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No es suficiente

¿Habrá sonado, finalmente, la hora del País Vasco con el anuncio de ETA?

13 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
No es suficiente

Después de 10 anuncios de cese del fuego, seguidos por aberrantes asesinatos y demenciales actos de terrorismo, los jerarcas de ETA no podían pretender que España recibiera con alborozo y gratitud su 11° anuncio en ese sentido. El cinismo y la hipocresía del pasado obligan a la prudencia e intensifican las exigencias de un desarme definitivo. Han quedado anclados en el ayer los mesiánicos armados, autoproclamados libertadores de su pueblo y tan prisioneros del pasado que, con irrealismo que limita con la paranoia, se pretenden erigir ahora en una especie de garantes de un proceso de pacificación que ellos han destruido una y otra vez, con crueldades alucinantes.Tal vez la mejor respuesta a esa crepuscular exhibición de enferma arrogancia la haya dado Iñigo Urkullu, titular del Partido Nacionalista Vasco (PNV), quien afirmó que "la sociedad vasca no debe nada a ETA, mientras que la banda debe a este pueblo la paz". Esa deuda incluye lo que ETA ha callado siempre en sus anuncios: final de las labores de información sobre posibles objetivos, tareas de aprovisionamiento, cartas de extorsión, amenazas, violencia callejera.El cese de los asesinatos no resuelve nada si no va acompañado por el desarme, supervisado por la comunidad internacional, en especial por el Parlamento Europeo, como se ha pedido. ETA, que se proclama marxista-leninista (lo que demuestra una lectura torpe del marxismo-leninismo, porque Vladimir Lenin fue enemigo del terrorismo), desde 1968 mató a 547 personas en el País Vasco, 121 en Madrid y 55 en Cataluña. Es verdad que lo utilizó para acosar al franquismo en su ocaso, pero no lo es menos que lo transformó en la mayor y más pérfida de las amenazas contra la endeble democracia que los españoles comenzaban a construir tras la desaparición de la dictadura y la extinción de su movimiento reaccionario. Esa democratización tuvo a su peor enemigo en estos sicarios que ahora intentan erigirse en garantes de la paz.La paz en España se alcanzará cuando ETA entierre su cruenta hacha de guerra y el áspid enrollado en su mango. Patxi López, lehendakari (presidente del País Vasco), fue enérgicamente claro: "Queremos mucho más: que ETA desaparezca, que se vaya y, mientras tanto, se mantendrá la firmeza en la lucha contra el terrorismo con las herramientas del Estado de derecho".¿Habrá sonado, finalmente, la hora del País Vasco? ¿O se trata sólo de una estrategia del brazo político del terrorismo para evitar una caída mayor en las elecciones del próximo año?¿Habrá sonado, también, la hora de la reflexión para quienes, desde la Argentina, apoyaron la inexplicable violencia y muerte de ETA? Por momentos, ciertos sectores de nuestro país parecen olvidar las nefastas y trágicas experiencias de la lucha armada a ambos lados del océano Atlántico.