Elecciones y tensiones
2013 es un año cargado de simbolismo. Hace 35 años se inició la Tercera Ola democrática, que arrancó en República Dominicana y se propagó por toda la región en etapas sucesivas.
En América latina, 2013 es un año electoral muy importante. Durante la primera parte, tuvo lugar la reelección de Rafael Correa en Ecuador, la victoria de Nicolás Maduro en Venezuela y el regreso del Partido Colorado en Paraguay, de la mano de Horacio Cartes.
En los próximos tres meses, la agenda electoral de la región contempla cuatro citas de gran trascendencia: elecciones legislativas en Argentina (27 de octubre), comicios presidenciales en Chile y Honduras (17 y 24 de noviembre, respectivamente) y elecciones municipales en Venezuela (8 de diciembre).
Nos encontramos ante procesos electorales que pueden provocar cambios determinantes en cada uno de los cuatro países. Por ejemplo, el principio del fin de la hegemonía kirchnerista en Argentina o el regreso al poder, en Chile, de la vieja Concertación –ahora Nueva Mayoría– bajo el liderazgo de Michelle Bachelet, y la posibilidad de asistir al fin del histórico bipartidismo en Honduras, así como a un renacer o a un mayor debilitamiento (iniciado con la muerte de Hugo Chávez) del “socialismo del siglo 21”.
Contexto regional
2013 es un año cargado de simbolismo. Hace 35 años se inició la Tercera Ola democrática, que arrancó en República Dominicana y se propagó por toda la región en etapas sucesivas.
Además, constituye un año bisagra entre el ciclo electoral 2009-2012, en el que tuvieron lugar 17 elecciones presidenciales, y este que ahora comienza.
De 2013 a 2016, 17 de los 18 países de la región (salvo México) celebrarán elecciones presidenciales. En total, 34 procesos electorales presidenciales en tan sólo ocho años. La región nunca había experimentado una agenda electoral tan intensa e importante en un período tan corto.
De 2009 a la fecha, los comicios se han desarrollado dentro de un especial y variado contexto regional económico, social y político. Alto crecimiento económico en América del Sur, al menos hasta 2013, y menor en México, América Central y el Caribe.
En caso de que se prolongue la actual ralentización económica, podrían darse serios problemas sociopolíticos, ya que los gobiernos contarían con menos ingresos, lo cual redundaría en déficits y menor margen de acción para sostener el gasto social.
En la actual coyuntura, a la desaceleración económica se suma un creciente malestar social, que se expresa en un incremento de las demandas ciudadanas (sobre todo de las emergentes y heterogéneas clases medias) que, si bien no muestran desafección “respecto del sistema democrático”, sí lo hacen con “el funcionamiento de la democracia”. Sobre todo, debido a las carencias del Estado para poner en marcha políticas públicas eficientes en los ámbitos de servicios de transporte, seguridad ciudadana, educación y sanidad, entre otros.
No olvidemos que a este “malestar con la política” (producto de la crisis de representación y falta de transparencia) y a esta “revolución de las expectativas” de las clases medias se agrega una debilidad social que se viene arrastrando desde hace décadas: altos niveles de pobreza (si bien han disminuido de manera significativa, siguen afectando a un tercio de la población) y las tasas más altas del mundo en desigualdad social, todo ello acompañado de elevados niveles de corrupción y de inseguridad ciudadana.
Como puede apreciarse, esta es una combinación inédita y compleja que, aunque no pone en riesgo la continuidad de la democracia en la región, sí afecta su calidad y la gobernabilidad.
Próximas elecciones
En la recta final de 2013, Chile y Honduras celebran elecciones presidenciales, Argentina legislativas y Venezuela municipales.
Nueve candidatos se preparan en Chile, pero la pelea se dará entre la expresidenta Michelle Bachelet (2006-2010) y Evelyn Matthei, candidata de la Alianza (coalición de centroderecha que agrupa a la UDI y a RN).
Bachelet parte con una gran ventaja sobre su rival (44 por ciento de intención de voto frente a sólo 12 por ciento) y la campaña de Matthei no acaba de arrancar.
Mientras el triunfo de Bachelet parece asegurado, lo que aún no está claro es si logrará ganar en primera vuelta y qué respaldo obtendrá en el Congreso.
En Honduras, las elecciones se realizarán en un contexto de alta violencia (85,5 homicidios por cada 100 mil habitantes), combinado con una de las tasas de pobreza (66,5 por ciento) y de desigualdad (índice de Gini de 0,5552) más elevadas de la región.
Es muy probable que estas elecciones pongan fin al histórico bipartidismo (Partido Liberal contra Partido Nacional) ante la emergencia desde la izquierda del nuevo Partido Libre que encabeza Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya.
Por ahora, esta se mantiene al frente de las encuestas, seguida muy de cerca por el candidato oficialista del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández; el periodista Salvador Nasralla, del Partido Anticorrupción, y por Mauricio Villeda, del Partido Liberal.
Las legislativas argentinas llegan tras la celebración, en agosto pasado, de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso), que arrojaron un avance de lo que podría ocurrir el 27 de octubre.
En estas, el kirchnerismo sufrió una fuerte derrota ante el peronismo antikirchnerista unido en torno de Sergio Massa, el radicalismo y el macrismo, que lograron apoyos significativos.
De confirmarse en octubre el castigo al kirchnerismo, en términos similares o aun peores que durante las Paso, se abrirá un período de transición muy complejo (bajo el fenómeno del llamado “pato rengo”) que se prolongará hasta las elecciones presidenciales de 2015.
Venezuela cerrará la agenda electoral de este año con comicios municipales (convertidos en un plebiscito simbólico) que servirán para medir el grado de apoyo o deterioro del gobierno de Nicolás Maduro (lastrado por divisiones internas, inflación que ronda 45 por ciento, desabastecimiento de más de 20 ciento y altos índices de inseguridad y corrupción) y la fortaleza o debilidad de la oposición, liderada por Henrique Capriles.
Mi opinión
Los resultados de estas cuatro elecciones serán una nueva muestra de la heterogeneidad regional. Es casi seguro que en Chile ganará Bachelet y que por lo tanto habrá alternancia. Es bastante probable que, en Argentina, el kirchnerismo reciba en las urnas un castigo similar o aun peor que en las Paso.
El panorama es en cambio menos claro en Honduras y Venezuela. De producirse el regreso del zelayismo al gobierno, vía la esposa del expresidente Zelaya, ello tensionaría aún más la situación política en un país que ya padece un contexto complejo y una gobernabilidad precaria.
Finalmente, en Venezuela, todo indica que, más allá del resultado, la polarización sociopolítica entre chavistas y antichavistas continuará y que, de ambos bandos, el que sufrirá un mayor debilitamiento en caso de una derrota es la oposición.
*Director regional de Idea Internacional para América Latina y el Caribe

