Prevención y control para evitar más ahogados
La imprudencia y la falta de información provocan muertes evitables. Por eso, es necesario que los turistas sean precavidos y que las autoridades prevengan con información y con control en ríos y en arroyos.
Como cada verano, los parajes de las sierras de Córdoba son desbordados por turistas de distintos puntos del país y de nuestra provincia que eligen disfrutar de la distensión vacacional en esos lugares pintorescos y apacibles.
Sin embargo, dejar de lado por unos días las actividades y los problemas habituales para disfrutar a pleno del esparcimiento al aire libre puede tener consecuencias fatales si no se actúa con prudencia en actividades que pueden presentar riesgos potenciales. Por caso, los ríos, los lagos y hasta los arroyos, en apariencia seguros para zambullirse.
Según los reportes conocidos hasta el pasado miércoles, ya son seis las personas ahogadas en los cursos de agua de las sierras de Córdoba. Tragedias que ocurren muchas veces por un arrojo imprudente de algún bañista o por el simple desconocimiento de las características del río. Es decir, su profundidad y su curso eventualmente pedregoso, lo cual es factible de golpes fatales.
De igual modo, es aconsejable tener cuidados extremos en días de lluvias copiosas. Las crecidas de los ríos serranos suelen ser inmediatas y hasta los mansos arroyos se convierten en furiosos torrentes.
La clave para evitar tragedias acuáticas radica en prestar atención a las indicaciones de los bañeros, de la Policía, de los bomberos y de los propios lugareños, que conocen los focos de peligro.
No hay edad para tomar la prudencia del caso, aunque los adolescentes encabezan los indicadores históricos al repasar la ocurrencia de estos episodios fatales que se repiten cada verano.
Días atrás dimos cuenta de un joven de 24 años que murió ahogado en la cascada Las Ollas, de la localidad de Cabalango, cerca de Tanti.
La Policía constató que el muchacho se había arrojado al cauce del río y, por circunstancias aún desconocidas, no emergió a la superficie. Se trata de un presunto exceso de confianza que resultó mortal.
Los gobiernos de las localidades y paradores más visitados deben también aportar a la seguridad colectiva poniendo todo su empeño y los recursos necesarios en bien de evitar este tipo de episodios.
El aluvión turístico debe ser acompañado de una rigurosa vigilancia en los cursos de agua, y también en las rutas de mayor circulación vehicular, de modo de revertir los elevados índices de siniestros viales. Conducirse con prudencia en todos los ámbitos contribuirá a que las merecidas vacaciones no se conviertan en una pesadilla.
Se dice con acierto que los ríos, los lagos y los arroyos son “traicioneros”, lo que induce a pedir información antes de lanzarse a aventuras de final incierto.
Un fenómeno que alcanza a los cursos de agua de las grandes urbes. El río Suquía, contaminado hasta lo impensado en su vasto recorrido, también ha resultado una trampa mortal para jóvenes y niños que murieron ahogados durante los últimos años.
No hay recetas mágicas. Precaución frente a lo desconocido y respeto a las advertencias de los organismos de control en materia hídrica. Por ahora, la crónica habla de un verano fatal por los ahogados.

