Periodismo. Libertad de prensa: un retroceso que enciende alarmas en América
El Índice Chapultepec 2025 confirma un deterioro regional en la libertad de expresión y de prensa. Argentina figura entre los países “en restricción”. Es imperioso cesar el contexto de ataques y estigmatizaciones contra el periodismo.
La más reciente edición del Índice Chapultepec de Libertades de Expresión y de Prensa vuelve a encender señales de alerta en el continente.
El informe elaborado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) examina la situación del periodismo en 23 países de América entre noviembre de 2024 y el mismo mes de 2025, y su conclusión es preocupante: las condiciones para el ejercicio del periodismo atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos años.
El promedio regional apenas alcanza los 47 puntos sobre 100, el nivel más bajo desde que se realiza esta medición.
El informe describe un deterioro marcado por agresiones, violencia, hostigamiento político, presiones económicas y marcos legales que limitan el trabajo de los medios.
En ese escenario, sólo un país aparece en la categoría de plena libertad de expresión: República Dominicana. En el grupo de naciones con baja restricción se ubican, entre otros, Chile, Canadá, Brasil y Uruguay.
Sin embargo, el mapa regional exhibe un crecimiento de los países donde la libertad de prensa enfrenta limitaciones. Nicaragua y Venezuela ocupan los últimos lugares y son considerados como naciones sin libertad de expresión. Entremedio aparecen países con altos niveles de restricción, donde se registran persecuciones judiciales, violencia contra periodistas y presiones políticas destinadas a silenciar voces críticas.
Argentina se ubica en la categoría “en restricción”, con poco más de 53 puntos. El informe señala un incremento de ataques digitales, episodios de estigmatización contra periodistas y también agresiones físicas.
A esto se suma una evaluación crítica sobre la actuación estatal en la lucha contra la desinformación y en la prevención de la violencia y la impunidad contra los medios.
No es un escenario comparable con los regímenes abiertamente autoritarios del continente. Sin embargo, el deterioro que describe el índice es un dato que merece atención. La degradación del clima para el periodismo suele comenzar con discursos hostiles y con intentos de deslegitimar la tarea de los medios. Luego aparecen presiones políticas, restricciones al acceso a la información y episodios de violencia.
Las redes sociales amplifican campañas de hostigamiento, y las presiones económicas también afectan la independencia editorial de muchos medios.
Ese escenario genera un círculo peligroso. Cuando la prensa pierde libertad, también pierde fuerza la capacidad de la sociedad para controlar al poder. La información se vuelve más frágil y el debate público se deteriora.
Las autoridades tienen que garantizar condiciones seguras y respetuosas para el trabajo periodístico, abandonar discursos que estigmaticen a la prensa, investigar las agresiones contra periodistas y asegurar el acceso a la información pública.
Los gobiernos deben entender que la democracia se fortalece con más libertad. Y tienen que actuar en consecuencia. Cuando están en juego las libertades de prensa y de expresión, se afecta la calidad misma del sistema democrático.
El respeto por el trabajo periodístico no puede quedar librado a coyunturas políticas ni a disputas ideológicas: es un compromiso básico de cualquier sociedad que aspire a sostener instituciones libres.

