El pecado de la lujuria
Una distinción del lujurioso es su eterno apetito por vivir a su manera. No existe una forma única de atenuar la lujuria, pero podemos calmarla renunciando a algunos deseos mundanos.
Cuando cursaba los estudios secundarios en el Colegio Nacional Agustín Álvarez de Mendoza, aún se daban clases de Religión, pero los que profesábamos otra religión que no fuera la católica, recibíamos clases de Educación Moral. Me viene a la memoria cuando el excelente profesor que teníamos nos habló sobre los siete pecados capitales. Nos dijo que memorizáramos una regla mnemotécnica con la palabra "lapiges", que nunca olvidé y que está conformada con la primera letra de los mencionados pecados: lujuria, avaricia, pereza, ira, gula, envidia y soberbia. La lujuria es un vicio que se opone a la virtud de la castidad. Es la abundancia en algunas cosas que estimulan todos los sentidos. La palabra lujuria deriva del latín lupus , que quiere decir abundancia. El término "lujurioso" es usado como adjetivo para señalar al individuo que está entregado a la lujuria, mientras que "lujuriante" es el individuo vicioso y que posee enorme abundancia. Los comportamientos lujuriosos tienen como característica fundamental el arrebato o la furia descontrolada que se manifiesta en cualquier comportamiento. También podemos decir que la lujuria está relacionada a los pensamientos de deseo y posesión con respecto a otra persona; y como consecuencia de ello, el individuo puede convertirse en peligroso, pudiendo adquirir un nivel patológico. En el caso específico del islam, la lujuria es rechazada y combatida totalmente, en especial cuando se trata de relaciones carnales fuera del matrimonio. Hay quienes sostienen que esta pasión de intensidad no se manifiesta exclusivamente como una lucha por el estímulo carnal, sino también por la continua persecución de estímulos vitales de toda clase; como son los grandes proyectos, las luchas encarnizadas para obtener bienes materiales, las reacciones desmedidas como manejar a altas velocidades, también poner música a alto volumen o lo que sea con tal de autoestimularse. Una de las distinciones del lujurioso es su eterno apetito por vivir a su manera. Podemos recordar al escritor italiano Dante Alighieri quien, en su obra La Divina Comedia , describe el paraíso, el purgatorio y el infierno. En este último se ubica a los pecadores en distintos círculos, siendo el número dos el círculo que pertenece a la lujuria. Asmodeo es el demonio responsable de pervertir a los seres humanos, de motivar su voluptuosidad y hacer que las almas sean condenadas al segundo círculo del infierno. El tema de la lujuria da motivos para mucha imaginación. Un destacado estudioso de la religión islámica sostiene que para combatir la lujuria, no hay nada mejor que cumplir con lo que Dios Todopoderoso nos ha ordenado, estando entre ello el contraer matrimonio, que es la base de la seguridad, la convivencia y la estabilidad; conformando una verdadera familia, siendo la familia el núcleo fundamental en toda sociedad. No existe una manera única de atenuar la lujuria, pero la gracia de Dios nos permite calmarla renunciando a algunos deseos mundanos, deseando siempre gozar de una vida feliz, sobria, justa y piadosa.

