El mejor amigo del perro
Estamos esperando que nos atienda el veterinario. Luca no está bien. Ya tiene 12 años y parece enfermo.
E stamos esperando que nos atienda el veterinario. Luca no está bien. Ya tiene 12 años y parece enfermo. Lo encontramos cuando era cachorrito; dormía debajo de un banco, en la plaza del barrio. Cuando nos acercamos, levantó despacio la cabeza y saludó con un bostezo. Enseguida volvió a apoyar la cabeza sobre las patas y se quedó mirando. Parecía decirnos que estaba esperando. No es un perro de raza, pero hasta mi tía –que sólo adora los gatos– dice que es inteligente. Pensamos en muchos nombres; al final elegimos Luca, por un rockero que le gusta a papá.Aprendió rápido todo lo que le enseñamos, aunque a su modo. Cuando le tiramos un palo, lo busca, pero nunca lo devuelve. Da la pata, pero cuando él quiere. Come de todo, pero elige. Ahora que pienso, somos muy parecidos. En estos años crecimos y aprendimos juntos.Los dos odiamos el hígado, las verduras y que nos corten las uñas.Luca me enseñó a pasear: caminando despacio, tranquilos y parando en cada árbol para saber si algún amigo anda cerca. Es la manera en que deberían pasearnos a los chicos.Yo creo que él puede hablar, pero es tan discreto que prefiere usar las orejas: la derecha arriba quiere decir "tranquilo, todo bien"; las dos arriba, "alerta, no estamos solos"; las dos abajo, "no moleste".Su mayor felicidad es cuando siente que llegamos a casa. Siempre nos espera de buen humor, porque no está distraído en la "compu" ni pendiente del celular. Apenas suena la puerta, nos regala una fiesta de ladridos y saltos. Eso es ser bien recibido en la propia casa.Mi abuela lo quiere, pero dice que "lame mucho". Un día lamió completa a Juli, mi hermana. Ella terminaba de comer su yogur y, justo cuando mamá se alejó, Luca comenzó a lamer los restos de la boca de Julia; siguió con los cachetes, las orejas y las manos.Mi hermana se reía como loca, pero mi abuela gritaba "¡se va a enfermar!". La familia entera enloqueció y salió a buscar un médico. Nadie se enfermó, pero mi abuela insiste en que su taquicardia empezó ese día.Cuando yo era más chico, le contaba historias, cosas íntimas. Luca escuchaba inmóvil. Si cerraba los ojos, era para concentrarse. Nunca me interrumpió. Desde que me animé a contarle esto a mis papás, están más atentos.Un médico nos dijo que, como en la familia somos todos alérgicos, evitemos los pelos de las mascotas. Eso no es un problema, porque Luca no es una mascota. Es Luca.Yo leí en un libro que "los perros no son humanos y deben vivir como perros". Luca jamás se enteró de eso. Desde el primer día, durmió en mi cama. Le habíamos preparado un canasto en la cocina, pero los vecinos protestaron tanto por los ladridos que mis papás aflojaron. Luca nunca volvió a llorar y el canasto sigue guardado. Los chicos y los perros nos entendemos bien. No nos gusta el encierro, estar solos y que nos reten sin razón. También sabemos reconocer a las personas que nos quieren y a las otras. Tenemos olfato.Terminó la consulta. El veterinario dice que Luca tiene cataratas. Por eso tropieza y parece perdido. No es grave, pero no lo pueden operar. Pasará los últimos años un poco ciego. Creo que no le va a molestar. Ahora, lo único que quiere es volver a casa. Yo estoy tranquilo; estoy seguro de que Luca seguirá viendo lo importante.Los chicos somos los mejores amigos de los perros, por más que los padres protesten por los pozos, las plantas rotas, las zapatillas mordidas y las manchas de pis. No puedo imaginarme la vida de un perro sin su mejor amigo.

