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Una vocación por el fracaso

La anunciada creación de una Empresa Nacional de Alimentos para controlar la inflación es un nuevo ejemplo de que el Gobierno trata de solucionar un problema con otro problema.

19 de febrero de 2022 a las 12:01 a. m.
Una vocación por el fracaso
Rafael Klejzer. (Vía País)

Cuando ya nadie puede alegar sorpresa o incredulidad ante la generosa imaginación latinoamericana que ha enriquecido a numerosos novelistas, y que entre otras iniciativas desopilantes ha llevado al gobierno de Nicolás Maduro a crear un Ministerio de la Felicidad en Venezuela, el Gobierno argentino parece a decidido a doblar la apuesta. Algo que ya no sorprende a ningún ciudadano nacido o crecido en estas tierras.

Lo cierto es que de manera preventiva habrá que ir aprendiendo la nueva sigla, ENA, correspondiente a la Empresa Nacional de Alimentos. Según anunció Rafael Klejzer, director Nacional de Políticas Integradoras del Ministerio de Desarrollo Social, y confirmó la portavoz presidencial Gabriela Cerruti, la ENA podría debutar pronto con la misión expresa de “controlar los aumentos de precios y ayudar a los pequeños y medianos productores”, pero a la luz de los resultados del programa Precios Cuidados y de otras iniciativas similares es probable que se sume al interminable listado de organismos que no funcionan en el país. De hecho, en 2015 Maduro lanzó una iniciativa similar en su país, y todos sabemos que Venezuela sigue siendo el país con mayor inflación en el mundo.

La nueva criatura es impulsada por algunos referentes de organizaciones sociales asociadas a la actual administración nacional, con el objetivo declarado de intervenir en la cadena de precios del sector alimentario a efectos de contrapesar el mercado. El objetivo no declarado pero implícito es crear una nueva burocracia en un Estado donde abundan las dependencias y los empleados.

Tal como otros organismos de intervención nacidos y fenecidos en la Argentina en las últimas décadas (tras haber fracasado de manera estrepitosa), es un nuevo ejemplo del conocido sistema de solucionar un problema creando un problema nuevo. Y una innecesaria demostración de la habitual torpeza sistemática de quienes encontraron en el error reiterado una forma de gestión.

Como siempre, no se entiende o no se quiere entender que se trata de la inflación, creada por los mismos que deberían solucionarla, y del no cumplimiento de las leyes de defensa de la competencia y de las referidas a posición dominante y cartelización de la oferta. Pero el razonamiento oficial parece ser: ¿cómo desperdiciar la ocasión de crear otro monstruo consumidor de presupuestos?

Claro que hay más iniciativas alarmantes: puede que antes de la ENA surja un nuevo ministerio que otras organizaciones sociales vienen proponiendo y que se llamaría “Ministerio de la Pobreza”. Sí, la gestión ministerial de esa pobreza que las mismas políticas ineficaces de 70 años siguen incrementando, casi como el reconocimiento tácito de que todo lo que se hace al respecto no sólo no reduce el problema, sino que lo agranda e institucionaliza.

Solía repetir el presidente de los Estados Unidos Harry Truman: “Si no puedes convencerlos, confúndelos”. En eso se encuentra la actual gestión nacional, haciendo lo que sea para no reconocer que por motivos ideológicos, por una interpretación errónea de los fenómenos económicos y sociales, por cálculos electoralistas o por simple empecinamiento, sus políticas para contener la inflación siguen fracasando. La creación de una Empresa Nacional de Alimentos parece destinada a repetir y a amplificar esos fracasos.