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El besamanos

Scioli estuvo en Córdoba para intentar seducir a un electorado que se muestra esquivo ante el FPV. Su objetivo es cautivar a delasotistas y radicales a quienes no les cae bien Macri. Si sus cálculos se concretan, podría quedar a las puertas de una victoria en primera vuelta.

27 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
El besamanos
(Ilustración de Juan Delfini)

El hotel en el que se hospedó Daniel Scioli el viernes pasado se pareció más al lugar de alojamiento de un equipo de fútbol o una estrella de rock antes que el búnker temporario de un dirigente político. Eso pinta la realidad del peronismo, partidos y referentes satélite. El desfile fue numeroso durante todo el día, entre hombres y mujeres de la política, empresarios, consultores y oportunistas de todos los "ismos" posibles.El besamanos fue variopinto e incluyó desde Olga Riutort a Tomás Méndez. Sobre el último, un kirchnerista en retirada mencionó con sarcasmo: "Esperemos que este pibe no nos haga una cámara oculta".En el medio, hubo de todo: ultrakirchneristas, exmenemistas y hasta delasotistas ávidos por encontrar algún lugar cálido cercano al poder.Entre los que se fueron a sacar la foto y a dejar alguna tarjeta, Scioli se reunió con economistas y también con un grupo de empresarios importantes, como Ercole Felippa, Luis Pagani y Horacio Parga, entre otros. "Vinimos a escuchar", comentó escuetamente uno de los hombres de negocios que asistió a ese encuentro sin dar demasiados detalles de la reunión.Lo concreto de todo esto es que ya se puede ver claramente la estrategia del gobernador bonaerense para el país, con el consiguiente capítulo cordobés. "Queremos cerrar la grieta", graficó un vocero del sector.Ese "cerrar la grieta" no es otra cosa que tratar de desarticular al kirchnerismo y especialmente a La Cámpora, usando al Partido Justicialista como herramienta. Y esa búsqueda incluye a peronistas de todos los sectores. Y a dirigentes de otros partidos. El viernes, los sciolistas jugaron fuerte. A tal punto llegó la situación que un allegado al gobernador llamó al intendente de Córdoba, Ramón Mestre, para invitarlo a una actividad en el Liceo Militar General Paz. Para no tensionar la relación con el PRO, Mestre agradeció el convite pero evitó estar en ese palco. Si iba, esa foto daría vueltas por el país en cuestión de minutos. El amigo En Córdoba, la alianza no escrita de Scioli es con el gobernador electo Juan Schiaretti. Scioli tratará de sumar a todo el peronismo, salvo a José Manuel de la Sota, a quien literalmente le hizo la cruz y lo puso en la lista de sus enemigos. Fue cuando el actual gobernador acusó a su colega bonaerense de no mostrar sus declaraciones juradas de bienes. A partir de ese momento, el candidato presidencial del Frente para la Victoria acusó en privado al cordobés de no tener códigos. Y le cerró la puerta.Es por eso que De la Sota se arrimó en los últimos días a Mauricio Macri, en especial para hablar de eventuales alianzas en una hipotética segunda vuelta.En diálogo con este diario, Scioli insistió siempre con su buena relación con Schiaretti, quien en estos días está de viaje por China, adonde fue a tratar de cerrar acuerdos de financiación por los gasoductos.Antes de que asuma, Schiaretti tiene pensado hacer otros viajes al exterior: uno para ver cuestiones vinculadas a áreas sociales y otro para analizar políticas de seguridad, dos temas que desvelan al gobernador electo.La promesa de Scioli es decirle que sí a todo lo que pida Schiaretti, en tanto y en cuanto no exceda los límites de la razonabilidad. Lo que no está claro es de dónde saldrá el dinero, porque no se trata únicamente de financiamiento externo."El agua potable y los gasoductos para Córdoba son cuestiones a las que nuestra gestión les dará máxima prioridad", prometen hombres que acompañan a sol y sombra al candidato del Frente para la Victoria.En voz baja, los schiarettistas reconocen que la transición en Córdoba ya empezó y esta agenda en el exterior de Schiaretti lo marca, aunque a De la Sota no le guste ni un poquito hablar del tema. El reloj es inflexible y cada vez le falta menos para ser el "ex".Scioli sacó 14,5 por ciento de los votos en Córdoba, lo cual es un porcentaje más que raquítico para alguien que quiere ser presidente. Quiere trepar cautivando a votantes delasotistas y radicales disgustados con Macri. En la otra vereda El macrismo no duerme ni nada que se le parezca. Es la otra cara de la misma moneda en cuanto a intereses y objetivos. En la alianza Cambiemos, intentan reducir la diferencia y apuestan, en Córdoba, igual que los sciolistas: quieren ganar votos delasotistas, ya que intuyen que no todos los justicialistas cordobeses elegirán a Sergio Massa, el candidato presidencial de UNA que se ganó ese derecho derrotando al gobernador de Córdoba en las Paso.Massa pasó ayer por Córdoba para presentar su política de gobierno, en lo que puede interpretarse como un intento de hacer pie y empezar a sumar. Volverá el miércoles para un acto más popular y con toda la militancia.Mientras tanto, los hombres del PRO y del radicalismo caminan el interior provincial con el propósito de sumar votantes peronistas desencantados. Y seducir a intendentes dubitativos. Esa será la pulseada de ahora en más, cuando estamos en los albores de la definición.Scioli quiere llegar al 40 por ciento y que no se caiga Massa, y Macri busca polarizar porque sabe que de esa forma el camino a la segunda vuelta se facilita.Las estrategias son parecidas. Sacando la del viernes, Scioli volverá dos veces a Córdoba antes del 25 de octubre. Macri, tres, y estudia hacer un cierre nacional desde la capital provincial.Su meta pasa por hacer buena diferencia en Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y ahora suma Tucumán, convencido de que el escándalo electoral le arrimará algún poroto.Mientras tanto, no quieren ni oír hablar de Fernando Niembro, porque todos lo que trabajan para ganar puntos pueden perderlos en una sola mano. Tanto en el sciolismo como en una parte del radicalismo aliado a Macri piensan que De la Sota es el pasado, lo cual puede convertirse en un error conceptual grueso, tratándose de un viejo zorro de la política. De todos modos, el todavía gobernador se metió en un laberinto bastante complejo de sortear.Scioli quiere crecer 10 puntos en Córdoba, donde sacó 14,5 por ciento en las Paso. La cifra no es antojadiza, ya que el cinco por ciento de los votos de la provincia de Córdoba equivalen a uno por ciento a nivel nacional.Si llega a 25 por ciento en nuestra provincia, trepará dos puntos en el país y quedará a las puertas de una victoria en primera vuelta, ya que las encuestas le están dando unos 38 puntos. Pero una cosa es querer y otra bastante diferente es poder.