En Argentina, existe riesgo institucional
Llegó el momento de producir cambios en el orden institucional para introducir el gobierno por sistemas parlamentaristas. Raúl Bonadero.
Los ciudadanos que se interesan por el futuro político viven con una sensación de que existe riesgo institucional. Hay dos causas fundamentales. Una es el sistema hiperpresidencialista que hemos desarrollados históricamente; otra, la escasa presencia, en los últimos tiempos, de partidos con ideologías definidas y programas concretos.
Ambas razones se potencian entre sí y producen fuertes personalismos que con frecuencia se trastrocan en gobiernos seudototalitarios. Así, gran parte del pueblo se escinde en dos conjuntos. Uno que acompaña al gobernante de turno y tiende a minimizar los desaciertos; el otro que enfrenta al dueño del poder con emoción visceral, señalando los errores sin reconocer los aciertos.
Hoy recuerdo con arrepentimiento los enfrentamientos de peronistas y antiperonistas. Por eso, pretendo advertir a la ciudadanía que modere los impulsos, que prevalezca la razón sobre la emoción y un verdadero diálogo reemplace los monólogos inconducentes de ambos sectores. La sana disputa democrática no es un enfrentamiento entre River y Boca.
Respecto del presidencialismo, quiero destacar la importancia que tiene, a mi criterio, comenzar a debatir la posibilidad de cambiar el sistema hacia uno de tipo parlamentario. La historia contemporánea está demostrando los beneficios de este tipo de democracias.
América latina, donde el hiperpresidencialismo es moneda corriente, en los últimos 30 años ha visto derrumbarse más de 20 gobiernos constitucionales. Sólo tres cayeron por movimientos militares (Haití, Perú y Honduras). Los otros, lo fueron por debilidades institucionales y muchas veces con expresiones de violencia popular.
Sistemas parlamentarios. Algunos detractores de los sistemas parlamentarios argumentan que si no podemos elegir legisladores con capacidad para conducir las políticas, mal haríamos en dejar en sus manos el poder pleno.
No coincido, porque nuestros ejemplos de parlamentos de baja calidad se producen porque no asumen la responsabilidad de gobernar. Algunos, porque son impuestos y dirigidos por el líder de turno; otros, porque les resulta más fácil descargar la responsabilidad en el Poder Ejecutivo y sentarse a esperar su fracaso para reemplazarlo.
Cuando un Parlamento tiene la misión de legislar bajo su total responsabilidad y el poder de designar o destituir a la persona que comanda la acción ejecutiva, las cosas cambian, ya que el fracaso del gobierno es, en ese caso, su propio fracaso.
Como simple ejemplo, y sin la menor intención de abrir un juicio de valor, quiero señalar un párrafo del libro Después del derrumbe. Teoría y práctica de la política de la Argentina que viene , obra que publicara Néstor Kirchner junto con Torcuato Di Tella en 2002. Dice uno de sus párrafos: "De las 22 democracias estables existentes en el mundo, tomando como parámetro las que han durado 50 años o más ininterrumpidamente, 20 son parlamentarias, y este dato algo nos tiene que decir. A primera vista, parecería que el parlamentarismo presenta una mejor opción que el presidencialismo".
La flexibilidad de los sistemas parlamentarios permite salir de las crisis por senderos ya delineados, sin caer en acefalías o eventuales momentos anárquicos.
Ha llegado el momento de considerar seriamente la posibilidad de producir cambios de orden constitucional capaces de licuar las concentraciones de poder en los gobernantes y en todos los sectores.

