación y de las provincias que están decididos a abandonar las filas del oficialismo. Se concluyó en que deben esperar hasta el final para definirse y evitar así las represalias. También se comentó la posibilidad de unificar los bloques parlamentarios.

Desde Olivos y la Casa Rosada, la orden que bajó fue descalificar a quienes asistieron al encuentro y vincularlos como súbditos de "las corporaciones". En realidad, reuniones similares y con el mismo anfitrión han tenido como protagonistas a muchos otros dirigentes de distintas orientaciones políticas y económicas, algunos de los cuales estuvieron muy cerca del matrimonio presidencial.

El Gobierno vuelve al círculo vicioso: reaviva la teoría destituyente que le sirve para victimizarse, endurecer el discurso y alimentar, desde aquella épica guerrera, la ilusión de muchos de sus seguidores.

Sin embargo, la política es fundamentalmente el establecimiento de una comunicación entre ciudadanos, una discusión guiada por principios comunes, el primero de los cuales es el consenso sobre la necesidad de reivindicar la política, con sus acuerdos y desacuerdos, como herramienta transformadora de la sociedad.

Convendría recordar que uno de los fines de la democracia es la eliminación de las concepciones extremas del mundo y que disentir en democracia permite emancipar al individuo del pensamiento masificado.