El proyecto es jurídicamente defectuoso
La unión civil nunca fue una “opción de segunda”. Fue la primera opción: una institución moderna y flexible, más consensuada que el matrimonio tradicional.Sonia Escudero.
Para cambiar la institución del matrimonio, tal cual como la conocemos, hacen falta, como mínimo, dos cosas: tiempo y consenso. Ninguno de esos elementos estuvo presente. En Diputados se trató en menos de dos meses; en el Senado, los presidentes de las bancadas mayoritarias nos impusieron sólo uno.
Tampoco existe consenso: quedó demostrado a lo largo de las audiencias públicas que la mayoría de la ciudadanía argentina no está de acuerdo. No debería extrañarnos: sólo siete países en el mundo contemplan la figura del matrimonio para personas del mismo sexo.
Fertilización y filiación. A su vez, estos países tienen dos cosas de las que nosotros careceremos: regulación sobre fertilización asistida y un régimen de filiación abierto. De este modo, en nuestro sistema se presumen hijos del marido los dados a luz por su esposa. Esta norma, tal como está redactada, creará sin lugar a dudas un caos filiatorio.
Dos mujeres o dos hombres podrán anotar como propio un hijo en el Registro Civil. ¿Y el derecho humano de ese niño a conocer su identidad biológica? ¿Podrá reclamar la paternidad o maternidad biológica de su verdadero progenitor? ¿Tendría entonces ese niño tres padres? ¿Cómo se discerniría entre ellos la patria potestad del chico?
Las incongruencias de este proyecto siguen: un hombre casado con una mujer, en caso de disputa, pierde a favor de su esposa la tenencia de su hijo menor de cinco años. Tiene menos derechos que un hombre casado con otro hombre, donde el juez va a decidir a quién le da la tenencia, según el interés del menor.
Una mujer casada con un hombre no puede elegir darle su apellido a los hijos. Una mujer casada con otra mujer gozará de ese derecho. Un hombre y una mujer tienen que esperar tres años de casados para poder adoptar. Un matrimonio de personas del mismo sexo no tendrá que esperar ni un solo día. Ejemplos como estos hay varios en el proyecto aprobado por Diputados. ¿Cuál es, entonces, el verdadero proyecto de la igualdad y la no discriminación?
Las múltiples imprevisiones e incoherencias de esta iniciativa son la consecuencia de una labor llevada a cabo de manera superficial e ingenua. Así, se hizo desaparecer del Código Civil la palabra "esposa" o "madre", sustituyéndola por "cónyuges" y "progenitores". Tan mala fue la técnica legislativa que donde se pretendía un cambio, la reforma resultará neutra: progenitores siempre van a ser un hombre y una mujer.
Estamos de acuerdo en que no se debe discriminar a nadie por su elección sexual. Pero las leyes no tienen la virtualidad de cambiar la realidad: la discriminación se combate con educación, no con imposición.
La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) presentó un proyecto de unión civil en 2005. Fue esa iniciativa la que tuvimos como base para el dictamen de mayoría en el Senado, firmado el martes último. Queda claro que la unión civil nunca fue una "opción de segunda". Fue la primera opción: una institución moderna y flexible, más consensuada que el matrimonio tradicional.
Esa figura no sólo va a ser útil para las parejas del mismo sexo. Quizá también atraiga, por su perfil contractual y consensuado, a las heterosexuales que descreen del matrimonio. No nos olvidemos de que, en la Argentina, la mitad de los niños nacen en relaciones de hecho.
Es falso que una vez rechazado el proyecto de matrimonio no se pueda tratar a continuación la unión civil. No hay coincidencia ni de objeto, ni de sujeto, ni de forma.
*Senadora nacional (Salta - Peronismo Federal)

