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Economías al borde del incendio

Mientras el dólar estadounidense padece los peores efectos de la subvaluación del yuan, la fortaleza del euro sigue debilitándose y el Consejo Europeo convoca a la unidad para apagar el incendio.

24 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Economías al borde del incendio

La resistencia de Irlanda a recibir la ayuda de 100 mil millones de euros ofrecida por el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) refleja, con tintes dramáticos, el panorama que presenta el espacio económico europeo, donde varios de sus países miembro enfrentan serios problemas de sobreendeudamiento público y privado. El gobierno de Dublín terminó por aceptar el generoso presente griego, porque supondrá no sólo un mayor peso sobre su balanza de pagos, sino también la exigencia de una firme austeridad en el gasto público, algo que por lo general es entendido por las tecnoburocracias como fuertes ajustes, cuyo peso recaería, como siempre, sobre los sectores de ingresos fijos. Problemas similares enfrentan ahora Grecia, que, al revés de Irlanda, reclamó de manera airada urgente ayuda económica para superar sus propias crisis de inflación y endeudamiento –tres veces superior a la media establecida por la Unión Europea (UE) en los tratados de Maastricht–, Portugal, España e Italia, que siguen postergando un abordaje integral de sus desequilibrios macroeconómicos. Mientras sus gobiernos vacilan, casi siempre por razones electoralistas, los especuladores realizan maniobras en gran escala contra sus títulos y bonos de deuda, oscureciendo aún más las perspectivas inmediatas. El único país de la eurozona que presenta gran solidez es, naturalmente, Alemania, que aplica rígidos controles sobre la inflación y potencia su sector externo; evita así importar inflación de sus consocios de la zona del euro, porque en los superávits de sus balanzas comercial y de pagos decae la participación del euro. Francia, a su vez, se encamina hacia una fase de turbulencias porque Nicolas Sarkozy no cumplió con las reformas prometidas. Para la mayoría de los analistas económicos –sobre todo para los de Gran Bretaña, que no pertenece a la eurozona–, la divisa comunitaria se debilita cada vez más frente a los embates especulativos, como el que en 1992 lanzó el multimillonario George Soros contra el Banco de Inglaterra y obtuvo ganancias netas por más de 1.100 millones de dólares. Esa fragilidad fortalece, por contrapartida, a los euroescépticos, que anidan por doquier y proliferaron luego de la crisis financiera internacional. Por contraste, los eurófilos procuran calmar las aguas, al recordar que los países en dificultades tienen economías de un peso importante.A tal punto se expanden las dudas que Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo –organismo integrado por los jefes de Estado y primeros ministros de los países miembro, que determina la dirección política y económica–, advirtió que "la unión monetaria enfrenta una crisis de supervivencia que amenaza hasta los fundamentos de la Unión Europea" y los convocó a trabajar unidos "para apagar el incendio".