Entre jugadas y señales
Desde la muerte de Néstor Kirchner, el Gobierno nacional y los principales dirigentes del oficialismo se empeñan en demostrar que, salvo el dolor personal de cada uno, todo sigue igual y que nada cambió. Carlos Sacchetto
Desde la muerte de Néstor Kirchner, el Gobierno nacional y los principales dirigentes del oficialismo se empeñan en demostrar que, salvo el dolor personal de cada uno, todo sigue igual y que nada cambió. Es un mensaje para tranquilizar a la militancia y también para advertir a la oposición que el impacto de la tragedia no los debilitó. Pero la realidad se ocupa de desmentirlos. Dos hechos alcanzaron para mostrar que los nuevos tiempos contrastan con la inercia de poder que emanaba del ex presidente. Uno, es la dura derrota sufrida al tratar de aprobar el Presupuesto 2011 en la Cámara de Diputados; el otro, la decisión de Carlos Reutemann de abandonar las filas del peronismo disidente. Al revés parlamentario, el kirchnerismo intenta minimizarlo diciendo que tiene todas las herramientas para que no se vea afectada la gestión, lo que es relativamente cierto. Y al portazo del senador santafesino lo presenta primero con satisfacción por la ruptura de ese espacio opositor y, luego, como un acercamiento de Reutemann a las filas oficiales. Eso también es relativamente cierto, pero en política nada suele ser lo que parece. Detrás de lo formal, los hechos tienen otras causas, otras consecuencias y otros significados. Vamos por partes. La jugada kirchnerista. El kirchnerismo fue a Diputados descontando que si alcanzaba el quórum para sesionar, la media sanción al Presupuesto estaba asegurada. No imaginó que Elisa Carrió desplegaría toda su habilidad para desarticular los acuerdos reales o virtuales en los que descansaba la confianza oficial. Enardecida y peleándose con todos, la líder de la Coalición Cívica denunció "un nuevo Pacto de Olivos" con supuestas coimas y logró invertir la carga de la prueba. Cada diputado de la oposición debería demostrar su inocencia quedándose en su banca, para no favorecer al oficialismo, y votar en consecuencia. Sobrevinieron el escándalo y la dispersión. En ese marco, la operación del kirchnerismo para revertir la situación fue caótica. Órdenes y contraórdenes, mensajes confusos, falta de un referente claro. "Con Néstor, esto no pasaba", se lamentó un diputado del núcleo duro que rodea al jefe de la bancada, Agustín Rossi, y proyectó la incertidumbre hacia el futuro. La orden de la Presidenta de no negociar ni una coma terminó en fracaso y el episodio exhibió parte de las debilidades que no se admiten. El oficialismo pagó un altísimo costo, pero no fue menor el que debió afrontar la oposición. Acusaciones, sospechas, peleas internas, deserciones, falta de estrategias y objetivos poco claros, son sólo algunos de los componentes de un cuadro patético y desalentador. "Con sus denuncias, Lilita nos sacudió a todos", se oyó en el bloque de la UCR, donde, además de la furia contra la ex correligionaria, reinaba una inocultable tensión interna. En el macrismo, se instaló la crisis; en el Peronismo Federal, ahora todo es más difícil, y en el socialismo, hay "barbas en remojo". Carrió lo hizo, con un saldo para ella aún desconocido. La movida del "Lole". El que sí midió de antemano su jugada fue Reutemann, quien protagonizó la movida política más importante desde la muerte de Kirchner. La alegría que ganó a quienes pensaron, en el oficialismo, que la actitud del santafesino será funcional a sus intereses podría devenir en decepción en los próximos meses. Hay varias razones escalonadas que abonan esa posibilidad. Aunque no aspira a ser nuevamente gobernador, Reutemann quiere recuperar la provincia de Santa Fe y, por lo tanto, su poder territorial. Para vencer a socialistas y radicales, necesita al peronismo unido. Su gesto abre las puertas a esa unidad y propicia una actitud más conciliadora en ausencia de quien fue el gran confrontador. Otra razón estratégica es trabajar desde adentro del PJ a nivel nacional. Hasta ahora, el kirchnerismo movimientista y la conducción del partido estaban sintetizados en el ex presidente muerto. Cristina Fernández ejerce el Gobierno y es ahora la jefa del movimiento, pero el partido es otra cosa. Allí está Daniel Scioli y podrían sumarse otros dirigentes, como Felipe Solá o Francisco de Narváez, con estilos más dialoguistas. Advertido, uno de los más duros seguidores de la intransigencia kirchnerista no tuvo más remedio que reconocerlo: "'El Lole' nos puede hacer más daño desde adentro que desde afuera".Hay, además, un guiño indefinido a toda la sociedad. Siempre rodeado de silencios, el gesto de Reutemann abre nuevas expectativas a los sectores medios que creen que la moderación no impide continuar con los logros obtenidos.

