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El fin de la ingenuidad y el malestar sobrante

Cuando determinadas situaciones golpean a la sociedad, aquellas no pueden ser sólo responsabilidad de quienes son sus principales actores. Liliana Montero.

12 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Liliana Montero (Licenciada en Psicología; especialista en Psicología Clínica)
El fin de la ingenuidad y el malestar sobrante

Cuando determinadas situaciones golpean a la sociedad, aquellas no pueden ser sólo responsabilidad de quienes son sus principales actores. Es allí cuando se torna imprescindible que aquellos a quienes la universidad nos cobijó y nos transmitió un saber determinado seamos capaces de volcarlo al conjunto para producir reflexiones que aporten, que generen otras miradas, otros saberes, que abran cabezas, al tiempo que cierren verdades absolutas. En definitiva, los intelectuales tenemos la responsabilidad ética, a veces poco asumida, de intentar llenar el hueco de un acto que se vuelve incomprensible. Intentar comprender lo que está sucediendo con nuestros adolescentes, si bien no es la solución, es al menos el punto de partida que podemos aportar. La solución está en manos de quienes ejercen una posición de poder.Si la adolescencia es la etapa de la construcción de la identidad y si esa identidad se construye sobre la base de la desmentida, en tanto es la única posibilidad de diferenciarse y de crecer, está claro entonces que lo que nuestros adolescentes están expresando es esa cualidad indiscutible de la etapa de desarrollo por la que están atravesando. Qué desmienten. ¿Qué están desmintiendo nuestros adolescentes? ¿A qué modelo están desafiando? Es posible sostener que están desmintiendo un modelo que los quiere perpetuar en la ingenuidad. Quiero decir que la ingenuidad es un atributo valorable en la niñez, en tanto permite descubrir el mundo y en tanto sostiene existencias que el adulto crea para el niño, que nada sabe de ese mundo real. La enunciación de la existencia de Papá Noel, los Reyes Magos, los duendes, los ogros o el Ratón Pérez es parte necesaria en la construcción del psiquismo infantil y en esa construcción, la ingenuidad es atributo indiscutible. Ahora bien, llega un punto de la vida en que la ingenuidad deja de ser una virtud, pues no sólo supone la falta de juicio crítico para separar lo verdadero de lo falso, sino que implica desconocer aspectos de la realidad visible. Los adolescentes nos están diciendo que han llegado al fin de la etapa de la ingenuidad y eso significa que pueden distinguir lo verdadero de lo falso y que no están dispuestos a desconocer realidades visibles.En cuanto al fenómeno como construcción de conjunto, la rebelión estudiantil expresa el "malestar sobrante", concepto que la doctora Silvia Bleichmar, retomando a Herbert Marcuse y refiriéndose al malestar social, ha definido como aquel que está dado por la ausencia de un proyecto histórico, por el sometimiento a la idea de que esto va a ser así y para siempre y que lo único que podemos hacer es amoldarnos a las circunstancias. Bajo este concepto, si uno mira las dificultades materiales, la imposibilidad de garantizar la seguridad futura, el incremento del anonimato, la vulneración del derecho a educarse con dignidad, el "des-respeto" a la condición de ciudadano y cercenamiento de metas a las que sometemos a nuestros jóvenes, podríamos pensar que no alcanzan para definir, cada una en sí misma, este malestar sobrante. Porque el malestar sobrante está dado, dice Bleichmar, básicamente "por el hecho de que la profunda mutación histórica sufrida en los últimos años deja a cada sujeto despojado de un proyecto trascendente que posibilite, de algún modo, avizorar modos de disminución del malestar reinante. Porque lo que lleva a los hombres a soportar la cuota de malestar que cada época impone es la garantía futura de que algún día cesará ese malestar, y en razón de ello la felicidad será alcanzada".La rebelión estudiantil se impone como un grito que denuncia con crudeza ese malestar sobrante al que se sienten sometidos nuestros adolescentes, al tiempo que deviene en expectativa de que la acción realizada tenga efectos, represente algo para quienes tienen la responsabilidad de garantizar los derechos que ellos como ciudadanos tienen.